La consultora Tempos Energía alerta de que la fuerte penetración de la fotovoltaica provocará un marcado desequilibrio en la factura eléctrica durante agosto: las horas centrales del día registrarán precios muy bajos, entre 28 y 45 euros por megavatio hora (MWh), mientras que en el tramo nocturno las cotizaciones se dispararán hasta una horquilla de entre 122 y 140 euros el MWh.
De cara a agosto y septiembre, la compañía prevé que el precio medio de la electricidad se sitúe en una banda de entre 80 y 95 euros el MWh. El denominado escudo solar, que durante el verano actúa como amortiguador de la factura, se "derrumbará" con la llegada del invierno. Antonio Aceituno, CEO de Tempos Energía, recuerda que en diciembre "la solar apenas cubre un tercio de la demanda y llega a generar dos veces y medio menos que en agosto".
"Sin el colchón solar", el gas volverá a fijar el coste marginal de la electricidad. Por ese motivo, la consultora estima que el precio del último trimestre del año podría oscilar entre 85 y 120 euros el MWh. El llenado de los almacenamientos europeos, la recuperación de la planta de Qatar y la evolución de la guerra entre Estados Unidos e Irán son, según Tempos, los tres factores clave que pueden empujar la factura hasta los 120 euros, "casi el triple del invierno previo a la crisis y un 70% por encima del año anterior".
Este contexto se traduce en un cierre de semestre especialmente oneroso para el gas. A finales de junio, el precio medio rondaba los 40 euros y, en las tres últimas semanas, se ha encarecido hasta aproximarse a los 45 euros por MWh. La causa principal es que "el suministro sigue sin recomponerse": Qatar solo exporta hoy una quinta parte de lo que enviaba hace un año y los metaneros apenas han regresado al estrecho de Ormuz, muy por debajo del ritmo previo al conflicto.
Con un gas caro, Europa afronta el reto de completar sus reservas y, como subraya Aceituno, "no lo está consiguiendo". El nivel de almacenamiento se sitúa por debajo de la mitad de su capacidad, veintitrés puntos por debajo de la media de los tres últimos años. Para cumplir con los objetivos de Bruselas, los países europeos se ven obligados a atraer más cargamentos de gas durante el verano con el fin de no quedar por debajo del 90 por ciento de llenado exigido. A esta presión se suma la prohibición total de compra de gas ruso a partir de enero de 2027 y el impacto de una doble ola de calor histórica que ha dejado fuera de servicio uno de cada diez megavatios nucleares en Francia.
La aparente tregua en el conflicto entre Estados Unidos e Irán "se rompe casi semanalmente" y el gas europeo reacciona con nerviosismo a cualquier novedad en el estrecho de Ormuz. Paralelamente, los ataques han dañado gravemente la planta de Ras Laffan, la mayor instalación exportadora de gas del mundo. Aceituno incide en que "cada amago de escalada obliga a recomprar seguridad y el precio del gas sube. La volatilidad no es el ruido, es el pulso de una paz que no existe todavía".
Mientras tanto, el mercado petrolero actúa como si el conflicto estuviera resuelto. El Brent ha ido eliminando casi toda la prima de riesgo asociada a la guerra y ha recorrido el camino inverso, rebotando más de un 40% respecto a los niveles previos. En palabras de Aceituno, "el gas europeo está atado a la vía única y, sobre todo, a un proveedor sin recambio".
En cuanto a los mercados de futuros, "el invierno eléctrico no mira al precio del gas de hoy" sino a la disponibilidad de gas cuando llegue el frío. Por ello, los inversores ignoran el abaratamiento puntual y pagan por el miedo al desabastecimiento. Los futuros del último trimestre del año se negocian en torno a 89 euros y el primer trimestre de 2027 se sitúa en 73,30 euros el MWh, reflejando el riesgo del arranque del invierno, no del que ya está en curso, dado que la incógnita sobre los depósitos se habrá despejado en el trimestre anterior. Aceituno concluye que "cuanto más cerca está el frío, menos importa lo que haga hoy el gas". Solo la primavera aparece como el tramo más barato de la curva, con precios en torno a 45 euros gracias al aporte renovable.
En paralelo, el mercado del crudo mantiene el foco en el estrecho de Ormuz, aunque existe un elemento de fondo que puede condicionar los precios y que, por ahora, pasa desapercibido: la necesidad de reponer alrededor de 400 millones de barriles tras la guerra. El analista sostiene que "si los gobiernos compran pronto, el precio bajista aguantará, pero si se esperan, el exceso hundirá el precio".
Según las estimaciones de Tempos Energía, la producción del Golfo no se normalizará completamente hasta 2027. De momento, unos 9 millones de barriles diarios permanecen bloqueados, ante la incertidumbre de los productores sobre la seguridad de los petroleros. Aceituno recuerda que la tregua actual caduca a mediados de agosto.
En este escenario, la consultora plantea tres posibles trayectorias para el Brent. En el caso base, el barril se movería entre 65 y 76 dólares, un rango que, en opinión del experto, "no es ni caro ni barato" y que también respalda la entidad financiera Morgan Stanley.
Volver a un escenario alcista implicaría regresar a los niveles de 2023 y 2024, con un barril entre 82 y 95 dólares. Este repunte podría materializarse a partir de mediados de agosto, cuando "Irán empiece a cobrar peajes en Ormuz y el mercado no pueda responder a la falta de reservas".
El tercer escenario, de corte bajista, situaría el precio del crudo entre 58 y 66 dólares si la oferta continúa aumentando. En ese caso, Aceituno señala que "hablaríamos de los precios más bajos desde hace cinco años". Actualmente, el Brent se mueve en torno a 69,24 dólares, como si la guerra hubiera concluido, pero con el colchón de las reservas prácticamente agotado. El técnico advierte de que "ese precio esconde la mayor rareza estadística del crudo en lo que va de siglo".
La extrema volatilidad del Brent queda reflejada en la amplitud de precios registrada en solo doce semanas: el crudo ha llegado a marcar un máximo de 138,21 dólares y, poco después, ha perdido casi la mitad de su valor, rozando el mínimo anual. Esta brusca corrección se explica por el avance de las negociaciones sobre el conflicto, la reapertura del estrecho de Ormuz y la vuelta al mercado de cien millones de barriles retenidos. Desde Tempos bautizan este fenómeno como el 'efecto tapón': el crudo embalsamado inunda los mercados en cuestión de días y supone "la primera señal de que el mercado ya no teme la falta de crudo, sino que sobre".
La percepción de excedente se apoya en el fuerte incremento de producción de la OPEP, con 2,34 millones de barriles diarios adicionales en un solo mes y un nuevo aumento previsto de 188.000 barriles diarios en agosto. Arabia Saudí ha recuperado ya el 90 por ciento de sus exportaciones previas al conflicto y las ventas conjuntas del Golfo Pérsico han superado los 10 millones de barriles diarios.
"El suministro llega ahora en mayor volumen que antes del conflicto y lo hace cuando el consumo mundial se mueve en la dirección opuesta". China, principal importador industrial, ha recortado sus compras un 29 por ciento interanual, hasta el nivel más bajo en ocho años, y ha aprobado el mayor recorte en seis años de los precios minoristas de gasolina y diésel.