El Fondo Monetario Internacional (FMI) rebaja sus previsiones de crecimiento de la economía mundial por la guerra en Oriente Medio. La institución que preside Kristalina Georgieva rebaja una décima, hasta el 3%, el crecimiento del PIB mundial.
El Fondo justifica su decisión para incorporar los efectos de la guerra en Oriente Próximo y al impulso del nuevo ciclo tecnológico global vinculado a la inteligencia artificial (IA). Para 2027, en todo caso, eleva dos décimas, hasta el 3,4%, su previsión de crecimiento respecto a las previsiones publicadas en abril.
En su análisis de la economía mundial, el FMI aprecia mejoras en algunos exportadores de energía y en economías muy integradas en la cadena de valor tecnológica internacional, frente a retrocesos en los importadores de materias primas que no estén bien situados para aprovechar el tirón de la actividad asociada a la IA.
España, más del doble que la eurozona
Respecto a España, el FMI prevé que siga liderando en 2026 y 2027 el crecimiento entre las grandes economías de la zona euro, con un aumento del PIB del 2,1%. Para 2027, el FMI conserva sin cambios una expansión del 1,8%.
Para el área del euro, la institución rebaja en dos décimas la previsión de crecimiento del PIB en 2026, hasta el 0,9%, recortando las estimaciones para varias de sus potencias, como Francia y Alemania, mientras que mantiene sin variación el 1,2% estimado para 2027.
El ajuste a la baja en la eurozona obedece al menor dinamismo esperado en sus dos mayores economías. En el caso de Alemania, el FMI sitúa ahora el aumento del PIB en el 0,7% en 2026 y en el 1% en 2027, lo que supone recortar en una décima la proyección previa para este ejercicio y en dos décimas la del siguiente.
Respecto a Francia, las nuevas estimaciones del Fondo apuntan a un crecimiento del 0,6% este año, tres décimas menos que lo calculado en abril, y mantienen sin cambios el avance del 0,9% para 2027. Por su parte, Italia conserva una previsión de expansión del 0,5% tanto para 2026 como para 2027.
Avanzadas, emergentes y en desarrollo
Para las economías avanzadas, la institución que dirige Kristalina Georgieva prevé un aumento del PIB del 1,7% en 2026 y del 1,8% en 2027, lo que supone una rebaja de una décima para el primer año y una mejora equivalente para el segundo.
En Estados Unidos, mantiene una expansión del 2,3% en 2026 y eleva en una décima la de 2027, hasta el 2,2%, apoyada en el estímulo fiscal, unas condiciones financieras todavía favorables y la inversión empresarial ligada a la tecnología, con un impacto limitado de la guerra gracias a su condición de exportador neto de energía.
Para las economías emergentes y en desarrollo, el informe anticipa que el crecimiento se moderará al 3,8% en 2026, antes de repuntar al 4,5% en 2027, frente al 3,9% y el 4,2% proyectados en abril. El FMI tiene en cuenta la distinta dependencia de las materias primas, la exposición geográfica a la guerra, el peso de las remesas y del turismo, la sensibilidad a las condiciones financieras y la posición en la cadena tecnológica mundial.
En China, el Fondo espera que el avance del PIB se desacelere al 4,6% en 2026, por encima del 4,4% previsto en abril, y al 4,1% en 2027, una décima más que en la anterior estimación. Para India, calcula un crecimiento del 6,4% en 2026 y del 6,7% en 2027, lo que supone recortar una décima la previsión para 2026 y mejorar en dos décimas la de 2027 respecto a abril.
En relación con la inflación mundial, el FMI prevé que la tasa general suba del 4,1% en 2025 al 4,7% en 2026 por el encarecimiento de la energía y los alimentos, antes de bajar al 3,9% en 2027. Así, eleva en tres décimas su previsión de inflación para 2026 y en dos décimas la de 2027 frente al informe de abril.
Al mismo tiempo, el organismo considera que la inflación subyacente solo volverá gradualmente al objetivo en varias grandes economías: a mediados de 2027 en el Reino Unido, a finales de 2027 en Japón y Estados Unidos, y a comienzos de 2028 en la zona euro.
No obstante, advierte de que la trayectoria de los precios seguirá siendo dispar entre países, por las diferencias en la transmisión del tipo de cambio, la persistencia de la inflación en servicios, la situación de los mercados laborales y la creciente relevancia de factores específicos de cada economía.
Riesgos a la baja y papel de la IA
En su revisión, el FMI subraya que “los riesgos están más equilibrados que en abril, pero aún se inclinan a la baja”. A su juicio, la amenaza más inmediata para el escenario central procede de la evolución del conflicto en Oriente Próximo: una nueva escalada geopolítica dañaría el crecimiento y reforzaría las presiones inflacionistas, mientras que una reapertura del estrecho de Ormuz más fluida de lo previsto podría abaratar las materias primas y favorecer la actividad.
Por el lado positivo, la institución admite que el crecimiento podría sorprender al alza a corto plazo si la inversión ligada a la IA se mantiene inusualmente intensa o si las condiciones financieras se relajan aún más, “lo que seguiría contrarrestando los obstáculos derivados de las tensiones geopolíticas”, la fragmentación comercial y la debilidad de las políticas económicas.
Sin embargo, alerta de que el fuerte entusiasmo por la IA y la “euforia” en los mercados financieros pueden, al mismo tiempo, generar vulnerabilidades y “sembrar las semillas de la inestabilidad macrofinanciera”.
Recomendaciones de política monetaria
En este contexto, la guerra obliga a los responsables económicos a gestionar complejas disyuntivas entre contener la inflación, sostener la actividad y proteger a los hogares más vulnerables, mientras que el auge de la IA añade presión alcista sobre los precios, sostiene el consumo a corto plazo y eleva la exposición del sistema financiero a nuevos riesgos.
El FMI considera que la prioridad de la política económica es manejar el impacto inmediato de estas perturbaciones y, al mismo tiempo, reforzar la resiliencia frente a cómo puedan evolucionar en el futuro. Para ello, reclama respuestas adaptadas a cada país, que tengan en cuenta la distinta dinámica inflacionaria, el margen fiscal disponible y las fragilidades financieras, junto con una renovada cooperación internacional.
En el ámbito monetario, el Fondo recomienda que los bancos centrales sigan centrados en garantizar la estabilidad de precios. Cuando las presiones inflacionistas sean visibles pero se consideren transitorias y las expectativas permanezcan ancladas, los bancos centrales deberían mantener los tipos de interés reales prácticamente estables durante un periodo razonable, lo que podría exigir subir los tipos nominales.
Si, por el contrario, una inflación más alta se combina con un repunte de la demanda derivado del impulso tecnológico, las autoridades monetarias podrían verse obligadas a ir más allá y adoptar medidas adicionales para evitar el sobrecalentamiento de la economía.
En un entorno de elevada incertidumbre, el FMI subraya que la comunicación se convierte en una herramienta clave de política monetaria y que los bancos centrales deben explicar con claridad cómo los datos que reciben modifican el equilibrio de riesgos.
“Preservar la independencia legal y operativa sigue siendo esencial, sobre todo cuando el episodio inflacionario pospandémico ya ha puesto a prueba la credibilidad”, añade el organismo, subrayando que blindar la política monetaria frente a presiones políticas y a la influencia fiscal es imprescindible para poder mantener, si fuera necesario, unas condiciones restrictivas hasta que la inflación regrese de forma sostenible al objetivo.