La banca que responde se gana la confianza

Alfonso Calleja (CBNK) defiende en DEMÓCRATA que la inclusión financiera no consiste únicamente en ofrecer más canales, sino en garantizar que haya una persona al otro lado

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Alfonso Calleja es Director Corporativo de Medios en CBNK

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El último informe de inclusión financiera del Banco de España dejó un dato que invita a pensar. Después de años desplegando alternativas a las oficinas que cierran -cajeros, oficinas móviles, puntos de efectivo en Correos-, resulta que estos apenas se utilizan. En los municipios que se han quedado sin sucursal, el uso de esas vías no llega al 2%. La causa que apunta el supervisor es tan incómoda como reveladora. La gente no recurre a estas opciones porque no las conoce o no se fía.

Durante años, el debate sobre el acceso a la banca se ha planteado en términos cuantitativos y físicos. Cuántas oficinas cierran, cuántos pueblos se quedan sin sucursal, qué ocurre con quien vive lejos de una ciudad. La respuesta habitual ha sido multiplicar los canales disponibles, dando por hecho que ofrecer más vías equivale a atender mejor. Ese dato demuestra que no es tan sencillo.

La digitalización ha resuelto bien lo cotidiano. Consultar un saldo, hacer una transferencia o pagar un recibo son gestiones que hoy se hacen en segundos desde el móvil, y está bien que así sea. Pero cuanto más se automatiza lo sencillo, más se nota la ausencia de una persona cuando aparece lo difícil. Ante una incidencia, una duda que compromete unos ahorros o una decisión empresarial financiera delicada, el cliente no busca rapidez. Busca criterio, y busca hablar con alguien que entienda su situación y responda ante ella.

Ahí está la cuestión que solemos pasar por alto. La accesibilidad no se mide por el número de canales que una entidad pone sobre la mesa, sino por el hecho de que haya alguien real al otro lado cuando algo se complica. Un canal sin una persona detrás es una puerta que se abre a una sala vacía. Y una sala vacía no genera confianza, por modernas que sean la puerta y la sala. La atención personalizada no depende necesariamente de una oficina física. Puede prestarse por teléfono, a través de canales digitales o mediante gestores especializados, siempre que exista una persona identificable, accesible y capaz de asumir la responsabilidad de atender al cliente. En CBNK entendemos la multicanalidad precisamente así: como distintas formas de llegar a una persona, no como una suma de accesos impersonales.

La inteligencia artificial bien empleada, resume conversaciones, anticipa necesidades y libera tiempo para lo que de verdad aporta valor. El riesgo aparece cuando se confunde la herramienta con el servicio y se da por hecho que el algoritmo puede sustituir por completo a quien atiende. El valor no está en el sistema que ordena la información, sino en el profesional que la interpreta y en la calidad de la conversación que surge después.

Donde la oficina ha desaparecido y no va a volver, el canal remoto es muchas veces la única vía que le queda a un cliente para resolver algo importante. Instalar una máquina que después nadie usa no combate la exclusión. Lo que la combate es que ese canal a distancia tenga detrás a una persona accesible, disponible cuando se la necesita y con capacidad para resolver problemas reales.

La atención personalizada también consiste en poder contactar con un equipo que responde los siete días de la semana, en recibir una llamada proactiva cuando se detecta una incidencia en una tarjeta o en los accesos a la banca digital o en saber que existe alguien pendiente de alertar y acompañar al cliente antes de que la incidencia se convierta en un problema mayor.

Ofrecer distintas vías de contacto y mantener una atención personalizada más allá del canal presencial no es solo una mejora de servicio, es una forma concreta de estar cerca cuando el cliente realmente lo necesita. Esa es la verdadera frontera de la inclusión financiera hoy. La diferencia entre estar conectado y estar atendido no la marca la tecnología, sino la presencia de una persona al otro lado capaz de atender, orientar y resolver.

Además, la inclusión financiera tampoco puede interpretarse únicamente como acceso digital. Hay determinadas operativas, especialmente las relacionadas con el efectivo, que siguen requiriendo puntos de atención presenciales. Por eso, la verdadera capilaridad no siempre pasa por abrir nuevas sucursales, sino por garantizar que los clientes puedan acceder a servicios básicos allí donde viven. Fórmulas de colaboración con redes ya implantadas en el territorio, como las oficinas postales, permiten acercar estas operativas a zonas donde la red tradicional no llega y amplían de forma efectiva las posibilidades de atención sin renunciar a la cercanía.

La banca que viene no destacará por cuánto automatice. Destacará por lograr que cada avance tecnológico refuerce la confianza del cliente en lugar de erosionarla. En un sector que administra el dinero y la tranquilidad de las personas, el activo decisivo sigue siendo el mismo de siempre, la confianza. Y la confianza, de momento, tiene cara y voz, y responde cuando se la llama.

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Alfonso Calleja es Director Corporativo de Medios en CBNK

 

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¿Cuál es el porcentaje de uso de alternativas como cajeros u oficinas móviles en municipios sin sucursal bancaria según el informe del Banco de España?

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