Granollers y Zeballos agrandan su leyenda en Roland Garros: doblete histórico y tercer Grand Slam juntos

Marcel Granollers y Horacio Zeballos revalidan el título de dobles de Roland Garros tras derrotar a Harri Heliovaara y Henry Patten por 6-4 y 6-2 en la Philippe Chatrier

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El joven tenista español, Rafa Jódar. Europa Press.

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Marcel Granollers y Horacio Zeballos ya no son solo una pareja fiable de dobles. Son una pareja de época. El español y el argentino han revalidado este sábado el título de Roland Garros tras derrotar a Harri Heliovaara y Henry Patten por 6-4 y 6-2 en la final disputada en la Philippe Chatrier.
El triunfo confirma su dominio sobre la tierra de París y eleva todavía más una sociedad deportiva que nació en 2019 casi como una prueba y que, siete años después, compite con la autoridad de los grandes especialistas del circuito.

Granollers y Zeballos ganaron Roland Garros por primera vez en 2025. Un año después, han vuelto al mismo escenario, han defendido la corona sin ceder un set en todo el torneo y han demostrado que la edad, en el dobles, puede ser una ventaja cuando viene acompañada de lectura, coordinación y oficio.

Granollers y Zeballos repiten título en Roland Garros

La pareja hispano-argentina venció a Heliovaara y Patten en dos sets, con una final muy seria desde el primer tramo. El 6-4 inicial abrió el camino y el 6-2 del segundo set confirmó una superioridad que fue creciendo con el partido.

La final se jugó bajo techo por la lluvia en París, un contexto que podía alterar el ritmo del encuentro. Granollers y Zeballos lo gestionaron mejor. Supieron esperar, apretar en los juegos clave y convertir el partido en el terreno que más les convenía: puntos construidos, buena colocación, voleas precisas y máxima concentración en los turnos decisivos.

Heliovaara y Patten llegaban como una de las parejas más fuertes del año, pero se encontraron con dos campeones que ya saben lo que pesa una final de Grand Slam y cómo se cierran estos partidos.

Un doblete histórico en París

Repetir título en Roland Garros no es un detalle menor. En dobles masculino, retener la corona en París exige algo más que buen momento: exige continuidad, resistencia y una compenetración difícil de sostener durante dos temporadas consecutivas.

Granollers y Zeballos entran así en un grupo reducido de parejas capaces de ganar el torneo dos años seguidos en la Era Open. Lo hacen, además, en una etapa de madurez deportiva, cuando muchos jugadores ya no sostienen la ex

De Montreal a París: una sociedad que empezó en 2019

La historia de Granollers y Zeballos empezó en 2019, cuando decidieron probar juntos en el Masters 1000 de Montreal. Ganaron aquel torneo y entendieron rápido que había algo que merecía continuidad.

Desde entonces han construido una de las parejas más sólidas del circuito. Han ganado títulos importantes, han disputado finales de máxima exigencia y han pasado por derrotas duras antes de encontrar el premio grande.

Durante años, los Grand Slam se les resistieron. Perdieron finales en el US Open y en Wimbledon, y esa barrera parecía convertirse en una sombra. Pero en 2025 rompieron el muro en Roland Garros. Después llegó el US Open. Y ahora, de nuevo París.

Tercer Grand Slam como pareja

Con este nuevo título en Roland Garros, Granollers y Zeballos suman su tercer Grand Slam como pareja. El primero llegó en la tierra parisina en 2025. El segundo, en el US Open. El tercero vuelve a llegar en Roland Garros, donde ya pueden hablar de territorio propio.

La evolución es clara. Pasaron de ser una pareja respetada a ser una pareja temida. Ya no se les mide por lo que les faltaba ganar, sino por lo que son capaces de defender.

Esa es la frontera que separa a los buenos de los grandes: ganar una vez puede ser un punto de gloria; repetir, confirmar; sostenerlo en el tiempo, construir legado.

Una final ganada desde la experiencia

El partido ante Heliovaara y Patten se decidió menos por golpes espectaculares que por inteligencia competitiva. Granollers y Zeballos leyeron mejor los momentos de tensión.

En el primer set, una rotura en el tramo decisivo les permitió tomar ventaja. En el segundo, salieron con una marcha más y abrieron distancia muy pronto. A partir de ahí, jugaron con la serenidad de quien sabe que tiene el partido en la mano, pero también con la prudencia de quien conoce lo rápido que puede cambiar una final.

Uno de los datos más contundentes de su Roland Garros es que Granollers y Zeballos ganaron el torneo sin perder un solo set.

En semifinales ya habían dejado fuera a Simone Bolelli y Andrea Vavassori por 7-6(4) y 6-4, una victoria de peso ante una pareja italiana que venía fuerte en la gira de tierra. En la final, subieron otro escalón.

Granollers, el español que sigue escribiendo historia en dobles

Para Marcel Granollers, este título tiene un valor especial. El catalán lleva años sosteniendo una carrera de enorme prestigio en dobles, lejos del foco que suele concentrarse en el cuadro individual.

Su longevidad competitiva no es casual. Granollers ha hecho del posicionamiento, el saque, la volea y la lectura táctica un manual de supervivencia y excelencia. No necesita dominar con potencia bruta. Domina con orden.

En Roland Garros, además, ha construido una relación muy particular con el torneo. París le había dado decepciones y finales perdidas, pero ahora le devuelve dos títulos consecutivos y un lugar claro en la historia reciente del dobles masculino.

Zeballos, la mitad argentina de una pareja perfecta

Horacio Zeballos ha encontrado junto a Granollers una sociedad que potencia sus mejores virtudes. Zurdo, técnico, inteligente y competitivo, el argentino aporta una combinación muy valiosa en dobles: buen servicio, sensibilidad en la red y capacidad para sostener puntos bajo presión.

La conexión entre ambos no depende solo de la calidad individual. Depende de saber cubrirse, anticiparse y aceptar el papel de pareja. En el dobles, el ego pesa menos que la sincronía. Y ellos llevan años jugando como si la pista tuviera una lógica común.

Heliovaara y Patten, una pareja de enorme nivel

La victoria tiene más valor por el rival. Harri Heliovaara y Henry Patten llegaban a la final como una pareja muy consolidada y con un año de enorme nivel. Habían avanzado en París sin ceder sets y buscaban añadir Roland Garros a su colección de grandes títulos.

No era una final cómoda ni un cuadro despejado. Era un duelo entre dos de las mejores parejas del momento. Granollers y Zeballos lo resolvieron con una autoridad que explica por qué son los campeones.

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