Jugar con las mismas reglas. Un punto de partida aparentemente sencillo que, aplicado al comercio, se antoja realmente complicado al albur del imparable crecimiento de las compras online. ¿Dónde está el equilibrio para no detener su desarrollo, pero sí regular su avance? La Unión Europea lo está buscando con la reforma aduanera que, aunque camina en la dirección correcta, evidencia lo difícil que es hallar ese contrapeso, principalmente en un sector como el textil.
Las cifras son elocuentes: en 2024 entraron en el mercado de la Unión alrededor de 4.600 millones de envíos de escaso valor, unos 12 millones de paquetes al día (el doble que un año antes). Muchos de esos productos no cumplían las normas comunitarias, según la propia Comisión Europea.
En pro de limitar esas llegadas, el Consejo de la UE dio luz verde, el pasado 3 de septiembre, a la reforma aduanera, que, desde la institución continental, califican de “histórica”. El nuevo modelo, pendiente todavía de completar el procedimiento en el Parlamento Europeo, pretende adaptar los controles a ese aumento de los intercambios, pero también cambiar quién responde por las mercancías que llegan a los consumidores europeos y cómo se decide qué productos deben ser inspeccionados.
Los pequeños paquetes dejan de tener un tratamiento especial
Una de las principales novedades ya ha empezado a aplicarse. Desde el 1 de julio de 2026, los paquetes de menos de 150 euros han dejado de disfrutar de la antigua exención de derechos de aduana y soportan un arancel provisional de tres euros por cada categoría de producto incluida en el envío. Se trata de una medida transitoria hasta la entrada en funcionamiento del nuevo sistema permanente.
El cambio busca eliminar una ventaja que hasta ahora tenían determinados modelos de venta directa desde terceros países y facilitar también el control de unas importaciones que han crecido de forma extraordinaria. A esto se sumará una tasa de tramitación europea para los pequeños paquetes, que deberá comenzar a aplicarse como muy tarde el 1 de noviembre de 2026. Su importe será fijado por la Comisión y será independiente del arancel.
Las plataformas asumirán la responsabilidad de lo que venden
La reforma introduce otro cambio de fondo: las plataformas de comercio electrónico de terceros países pasarán a ser consideradas importadoras de las mercancías que introduzcan en la Unión para su venta. Serán, por tanto, responsables de realizar los trámites aduaneros y de garantizar el pago de los derechos correspondientes.
La variante desplaza la responsabilidad que hasta ahora podía recaer sobre el consumidor o sobre los operadores que intervenían en el transporte hacia las propias plataformas que organizan la venta. También establece un nuevo régimen de sanciones. En los casos más graves, el incumplimiento podrá llevar a multas de hasta el 6% del valor anual de importación de la empresa, además de la pérdida de determinados privilegios aduaneros o incluso restricciones de acceso a plataformas.
La medida conecta directamente con una de las cuestiones que el sector textil ha planteado en los últimos años y sobre la que hizo hincapié en Demócrata la presidenta de ARTE, Ana López-Casero Beltrán, la cuestión no está en rebajar los objetivos europeos, sino en conseguir que “a todos los operadores europeos les pongan las mismas reglas del juego”.
Una aduana más conectada para detectar productos de riesgo
La reforma crea un Centro de Datos Aduaneros de la UE que irá sustituyendo progresivamente a la actual infraestructura informática nacional y permitirá reunir en un mismo entorno la información sobre las mercancías y las cadenas de suministro.
Sobre esos datos trabajará la nueva Autoridad Aduanera de la UE, que ayudará a establecer criterios comunes de riesgo y a coordinar los controles. La intención no es abrir físicamente los millones de paquetes que llegan cada año, sino disponer de más información para identificar cuáles presentan mayores riesgos y concentrar ahí los recursos.
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Este sistema también permitirá mejorar la cooperación entre las aduanas y las autoridades encargadas de vigilar el mercado. Es una distinción importante: detectar una importación irregular no significa necesariamente que se haya determinado que el producto es inseguro o que no puede venderse legalmente en la Unión.
Por eso, la Comisión ha planteado controles coordinados entre aduanas y vigilancia del mercado, junto con actuaciones específicas sobre seguridad de los productos y sobre las plataformas digitales. Herramientas como Safety Gate, el sistema europeo de alertas sobre productos peligrosos, forman parte de ese segundo nivel de control.
Qué cambia para la moda europea
La moda se encuentra entre las actividades que pueden verse afectadas por este nuevo escenario por el peso que tienen las ventas transfronterizas y los envíos directos al consumidor. La cuestión no es únicamente cuánto cuesta introducir una prenda, sino qué obligaciones debe asumir quien la comercializa en el mercado europeo.
Para las empresas establecidas en la UE, que ya soportan las exigencias comunitarias en materia de seguridad, información o sostenibilidad, una mayor equiparación de las condiciones de entrada puede reducir parte de la diferencia existente con determinados vendedores extracomunitarios. La propia Comisión ha relacionado la eliminación de la exención de los pequeños envíos con la necesidad de crear unas condiciones de competencia más equilibradas.
El efecto, sin embargo, no será suficiente para conseguir la igualdad absoluta. Persistirán diferencias relacionadas con los costes laborales, energéticos, fiscales o productivos y con las obligaciones que se aplican fuera de Europa.
En España, la relevancia económica del sector ayuda a dimensionar la cuestión. Como explicó López-Casero, el comercio textil representa alrededor del 2% del PIB y genera 343.000 empleos.
España tendrá que hacer que las nuevas reglas funcionen
La creación de una infraestructura europea no elimina el papel de las administraciones nacionales. Las aduanas de los Estados miembros seguirán siendo esenciales para aplicar los controles y tendrán que integrarse progresivamente en el nuevo modelo de intercambio de información.
Para España, eso implica adaptar los sistemas nacionales, reforzar la capacidad de análisis de riesgo y mejorar la coordinación entre Aduanas y las autoridades encargadas de la vigilancia del mercado. La ventaja del nuevo modelo dependerá en buena medida de que esa información europea se traduzca en controles efectivos sobre el terreno.
Más allá de las aduanas: qué otras medidas hacen falta
La propia Comisión Europea plantea la reforma aduanera como una pieza dentro de un conjunto más amplio de medidas sobre el comercio electrónico. El control en las fronteras necesita complementarse con una vigilancia efectiva de los productos una vez identificados, con mecanismos para actuar sobre las plataformas y con una cooperación más estrecha entre las autoridades que controlan la entrada de mercancías y las que supervisan su comercialización.
También ganarán importancia las herramientas que permitan conocer mejor el producto antes de que llegue al consumidor. En el caso del textil, sistemas como el Pasaporte Digital de Producto pueden aportar información útil para mejorar la trazabilidad y facilitar la comprobación de determinados requisitos, dentro del desarrollo normativo específico que la Unión está preparando para el sector.
El nuevo modelo europeo requerirá además recursos suficientes para que los sistemas de análisis de datos, los controles y la vigilancia del mercado funcionen de forma coordinada. La reforma cambia las herramientas con las que Europa quiere controlar sus fronteras comerciales; su eficacia dependerá ahora de la capacidad de las instituciones europeas y de los Estados miembros para utilizarlas.