Una energía asequible es condición necesaria para la competitividad. Ninguna economía puede fortalecer su industria, liderar en innovación o acelerar la transición digital con costes energéticos significativamente superiores a los de sus competidores. Para ello, la seguridad de suministro es esencial.
La política energética de la Unión Europea parte de una realidad estructural compleja, marcada por la escasez de recursos fósiles propios. Si bien el desarrollo de las energías renovables y la energía nuclear ha sido determinante para reforzar la capacidad de generación interna, la dependencia de las importaciones de petróleo y gas sigue siendo elevada. Durante años, esta dependencia fue, en gran medida, del gas ruso. Esto generó una vulnerabilidad estratégica que se evidenció con claridad tras la invasión de Ucrania. Cuatro años después del inicio del conflicto, la prohibición de las importaciones de gas procedente de Rusia ha sido una medida de gran calado.
Ahora, en un contexto de incertidumbre geopolítica que afecta a rutas críticas de suministro —como seguimos viendo en el estrecho de Ormuz— y de creciente demanda mundial, especialmente desde Asia, Europa necesita diversificar y construir relaciones energéticas sólidas con socios fiables y promover acuerdos de suministro a largo plazo que aporten estabilidad, previsibilidad y seguridad a los mercados.
Reforzar nuestros propios activos energéticos es también esencial. Esto exige preservar aquellas fuentes que aportan estabilidad y seguridad al sistema. En ese sentido, la energía nuclear desempeña un papel relevante. Frente a la demonización de algunas fuentes y el exceso de mesianismo depositado en otras, conviene recordar que la seguridad energética no se construye desde la confrontación, sino desde el equilibrio. Cada tecnología tiene su contribución propia en el mix energético. Precisamente por ello, resulta esencial seguir impulsando la innovación en todas aquellas tecnologías capaces de reforzar la seguridad del sistema, como el desarrollo de reactores modulares pequeños (SMR), que pueden convertirse en un complemento valioso por su despliegue modular, más rápido y flexible.
Las energías renovables constituyen el otro pilar fundamental del sistema energético al permitir aprovechar recursos autóctonos en toda la Unión Europea, desde la energía solar hasta la eólica terrestre y marina. Para aprovechar plenamente este potencial es necesario acelerar el desarrollo de tecnologías de almacenamiento, esenciales para garantizar la estabilidad y flexibilidad del sistema eléctrico.
Las fuentes de generación son solo una parte de la ecuación. La seguridad energética también depende de la eficiencia en el uso de la energía. En ese sentido, tecnologías como la cogeneración permiten aprovechar mejor los recursos disponibles mediante la producción simultánea de electricidad y calor útil.
Ahora bien, sin una infraestructura adecuada, incluso un sistema de generación más diversificada y eficiente encontrará límites a su desarrollo. La mayor integración de energías renovables, así como, la electrificación de diversos sectores exige una red más robusta e integrada. Por esta razón, resulta necesario acelerar el desarrollo de las interconexiones eléctricas y avanzar hacia un verdadero mercado interior de la energía. El Grids Package, actualmente en tramitación, no puede convertirse en una oportunidad perdida. Una mayor integración permitirá reducir la volatilidad de los precios, mejorar la eficiencia del sistema, facilitar la incorporación de nuevas capacidades de generación y reforzar la seguridad de suministro en toda la Unión Europea. En este ámbito, España sigue afrontando un importante desafío: su nivel de interconexión continúa siendo inferior al 5 %, muy lejos todavía del objetivo europeo del 15 % para 2030.
Por otra parte, una red eléctrica más robusta y flexible es clave en un momento en el que la transformación digital incrementará la demanda energética como nunca antes. Los centros de datos, esenciales para el desarrollo de la IA, plantean un desafío adicional. Hay que integrarlos en el sistema sin generar congestión ni presiones al alza sobre los precios de la electricidad, y a su vez, fomentar soluciones que aumenten la eficiencia energética y el aprovechamiento del calor residual. La propuesta de Cloud and AI Development Act, que comienza ahora su proceso legislativo en el Parlamento Europeo, debe abordar este reto con ambición y realismo.
La seguridad energética también exige acelerar la digitalización de las redes eléctricas, lo que contribuirá decisivamente un sistema energético más eficiente y seguro. Por ejemplo, la IA puede mejorar la previsión de la demanda y la gestión de la propia red; los contadores inteligentes permiten adaptar el consumo a los momentos de costes inferiores; los gemelos digitales facilitan simular y planificar inversiones con mayor precisión, y los datos satelitales contribuyen a monitorizar infraestructuras energéticas, anticipar fenómenos meteorológicos y mejorar la planificación.
En conclusión, la seguridad energética exige un suministro diversificado, una mayor capacidad almacenamiento, innovación tecnológica y redes más interconectadas e inteligentes. Cada uno de estos avances supone un paso adelante en el desarrollo la Unión de la Energía. Culminarla es condición indispensable para fortalecer la competitividad europea.
sobre la firma:
Pilar del Castillo es eurodiputada del EPP y miembro de la Comisión de Industria, Investigación y Energía