Donald Trump se vanagloria de pedir la retirada de la sanción que pesaba sobre el delantero estadounidense Folarin Balogun. Un hecho sin precedentes desde 1962. Es la enésima demostración de poder del emperador, que ha querido salvar la vida del máximo gladiador.
Y todo para que Bélgica acabara aplastando a su equipo en la arena del Coliseo del Mundial. Lo que encima ha permitido a los belgas difundir en redes un mensaje en el que dice “revierte esto”, en alusión a los cuatro goles que metieron al estadounidense. Y todo en un Mundial al que Trump ha dado dimensión imperial, pues con su intromisión relega a comparsas a México y Canadá, con los que comparte escenario y a los que dedicó una inquina arancelaria no muy lejana.
El emperador se siente poderoso y presume de ello. Venía de celebrar los fastos del 250 aniversario de su país, en verdad concebidos como un homenaje a su persona. No en vano, el pistoletazo de salida lo dio la fiesta de su 80 cumpleaños con toda clase de espectáculos, propios de los ricos sin ética ni estética. El color de tanta celebración presidencial, entre sus dimes y diretes con Irán, lo pinta el agua turbia y verdosa del estanque del monumento a Lincoln. El azul reflectante que debía evocar la bandera parece el recuerdo de una República convertida en la ciénaga en la que chapotea su emperador y todos los que dentro y fuera del país le bailan el agua algosa del populismo autoritario.
Con esta insólita medida, el emperador presume de salvar la vida de Balogun, aun a costa de señalar innecesariamente a la FIFA, que debe preservar la neutralidad, la transparencia y la integridad deportiva que se le supone. Aunque el organismo organizador del Mundial ya concedió a Trump su primer premio de la Paz, en 2025, se juega su credibilidad. Nada nuevo bajo el Rey Sol, convertido ahora también en sumo árbitro del fútbol mundial. ¿Podemos todavía confiar en el verdadero espíritu deportivo resumido en las palabras ‘que gane el mejor’? Sin ninguna duda. Así caen los emperadores. O si no que se lo digan a los belgas.