El precio de los insumos agrarios sube, (como ocurre con el gasóleo y los fertilizantes); la meteorología, debido al cambio climático, no es la adecuada para los cultivos, y la producción agraria se ve afectada. Ambas circunstancias, tarde o temprano, se reflejarán, en el bolsillo del consumidor, que es el último eslabón de la cadena agroalimentaria.
Los agricultores europeos y españoles han comenzado el curso como lo terminaron en julio: quejándose del coste de los insumos, uno de los motivos que les lleva a perder rentabilidad en sus negocios.
La entidad que representa a las organizaciones agrarias y cooperativas agroalimentarias europeas, el COPA-Cogeca, ayer se mostró decepcionada con el Parlamento Europeo, ya que sus diputados, en sesión plenaria, rechazaron revisar el Mecanismo de Ajuste en Frontera del Carbono, el CBAM, una medida que impome un arancel verde a los abonos procedentes de terceros países (la mayoría), y que de haberse suspendido, hubiera relajado el mercado de dichos productos.
“Habría sido perfectamente posible mantener los objetivos de apoyar la descarbonización y la competitividad de la industria europea de fertilizantes, al tiempo que se introducía una salvaguardia específica y temporal para los agricultores en situaciones de crisis. Un enfoque de este tipo habría reforzado la resiliencia de toda la cadena agroalimentaria sin menoscabar los objetivos a largo plazo del CBAM”, señala el comunicado del COPA-Cogeca.
El continuo incremento del precio de los fertilizantes es una preocupación del campo comunitario desde hace más de un año, situación que se ha visto agravada en 2026 por las tensiones geopolíticas y el cierre del Estrecho de Ormuz. Según el COPA-Cogeca “las consecuencias no se quedarán en las explotaciones agrícolas: el aumento de los costes de producción se trasladará a los precios de los alimentos y a los consumidores”.
El coste del gasóleo
Los agricultores españoles también han puesto el grito en el cielo por el incremento del precio del gasóleo agrícola, que según datos facilitados por la organización agraria COAG, el coste en septiembre es un 45% superior al de la semana del 23 de febrero, justo antes del conflicto en Oriente Medio. "Llenar un depósito de tractor de 300 litros cuesta hoy 421,50 euros, frente a los 289,50 euros del 23 de febrero. Es decir, 132 euros más por depósito, un incremento del 45,6%", explican desde esta organización agraria.
Dichas reclamaciones se producen semanas antes de que finalice el plan de ayudas fiscales que en los últimos meses ha abaratado el coste de los carburantes, tanto del gasóleo, la gasolina como el gasóleo agrícola.
Pérdida de rentabilidad agraria
El aumento del precio de los insumos junto a la caída del precio de las materias primas ponen en una difícil situación a la rentabilidad de las explotaciones agrarias.
Así lo explica un informe de la Oficina de Estadística de la Unión Europea, Eurostat, donde se confirma que el precio medio de los insumos agrícolas no relacionados con la inversión aumentó un 4,7% en el segundo trimestre de 2026, la energía un 22% y los fertilizantes un 13%, mientras que el precio medio de la producción agrícola se redujo, al menos en 20 países de la Unión Europea, siendo la leche y los cereales dos de los sectores con mayores descensos.
Aumento del precio de los alimentos
Como adelantaban las organizaciones agrarias, las consecuencias de esta compleja situación afectará al precio de los alimentos y al consumidor. De hecho, según un análisis elaborado por Crédito y Caución, "los precios mundiales de los alimentos podrían aumentar un 11,6 % en 2026 y un 4,8 % en 2027 debido a los efectos del conflicto del Golfo, la escalada del conflicto en Ucrania, la sequía que afecta a Estados Unidos y Europa occidental y el fenómeno de El Niño".
En el caso de Europa, dicho informe afirma que "la producción alimentaria consume mucha energía, sobre todo en los procesos de refrigeración, calefacción y procesamiento. Esto agrava los retos ya existentes, como los elevados costes laborales y las cargas normativas. Además, la limitada capacidad para fijar precios dificulta repercutir el aumento de los costes, especialmente en un entorno minorista altamente competitivo y dominado por grandes operadores. Como resultado, los márgenes, ya de por sí reducidos, se ven aún más comprimidos".
Esta reducción de los márgenes pondrá en peligro, principalmente a empresas pequeñas y poco diversificadas, especialmente en los sectores cárnico y lácteo, donde la dependencia de energía, transporte o piensos son un gasto imprescindible y considerable.