El sector agrario en España acumuló entre 2010 y 2023 un total de 1.620 fallecimientos por accidentes laborales, lo que supone una media de 116 muertes al año, es decir, una víctima mortal cada tres días. La mayoría de estos siniestros están vinculados al uso de maquinaria agrícola y, en particular, al vuelco de tractores, de acuerdo con un informe elaborado por Fundación Mapfre en colaboración con la Universidad Pública de Navarra y la Universidad de Zaragoza.
En Castilla y León, durante ese mismo periodo se registraron 147 fallecidos en accidentes en los que intervino maquinaria agrícola, una cifra que equivale al 10,4 por ciento del total nacional y que se traduce en una media de 11 muertes anuales.
Por distribución provincial, Burgos encabeza la lista con 31 víctimas mortales, seguida por León, con 26; Salamanca, con 20; y Valladolid, con 16. Tras ellas se sitúan Zamora, con 13 fallecidos; Ávila, con 12; Palencia y Soria, con 10 cada una; y Segovia, con 9.
La investigación, titulada “Siniestralidad agrícola e incendios en cosechadoras y empacadoras”, concluye que la maquinaria agrícola estuvo presente en el 86,9% de los accidentes mortales, con un total de 1.407 víctimas. Dentro de este grupo, el tractor se confirma como el vehículo más peligroso, al aparecer en 1.141 siniestros fatales, lo que supone el 81,1% de los casos con maquinaria implicada.
El estudio señala que los otros 213 fallecimientos sin intervención de maquinaria se vinculan principalmente a la caída de objetos (34%), a episodios de temperaturas extremas (20%) y a caídas de personas (13%).
El director de Seguridad Vial, Salud y Prevención de Fundación Mapfre, Antonio Guzmán, recuerda que esta actividad está “especialmente expuesta a riesgos asociados al uso de maquinaria y a la intensidad de las tareas agrícolas”.
Cuando hay maquinaria de por medio, el vuelco se confirma como el tipo de siniestro mortal predominante, con un 57% del total. De estos accidentes, el 94,1% se producen con tractores.
Les siguen en frecuencia los accidentes de circulación (10%), los atropellos y autoatropellos (9%), los aplastamientos sin que se produzca vuelco (7%) y los atrapamientos con elementos móviles (5%).
Desde el punto de vista territorial, Galicia aparece como la comunidad autónoma con mayor concentración de víctimas mortales en accidentes con maquinaria, al reunir el 19,8% del total nacional: 278 de las 1.407 muertes analizadas. Dentro de esta región, las provincias de A Coruña (92 casos), Lugo (73), Pontevedra (72) y Asturias (58) encabezan las cifras en la cornisa noroccidental.
El informe también identifica como zonas críticas el litoral mediterráneo, con Murcia y Valencia (69 fallecidos cada una) y Alicante (51), así como el valle del Ebro, donde destacan Zaragoza (45), Lleida (40), Navarra (40) y Tarragona (37) por el número de muertes en siniestros agrícolas.
Perfil de las víctimas y factores de riesgo
En cuanto al perfil predominante de las personas fallecidas en accidentes con maquinaria, el 94% son hombres, con una edad media de 59,8 años y una concentración especialmente alta entre los mayores de 65 años. El informe llama la atención, además, sobre la muerte de 27 menores durante el periodo analizado.
La catedrática de Ingeniería Agroforestal de la Universidad Pública de Navarra, Carmen Jarén, incide en que los accidentes “rara vez se deben a una única causa” y suelen ser consecuencia de la interacción entre el terreno, la máquina y el operador. Por ello, considera que reducir la mortalidad exige “combinar el uso de tecnología segura, la renovación del parque de maquinaria, la formación preventiva” y un mayor compromiso por parte de las instituciones.
En lo relativo al lugar donde se producen los siniestros con maquinaria, las parcelas concentran el 39% de los casos mortales, seguidas por los caminos (20%) y las carreteras (16%). Entre los factores de riesgo más habituales figuran los desniveles (22%), las salidas de vía (20%) y las imprudencias (16%).
Incendios en cosechadoras y empacadoras
El informe dedica también un apartado específico a los incendios relacionados con cosechadoras y empacadoras. Entre 2016 y 2021 se registró un promedio anual de 92 incendios en cosechadoras y 17 incendios forestales provocados por estas máquinas. Casi la mitad de estos sucesos (48,5%) se concentran en las horas de mayor calor, de modo que la prevención se orienta al diseño, mantenimiento y limpieza de los equipos, así como a la incorporación de sistemas de detección y extinción.
El catedrático del área de Ingeniería Agroforestal en la Escuela Politécnica Superior de Huesca (Universidad de Zaragoza), Francisco Javier García, advierte de que el uso de este tipo de maquinaria en periodos de altas temperaturas y baja humedad “plantea un riesgo real de originar incendios con graves repercusiones”. No obstante, subraya que actualmente existen tecnologías y protocolos de mantenimiento preventivo que “minimizan eficazmente este riesgo”.
Para hacer frente a estos incendios, el documento plantea una estrategia en cuatro frentes: el diseño de la maquinaria por parte del fabricante, el uso y mantenimiento a cargo del usuario, la implantación de sistemas de monitorización que detecten incrementos de temperatura y apoyen la toma de decisiones, y la instalación de sistemas de autoextinción capaces de detectar y sofocar el fuego de forma automática en las zonas de mayor riesgo.
El marco normativo vigente obliga a equipar la maquinaria agrícola con extintores, pese a que las referencias específicas al riesgo de incendio son limitadas. Aun así, el Reglamento europeo 2023/1230 y las normas UNE-EN ISO ya establecen criterios de prevención en el diseño dirigidos a los fabricantes, mientras que las comunidades autónomas fijan a nivel regional los medios de extinción que deben llevar cosechadoras y empacadoras en función del índice de riesgo.
En este contexto, Antonio Guzmán reclama avanzar hacia una “cultura preventiva más sólida” ahora que se conoce mejor cómo se originan estos incendios. “Cuando hablamos de seguridad en el campo, no hablamos solo de procedimientos: estamos hablando de proteger a personas que, con su trabajo diario, sostienen una actividad esencial para toda la sociedad”, concluye.