Un grupo de investigadores encabezado por la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC) ha analizado la demografía del lobo ibérico y concluye que las tasas de mortalidad que soporta la especie explican por qué su área de distribución apenas se ha ampliado en las últimas décadas, pese a contar con extensas zonas de hábitat idóneo para expandirse.
Según detalla el CSIC, el trabajo determina que “reducir esa mortalidad sería clave para favorecer la recuperación y mejorar el estado de conservación de esta población”, catalogada por la UICN como “vulnerable” en España y “en peligro” en Portugal. Mientras en Europa y Norteamérica los lobos han reconquistado parte de su área histórica y se han asentado incluso en países muy humanizados como Alemania, Dinamarca, Países Bajos o Francia, en la península ibérica la situación es muy distinta.
Los datos oficiales de Portugal y de las comunidades autónomas donde vive la especie muestran que el lobo ibérico no ha seguido esa tendencia expansiva. Aunque dispone de grandes superficies favorables, su distribución apenas se ha modificado en todo este tiempo. Esta discrepancia llevó al equipo de la Estación Biológica de Doñana a profundizar en qué factores están frenando su recuperación.
La investigadora posdoctoral y autora principal del estudio, Ana Morales, detalla que “en las últimas décadas la distribución del lobo en la península ibérica apenas ha variado más allá de cambios menores, con pequeñas áreas que se colonizan y otras donde la especie se extingue, incluyendo la extinción de la población de Sierra Morena, mientras que durante el mismo periodo otras poblaciones europeas se expandían de manera muy rápida”. Ante este escenario, el equipo se planteó una cuestión central: “¿qué factores podrían explicar esta dinámica, frenando la recuperación de la especie en España y Portugal?”.
Para abordar el problema, los científicos construyeron un modelo demográfico muy pormenorizado capaz de reproducir la evolución de la población de lobos en la península ibérica entre 1991 y 2021. Ajustaron los parámetros del modelo con los datos oficiales de distribución y con las estimaciones de tamaño poblacional disponibles para ese periodo. Una vez comprobada su fiabilidad, evaluaron cómo variaría el futuro de la especie si se redujera la mortalidad de distintos tipos de individuos.
Los análisis revelan que, aunque los lobos dispersantes son los que colonizan nuevos territorios, limitar únicamente su mortalidad apenas altera la trayectoria global de la población. En cambio, una disminución del 10% en la mortalidad de los lobos que integran los grupos familiares tiene un efecto notable en la mejora del estado de conservación.
El modelo indica que con esa reducción del 10% los grupos se hacen más numerosos, aumenta el éxito reproductor y las distancias de dispersión en línea recta pasan de unos 32 a más de 70 kilómetros. Como resultado, la población podría crecer y extenderse hasta duplicar su área de distribución en unas tres décadas. A partir de estas simulaciones, el equipo estima que cada año muere aproximadamente una cuarta parte de los lobos que viven en grupos, más de un tercio de los dispersantes y más de la mitad de los cachorros.
El investigador y coautor del trabajo, Eloy Revilla, subraya que “la clave está en que los grupos de lobo son unidades familiares con una estructura social compleja y la muerte de estos individuos genera efectos en cascada que van mucho más allá de la pérdida de individuos aislados, sobre todo si muere un miembro de la pareja reproductora”.
Además, añade que “se generan tantas vacantes y tantos territorios que dejan de estar ocupados, que son aprovechadas por los lobos dispersantes para establecerse muy cerca de su lugar de nacimiento en lugar de colonizar nuevas áreas”.
Implicaciones para la conservación del lobo ibérico
Los autores destacan que estos resultados son “especialmente” significativos en el contexto de los recientes cambios en el marco legal de protección del lobo en Europa y en España. En territorio español, en 2021 la especie pasó a formar parte del Lesrpe (Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial), lo que supuso el fin de su caza en todo el país.
El equipo contrastó las proyecciones del modelo con los datos del último censo nacional. En dicho censo se calcularon 333 grupos familiares para el periodo 2021-2024, una cifra similar a la que proyectaba el modelo para 2013-2021. Esto apunta a que en esos años la población ibérica no ha mostrado una mejora clara en su estado de conservación, algo coherente con las evaluaciones más recientes de la UICN.
Pese a ello, en 2025 el lobo dejó de estar protegido a escala estatal en España tras su salida del Lesrpe. Morales advierte que “en nuestro trabajo advertimos que este cambio legislativo podría dificultar la recuperación de la población si la mortalidad vuelve a niveles similares a los registrados hasta 2021, y que una protección efectiva de la especie y el refuerzo de las medidas destinadas a prevenir y perseguir la mortalidad ilegal son herramientas fundamentales para permitir la mejora del estado de conservación de esta población”.
Los investigadores señalan también que lo observado en la península ibérica podría reproducirse en otras poblaciones europeas hoy en fase de expansión pero sometidas a un incremento de la mortalidad, como las de Francia o Alemania. El modelo desarrollado se presenta así como una herramienta útil para valorar “cómo distintas estrategias de conservación y gestión podrían influir en el futuro de la población ibérica y de otras poblaciones”.
El estudio pone igualmente de relieve una limitación importante para la conservación del lobo: la escasez de datos demográficos robustos. Para levantar el modelo fue necesario combinar la información disponible sobre abundancia y distribución de grupos, recopilada por diferentes administraciones con metodologías no estandarizadas que varían entre territorios e incluso a lo largo del tiempo, y estimar parámetros clave como supervivencia, reproducción o movimientos de dispersión, para los que apenas existen registros directos.
Los autores concluyen que estos modelos demográficos son un complemento valioso al trabajo de campo, pero insisten en la urgencia de mejorar y armonizar los programas de seguimiento del lobo con el fin de disponer de información más sólida y completa para orientar la gestión y la conservación de la especie.