El anuncio de la prórroga de Almaraz tuvo lugar en agosto. Esa es la prueba de lo convencida que está el ala socialista del Gobierno de una decisión que se sitúa en la línea de lo que exigían tanto el Partido Popular, como Vox, como el oligopolio energético.
Empecemos por lo evidente. Hay un motivo para que el cierre de las centrales nucleares que han superado ya hace tiempo su vida útil se haga de manera escalonada. El motivo es, precisamente, que no se acumulen cierres. Mantener Almaraz activo hasta 2030 se provoca lo que, supuestamente, se pretendía evitar con el calendario pactado con las empresas en 2019, ya que ahora el cierre coincidirá con el de las centrales de Ascó I y Confrentes.
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Alterar el calendario altera el conjunto de planificación, y lo que es más grave, altera también los compromisos climáticos expresados por el propio Ministerio de Transición Ecológica en su Plan Nacional de Energía y Clima, que no se cumplirá.
El objetivo de ese cierre escalonado era garantizar la progresiva sustitución de estas centrales que, insistimos, hace ya tiempo superaron su vida útil, por fuentes de energía renovable. La prórroga prioriza unas infraestructuras caras y obsoletas frente a otras más baratas, limpias y fundamentales para llevar a cabo la transición ecológica. Asumir los argumentos que nos dicen que la nuclear debe ser la gran energía de reserva es alimentar el peor de los bulos. Precisamente las condiciones climatológicas europeas este verano han dejado sin uso útil un tercio de la potencia nuclear disponible en los países de nuestro entorno. La energía nuclear es menos resistente a la tensión del calor y a la escasez de agua, lo que encarece y dificulta su mantenimiento en veranos que continuamente baten temperaturas récord.
El impulso renovable requiere de un Estado que quiera llevarlo a cabo. Lo sabemos porque hoy pagamos las consecuencias de las política energética del PP que bloqueó el desarrollo renovable en el que España y su industria era pionera en la década de los 2010. Cada vatio renovable que no instalamos es un vatio que retrasamos para seguir dependiendo de energías caras y sucias del siglo XX. Incluso los mayores defensores.
Prorrogar el calendario de cierre no es mantener el empleo a largo plazo.
El tercer argumento que señala el error de prolongar la vida útil de Almaraz es que las políticas de impulso a las energías renovables es una apuesta por la transición industrial, la planificación territorial y el reequilibrio. España es un país que reúne dos condiciones fundamentales para el desarrollo renovable: sol y viento. Lo que Extremadura necesita son proyectos industriales del siglo XXI: basados en electricidad renovable barata y abundante, el desarrollo de tecnologías limpias y que devuelvan la vida a territorios que lo necesitan.
Porque si la actividad económica en los territorios importa, generar alternativas sólidas y de futuro en las comarcas que, como Campo Arañuelo, viven en buena medida de las centrales nucleares es fundamental. La razón es sencilla: la vida de las centrales no se puede alargar de manera infinita, algo que saben hasta los mayores defensores de la energía nuclear.
Prorrogar el calendario de cierre no es mantener el empleo a largo plazo. Más bien al contrario, es mantener la dependencia de una sola actividad sin pensar en el futuro, en ese mañana en el que sí o sí esa planta cerrará y no habrá nada porque no se ha puesto en marcha una transición justa, una transición energética que pasa por procesos de reindustrialización donde las renovables juegan un papel central.
Tanto el futuro como el presente de esta y otras comarcas no depende de la prórroga de las nucleares, sino de un plan claro, decidido y coordinados de todas las administraciones públicas
Habrá quien diga -y será legítima esa inquietud- que todo eso está muy bien, pero que los y las vecinas de Almaraz necesitan un empleo hoy, que los comercios y empresas de esta y otras localidades necesitan que la economía funcione hoy. Pues bien, hay otro hecho que quienes defienden la prórroga de las centrales nucleares ocultan: el desmantelamiento de una instalación como esta, que puede durar más de una década, genera más empleo que su propio funcionamiento.
Por tanto, tanto el futuro como el presente de esta y otras comarcas no depende de la prórroga de las nucleares, sino de un plan claro, decidido y coordinados de todas las administraciones públicas. Un plan que, por un lado, aproveche esa generación de empleo en el corto plazo, y por otro, impulse un proyecto industrial sólido cara al medio y largo plazo.
El PSOE se ha equivocado, la prórroga generará más costes para las personas consumidoras y las empresas, y también supondrá más inversión pública que irá a las arcas del oligopolio. Esta decisión es un freno al sector de las renovables y va a suponer problemas en el cierre escalonado posterior, que abre la puerta a que en caso de un gobierno de derecha y extrema derecha apliquen lo que llevan años defendiendo: priorizar la nuclear frente a las renovables.
Tenemos las herramientas y los recursos para garantizar una transición limpia, barata y con empleo y seguridad. Dejemos de perder el tiempo con decisiones equivocadas.
sobre las firmas:
Rosa Martínez es co-coordinadora general de Movimiento Sumar. Xabel Vegas, secretario de Transición Ecológica Justa de Movimiento Sumar.