Cumbre de la OTAN en Ankara: en el interregno geopolítico

El diputado, portavoz de Exteriores del grupo parlamentario Sumar y ex embajador representante permanente de España ante las Naciones Unidas analiza en DEMÓCRATA el giro estratégico de la OTAN bajo el liderazgo de Trump y las consecuencias políticas, económicas y militares para Europa

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Agustín Santos Maraver, diputado y portavoz de exteriores del grupo parlamentario Sumar.

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El próximo 7 de julio, la OTAN celebrará su cumbre anual en Ankara. Lo hace en el contexto de dos guerras contra Irán en dos años, el cierre del Estrecho de Ormuz y la frustración, a juzgar por el Memorándum de cese el fuego de Lucerna, de los objetivos declarados de guerra de Trump. Mientras tanto, el principal impulsor del conflicto, Netanyahu, continua con su ofensiva en el sur del Líbano, Gaza continua anclada en el genocidio y Cisjordania sufre mas asesinatos de palestinos por la violencia de los colonos y los soldados israelís.

Como ha explicado el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, hace unos ante el Atlantic Council, la Cumbre de Ankara debe sellar la nueva relación entre EEUU y sus aliados expresada en el concepto de NATO 3.0, que adelantó en febrero el director político del Pentágono Elbridge Colby. Es decir, la subordinación política y militar de los aliados europeos y Canada a la hegemonía de Trump al tiempo que contribuye con activos y financieramente al menos con un 50% del esfuerzo de la Alianza Atlántica.

En la última década, el gasto de los aliados europeos y Canada en defensa ha sido de 1,2 billones de dólares. Solo en 2025 alcanzó los 139.000 millones de dólares, en lo que supuso un aumento anual del 20%. Bajo la presión de la administración Trump se ha iniciado una gigantesca carrera armamentista asimétrica. Mientras EEUU contribuye con una disuasión nuclear ya en buena medida amortizada, que sigue siendo el eje de la estrategia OTAN, los países europeos y Canada deben sufragar el armamento estadounidense para abastecer a los arsenales ucranianos y a los propios, hasta el punto de que el 80% de su gasto en armamento va al complejo militar-industrial de EEUU, que es inseparable del israelí. Pero en la Cumbre de la Haya de 2025, Trump exigió un gasto del 5% del PIB a sus aliados para 2035, tres puntos más del compromiso del 2% alcanzado en la Cumbre de Gales de 2014.

El peligro que justifica semejante gasto inflacionista e improductivo, a las puertas de una recesión global, es Rusia. Y en menor escala, porque responde a los objetivos de la Administración Trump mas que a los de la Unión Europea, China, Corea del Norte e Irán. Cuanto más cerca geográficamente están los miembros de la UE de la guerra de Ucrania, más gastan en defensa. Los estados bálticos y Polonia ya han alcanzado el 4% y el resto de los socios de la OTAN llegarán a Ankara con el 2% efectivo.

El peligro que justifica semejante gasto inflacionista e improductivo, a las puertas de una recesión global, es Rusia

¿Es el régimen de Putin un imperialismo expansivo? No cabe duda de que es una dictadura odiosa en manos de una administración surgida de la corrupción y los servicios secretos, apoyada en una oligarquía que saqueó en su beneficio los hidrocarburos y materias primas desnacionalizados. Pero en cuatro años de guerra en Ucrania, después de 450.000 bajas mortales y 1 millón de heridos en su ejército, no ha conseguido alterar sustancialmente la línea de frente ni impedir que los drones ucranianos ataquen infraestructuras esenciales no solo en Sebastopol, sino también en Moscú. Sí, es verdad que en su ideología y doctrina de seguridad contempla su control del “exterior cercano”, los países con mayorías eslavas y minorías rusófonas, pero está muy lejos de pretender las fronteras del Imperio Zarista o de la URSS. Su PIB per cápita la sitúa en la posición 79 globalmente. La ayuda de los miembros de la OTAN al gobierno Zelensky -de derecha nacionalista y neoliberal- no ha ido más allá de asegurar una larga guerra de desgaste y evitar una confrontación directa que podría escalar a escenarios nucleares tácticos.

La defensa del derecho internacional y de la autodeterminación de Ucrania se han convertido así en un instrumento de la administración Trump para mantener su hegemonía sobre Europa. Utiliza el miedo a Putin -con el que pretende repartirse los activos económicos de Ucrania- para dividir a UE entre quienes creen necesitar el respaldo disuasivo de Trump y quienes aspiran a una “autonomía estratégica” sin capacidad de disuasión nuclear. El resultado es que la UE dividida estratégicamente sale del paso pagando una renta militar a Washington y una renta en energía fósiles en la práctica tanto a Washington como a Moscú, blandiendo la chequera como su principal argumento de seguridad y defensa. A veces hasta el ridículo de anunciar 800.000 millones en créditos para la industria militar y ver cómo se rompe el principal instrumento europeo, el proyecto Eurofighter.

La defensa del derecho internacional y de la autodeterminación de Ucrania se han convertido en un instrumento de la administración Trump para mantener su hegemonía sobre Europa

El “reequilibrio” NATO 3.0 que se anuncia en la Cumbre de Ankara, exigirá un importante equilibrismo en un contexto inestable. Se impondrá la estrategia aduladora de Rutte frente a Trump, porque todo el mundo espera a ver el alcance de su desgaste en la guerra contra Irán en las elecciones de medio término de noviembre en EEUU (y si Netanyahu conserva el gobierno tras las elecciones israelíes de octubre). Nada mejor para la espera que la mayor feria de la industria de armamentos hasta la fecha, que tendrá lugar en paralelo esos días en Ankara. Se esperan contratos millonarios para las empresas de EEUU (a las que Trump ha exigido mayor producción para reemplazar las armas utilizadas contra Irán), pero también para el emergente complejo militar-industrial turco y algunas empresas europeas como Rheinmetall, el principal productor de obuses para Ucrania.

Pero mientras tanto, Trump anuncia la retirada de 5.000 efectivos de Alemania, reduce de 4 a 3 las brigadas de combate en suelo europeo y ha traspasado a los aliados europeos el mando de tres estados mayores regionales. Y la presión no cesa sobre europeos y canadienses, aunque de momento la cuestión de Groenlandia haya quedado en segundo plano.

En definitiva, el programa de la segunda administración Trump pretende un “cambio de régimen global” que le permita recuperar su papel económico financiero e industrial dominante para rentabilizar la aplicación de la inteligencia artificial que impulse un nuevo ciclo largo de crecimiento económico y sostener su hegemonía geopolítica unilateral. Las guerras arancelarias, las de drones y misiles y el control de las energías fósiles son solo aspectos de un “periodo de cambios profundos” como lo ha definido Rutte.

Las guerras arancelarias, las de drones y misiles y el control de las energías fósiles son solo aspectos de un “periodo de cambios profundos”

Pero sin perspectivas reales de cese el fuego y negociaciones multilaterales en Oriente Medio y Ucrania, la Cumbre de la OTAN en Ankara no será más que un nuevo tanteo de intereses subordinados ante una administración Trump incapaz de reimponer su hegemonía diplomáticamente cuando no ha obtenido las victorias militares que esperaba. Otros socios, como Israel y las monarquías petroleras del Golfo, ejercen también sus propias influencias interesadas. Pero Trump está menos interesado en el largo plazo y la estabilidad geopolítica que en anunciar nuevos contratos para alimentar el complejo militar-industrial, mientras que los socios europeos y canadienses quieren ante todo ganar tiempo antes de definir lo contradictorio de sus intereses. Si hay una situación de interregno geopolítico, es esta.

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Pregunta 1 de 3

¿Qué porcentaje del gasto en armamento de los aliados europeos y Canadá va destinado a la industria militar estadounidense?

Pregunta 2 de 3

¿Qué exigencia de gasto en defensa impuso Trump a los aliados para 2035 durante la Cumbre de la Haya?

Pregunta 3 de 3

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