Andalucía eleva un 30% la superficie de girasol y afianza el cultivo como opción clave para los agricultores

El girasol gana peso en Andalucía con un aumento del 30% de superficie y se consolida como cultivo estratégico ante la fuerte demanda y la nueva PAC.

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Asaja-Sevilla ha señalado que el girasol ha cobrado este año un papel destacado en Andalucía, con 240.862 hectáreas sembradas, lo que supone el 29% de la superficie nacional (820.000 ha). De ellas, 132.355 hectáreas se ubican en la provincia de Sevilla, que concentra el 55% del total andaluz y ha registrado un aumento del 28% frente a la campaña anterior (95.310 ha).

Según ha explicado Asaja-Sevilla en una nota emitida tras la jornada “El cultivo del girasol a debate: análisis de la situación actual y de mercado”, organizada junto a la Lonja de Cereales y Oleaginosas de Sevilla, este crecimiento cercano al 30% en la comunidad confirma la consolidación del girasol como “una de las alternativas más interesantes para el agricultor”.

El encuentro ha congregado a más de un centenar de productores y a representantes de la investigación, la comercialización y la industria, con la finalidad de examinar el desarrollo de la campaña, el comportamiento del mercado y las perspectivas de este cultivo considerado estratégico.

La jornada, celebrada con el apoyo de la Cámara de Comercio de Sevilla, Syngenta y la Fundación Caja Rural del Sur, ha sido inaugurada por la presidenta del Instituto Andaluz de Investigación y Formación Agraria, Pesquera, Alimentaria y de la Producción Ecológica (IFAPA), Marta Bosquet, el presidente de la Lonja de Cereales y Oleaginosas de Sevilla, Pablo González del Corral, y la presidenta de Asaja-Sevilla, María Morales.

Junto a su competitividad económica, se ha puesto de relieve su “excelente adaptación” a los requisitos de la nueva PAC, orientada a impulsar la diversificación y la rotación de cultivos, así como su potencial para generar valor añadido y actividad económica en el medio rural.

Impulso del girasol alto oleico y atractivo para el agricultor

Dentro de esta evolución, Asaja ha subrayado el auge del girasol alto oleico. En Andalucía se calcula que esta tipología supondrá entre el 75% y el 80% de la superficie sembrada, consolidando una tendencia claramente al alza. Este avance responde a la “creciente” demanda de la industria agroalimentaria, que “requiere aceites vegetales más estables y con un mejor perfil nutricional”.

En esta línea, Morales ha incidido en que el girasol se ha transformado en una opción “especialmente atractiva” para los agricultores, tanto por la “baja rentabilidad” de otros cultivos herbáceos con costes elevados y precios deprimidos, como por las complicaciones que las sucesivas borrascas generaron durante la siembra. Así, ha defendido que “el girasol representa hoy un eslabón entre la tierra sin rentabilidad y la demanda de una industria necesitada de producto nacional”.

También ha recordado que España arrastra un “déficit estructural” en la producción de oleaginosas, por lo que ha considerado “prioritario” incrementar la producción nacional para reducir la dependencia exterior y asegurar el abastecimiento de materia prima a la industria española de aceites y harinas vegetales. De este modo, ha recalcado que el girasol es una alternativa “estratégica” tanto para explotaciones de secano como de regadío y que responde a la “creciente” demanda de productos nacionales, trazables y sostenibles.

Valor agronómico, sostenibilidad y retos del cambio climático

Por su parte, Bosquet ha remarcado el “papel estratégico” del girasol para la agricultura de secano andaluza y ha destacado su contribución a la sostenibilidad de las explotaciones, ya que “además de su peso económico, aporta un elevado valor agronómico y ambiental”. Ha añadido que “mejora la estructura y la fertilidad del suelo, favorece la biodiversidad, requiere un menor uso de insumos y presenta una buena resistencia a las enfermedades, lo que lo convierte en un aliado natural de los ecosistemas mediterráneo”.

Al mismo tiempo, ha advertido de que el principal “desafío” del cultivo es adaptarse a los efectos del cambio climático, la volatilidad de los mercados y el aumento de los costes de producción. Para hacer frente a estos retos, ha destacado la labor investigadora del Ifapa en el diseño y evaluación de nuevas variedades y técnicas de cultivo que “permiten mejorar la productividad y la rentabilidad de las explotaciones”.

Solo en la última campaña, el Instituto ha desarrollado más de una veintena de ensayos con girasol en diferentes municipios sevillanos, con el propósito de proporcionar a los agricultores herramientas que faciliten la toma de decisiones y avanzar hacia un modelo productivo más sostenible y competitivo. “Si no hay rentabilidad, no hay sostenibilidad”, ha recalcado la presidenta.

Récord mundial de semillas oleaginosas y peso del girasol

En la ponencia central de la jornada, el socio de Northstar Brokerage Commodities, Pedro Villa, ha examinado la evolución del mercado internacional de las oleaginosas y los aceites vegetales, destacando que la próxima campaña alcanzará un nuevo máximo histórico con una producción mundial de semillas oleaginosas de 703 millones de toneladas, impulsada sobre todo por la soja, que representará el 63% del total, con 441 millones de toneladas.

A continuación se sitúan la colza, con 86 millones, y el girasol, con 63 millones, de modo que estos tres cultivos reúnen el 85% de la oferta global. En los últimos tres años, la producción mundial se ha incrementado en casi 30 millones de toneladas gracias al avance de la soja (15 millones), la colza (10 millones) y el girasol (8 millones), lo que refleja una expansión sostenida para atender una “demanda mundial en constante aumento”.

En el ámbito de los aceites vegetales, la producción mundial también alcanzará este año un máximo “histórico” de 240 millones de toneladas, con el girasol aportando alrededor del 10%. Sin embargo, el consumo prácticamente iguala a la producción, con 273 millones de toneladas, lo que sitúa la relación entre existencias y consumo en el 12,8%, el nivel “más bajo” de los últimos cinco años, “un dato ilusionante que demuestra que el mundo está preparado para absorber ese incremento de producción”, ha asegurado Villa.

Este equilibrio entre oferta y demanda ha sostenido las expectativas de precios para las oleaginosas. Aunque el aceite de palma continúa dominando el comercio internacional con 48 millones de toneladas exportadas, el aceite de girasol mantiene una posición “estratégica”, con un 10% de la producción mundial y unas 16 millones de toneladas en el comercio exterior, un volumen similar al del aceite de soja pese a que esta oleaginosa produce siete veces más semilla.

Perspectivas de mercado y riesgos climáticos

En cuanto a las perspectivas, se ha apuntado a un escenario “favorable” para el girasol y la colza a pesar de la previsión de cosechas récord. La colza alcanzará una producción mundial de 86 millones de toneladas, pero las existencias al cierre de campaña serán las “más bajas” de los últimos cuatro años debido a la fortaleza de la demanda.

Al mismo tiempo, el mercado permanecerá atento a los riesgos climáticos vinculados al fenómeno de “El Niño”, que podría recortar la producción de aceite de palma en el sudeste asiático en 2027 y tensionar aún más el mercado de aceites vegetales. Este contexto, sumado al diferencial de precios que el aceite de girasol ha mantenido durante el último año frente a la soja y la palma, ha reforzado las expectativas de rentabilidad de este cultivo para las próximas campañas.

Estas previsiones llegan tras un año condicionado por las altas temperaturas en la cuenca del Mar Negro, donde se concentra cerca del 70% de la producción mundial, que redujeron “significativamente” las cosechas y presionaron al alza el mercado. Tras revisar el panorama general, Villa ha centrado su análisis en el mercado internacional del girasol, cuya producción mundial alcanzará previsiblemente un máximo histórico de 63 millones de toneladas en la próxima campaña”.

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