Los centros de datos (CPDs) se han convertido en una de las grandes oportunidades industriales de la próxima década y su expansión podría desempeñar un papel clave en la reducción de los desequilibrios territoriales en España. Así lo constata el informe de Arcano Research "España como hub europeo de computación", que se presenta este miércoles y al que ha tenido acceso DEMÓCRATA.
Aunque Madrid y Cataluña continúan liderando el sector, el auge de estas infraestructuras abre una ventana para que otras comunidades aprovechen sus ventajas competitivas, como la disponibilidad de suelo, la capacidad energética o los recursos renovables, y atraigan inversiones capaces de generar actividad económica y nuevos ecosistemas tecnológicos. Territorios como Extremadura, la Comunidad Valenciana, el País Vasco y Cantabria presentan, según este informe, condiciones más que óptimas para erigirse como territorios punteros en el sector.
A nivel regional, el desarrollo de CPDs abre la puerta a la reutilización del suelo industrial degradado, a nuevos ingresos fiscales locales y a la creación de ecosistemas de proveedores tecnológicos. No obstante, también implica el refuerzo de redes eléctricas y fibras.
Una cuestión de competencias
Otro de los debates dentro del sector vinculado a la cuestión autonómica está ligado al marco normativo. La pregunta que se plantea es si dejar competir a las CCAA entre sí, o apostar por homogeneizar las condiciones de manera que los territorios puedan disputarse las inversiones en igualdad de condiciones.
Sin embargo, la vía centralista choca con una realidad ineludible: la Constitución. Por ejemplo, una cuestión clave para los CPDs, como el suelo, es una competencia compartida. En consecuencia, un proceso de estandarización podría invadir competencias exclusivas y que los territorios calificasen la actitud del Gobierno como inconstitucional.
Precisamente, la falta de suelo libre es una de las razones que dificulta el despegue de Madrid en este sector, a pesar de su favorable coyuntura fiscal. En contra, comunidades como Castilla y León o Castilla-La Mancha sí cuentan con grandes espacios donde ubicarlos, pero no están en condiciones de entrar en una competición de bajada de impuestos.
Tampoco bastaría con dar la batalla fiscal para atraer estas inversiones a los territorios más despoblados. Se calcula que de aquí a 2035 estas instalaciones generan cerca de 100.000 puestos de empleo directo, un volumen de población que lleva implícita una infraestructura de servicios (como colegios u hospitales) de la que carecen muchas de estas provincias.
Aragón despunta
Aunque España se ha posicionado como uno de los países más atractivos para albergar CPDs, por reunir una serie de condiciones únicas, también persisten una serie de riesgos que no se pueden pasar por alto, como la energía requerida, el estrés hídrico o el coste medioambiental que suponen.
Precisamente, la limitación de capacidad de la red actual frente a la potencia demandada es uno de los riesgos advertidos por Arcano Research. En este sentido, el modelo de autoconsumo que ha fomentado Aragón emerge como una posible solución para paliar este déficit a su juicio.
En este contexto, el autoconsumo significa que el centro de datos genera una parte de la electricidad que necesita mediante instalaciones renovables vinculadas al propio proyecto, en lugar de depender exclusivamente de la red eléctrica.
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