Durante años, el mercado ilícito de productos con nicotina en Europa se ha asociado principalmente al contrabando: mercancía fabricada fuera de la Unión Europea que entra clandestinamente para acabar en los canales de distribución ilegales.
El desmantelamiento de una fábrica clandestina en Lituania apunta ahora hacia un escenario diferente. Las redes criminales no solo introducen productos ilegales en Europa; también han desarrollado capacidad para fabricarlos, falsificarlos, empaquetarlos y prepararlos para su distribución desde territorio comunitario.
La instalación fue localizada en las proximidades de Kaunas y estaba dedicada a la fabricación de bolsas de nicotina falsificadas. En su interior, las autoridades lituanas intervinieron más de 330.000 envases, correspondientes a alrededor de 30 tipos de producto, además de bolsas sin etiquetar, materias primas y maquinaria destinada a mantener la producción.
La Oficina Europea de Lucha contra el Fraude (OLAF), que colaboró con las autoridades lituanas en la investigación, confirmó que se trataba de una instalación con capacidad para desarrollar distintas fases del proceso productivo. La mercancía podía tener como destino tanto mercados europeos como terceros países.
La organización de la industria clandestina
El caso tiene una relevancia añadida porque desplaza el foco del debate sobre el comercio ilícito. No se trata únicamente de cómo entran los productos ilegales en Europa, sino de cómo se organiza una industria clandestina dentro de sus propias fronteras.
Una fábrica de estas características reduce la dependencia de las rutas internacionales de contrabando y permite acercar la producción a los mercados de destino.
Es precisamente esta evolución la que viene señalando en sus análisis sobre el comercio ilícito. La compañía advierte de que las organizaciones criminales están modificando sus modelos de negocio y aumentando su capacidad para producir y distribuir productos falsificados más cerca de los consumidores.
Los datos del último estudio de KPMG sobre consumo ilícito de cigarrillos, tabaco calentado y nicotina oral, publicado en junio de 2026, muestran la dimensión del fenómeno.
El informe calcula que en 2025 se consumieron 55.300 millones de cigarrillos ilícitos en los 38 mercados europeos analizados, equivalentes al 11,1% del consumo total. En la Unión Europea fueron 41.800 millones, el 10,3% del mercado, con una pérdida estimada de 16.700 millones de euros en ingresos fiscales.
Pero detrás del volumen hay un cambio más profundo. Según el mismo estudio, los cigarrillos falsificados ya representan el 44% del consumo ilícito en la Unión Europea, con 18.300 millones de unidades.
El dato refleja el desplazamiento progresivo del mercado ilegal desde el contrabando tradicional hacia modelos basados en la falsificación y en cadenas de suministro más próximas a los mercados de consumo.

España, un mercado donde las falsificaciones se disparan
La transformación europea también tiene una traducción concreta en España. Y aquí aparece uno de los datos más significativos del estudio de KPMG: las falsificaciones están creciendo con mucha más fuerza que el conjunto del mercado ilícito.
En 2025 se consumieron en España alrededor de 870 millones de cigarrillos falsificados, un 50% más que el año anterior. Estas falsificaciones ya representan el 61% de todo el consumo ilícito de cigarrillos en España, frente al 21% que suponían en 2021.
La evolución es especialmente relevante porque España no se encuentra entre los países europeos con mayor peso relativo del mercado ilegal. El estudio sitúa el consumo ilícito español en el 3,6% del consumo total, muy por debajo del 10,3% registrado de media en la Unión Europea.
Sin embargo, la composición del mercado ilegal está cambiando con rapidez: cada vez tiene más peso el producto falsificado frente al procedente del contrabando.
Es decir, España no destaca por ser uno de los grandes mercados europeos de cigarrillos ilícitos, pero sí por la velocidad a la que está creciendo dentro de él el componente de falsificación. Y esa diferencia permite entender por qué el caso de Lituania resulta relevante también para el mercado español.
El espejo de Kaunas
La fábrica de Kaunas no demuestra que exista una estructura similar en España ni permite establecer una conexión directa entre ambas realidades. Sí muestra, en cambio, hasta dónde pueden llegar unas redes que han dejado de depender exclusivamente de la entrada de mercancía desde terceros países.
La operación lituana revela una infraestructura capaz de recibir materias primas, fabricar el producto, falsificar su presentación, empaquetarlo y dejarlo preparado para su distribución.
Para las autoridades, la diferencia no es menor: perseguir una red que importa mercancía terminada exige controlar sus rutas; hacerlo frente a una organización que fabrica dentro de la UE obliga además a localizar instalaciones, maquinaria, materias primas y redes de distribución.
El fenómeno tampoco se limita a las bolsas de nicotina. El estudio de KPMG identifica una evolución similar en otras categorías y muestra cómo las falsificaciones han ido ganando peso dentro del mercado ilegal europeo. Al mismo tiempo, las autoridades han desmantelado en los últimos años fábricas clandestinas de cigarrillos capaces de producir cantidades industriales dentro de territorio comunitario.
La consecuencia es un mercado negro más difícil de identificar y combatir. La mercancía puede producirse más cerca del consumidor, dividirse entre diferentes instalaciones y circular mediante cadenas de distribución más fragmentadas. El modelo permite reducir determinados riesgos asociados al transporte internacional y dificulta seguir el recorrido del producto hasta su origen.
El control de fronteras
Según las conclusiones de este informe, esta transformación obliga a ampliar la respuesta frente al comercio ilícito. El control de las fronteras exteriores continúa siendo una herramienta esencial, pero ya no basta para explicar el funcionamiento de un mercado en el que las redes criminales pueden instalar capacidad productiva dentro de la propia Unión Europea.
La compañía defiende la necesidad de reforzar la cooperación entre autoridades y mejorar los mecanismos de trazabilidad para hacer frente a unas organizaciones que adaptan rápidamente sus métodos.
El debate adquiere especial importancia mientras la Unión Europea revisa el marco regulatorio de los productos con nicotina. La aparición de una fábrica clandestina dedicada específicamente a las bolsas de nicotina introduce una variable que va más allá de la discusión sobre el nivel de regulación del mercado legal: la capacidad de las redes ilícitas para ocupar el espacio que deja el mercado regulado.
El caso de Lituania ofrece una imagen concreta de ese cambio. Ya no es solo una cuestión de mercancías que atraviesan las fronteras europeas ocultas en camiones o contenedores. Es también la aparición de instalaciones productivas dentro de la Unión, con maquinaria, materias primas y capacidad para fabricar grandes cantidades de producto falsificado.
Y España aporta otra pieza a ese mismo escenario. Aunque el peso del mercado ilícito sobre el consumo total se mantiene muy por debajo de la media europea, las falsificaciones han pasado de representar el 21% del consumo ilegal de cigarrillos en 2021 al 61% cuatro años después.
La tendencia
La tendencia, por tanto, no consiste únicamente en que exista más producto ilegal. Está cambiando la naturaleza del propio mercado negro.
De las rutas de contrabando a las redes de producción. De la mercancía introducida desde fuera a la falsificación realizada cada vez más cerca del consumidor. Y de un problema asociado principalmente a las fronteras a otro que también se desarrolla dentro de ellas.
La fábrica descubierta en Kaunas es un ejemplo de ese nuevo escenario. Y los datos de España muestran que la transformación no es ajena a uno de los grandes mercados europeos.
El mercado ilegal de nicotina ya no solo busca entrar en Europa. También está aprendiendo a fabricarse dentro de ella.