Igualdad máxima y mucha paciencia. Perú amaneció este lunes sin conocer todavía quién será su próximo presidente. Aunque la votación de la segunda vuelta presidencial ya se ha celebrado y existen proyecciones estadísticas sobre el resultado, la extrema igualdad entre Roberto Sánchez y Keiko Fujimori mantiene abierto el desenlace de una de las elecciones en Perú más ajustadas de la historia.
El conteo rápido elaborado por Ipsos sitúa a Sánchez con el 50,3% de los votos frente al 49,7% de Fujimori. Sin embargo, la diferencia entra dentro del margen de error y no permite declarar un vencedor.
Mientras tanto, el escrutinio oficial de la ONPE sigue avanzando y durante buena parte de la noche mantuvo una ventaja provisional para Fujimori. La aparente contradicción entre ambas cifras tiene una explicación relacionada con la forma en que llegan las actas electorales al sistema de recuento.
Por qué los resultados cambian según avanzan las actas
Los primeros datos del escrutinio suelen proceder de Lima y de otras grandes áreas urbanas. En estas zonas, Keiko Fujimori cuenta con una base electoral especialmente sólida, lo que explica que apareciera inicialmente por delante en el recuento oficial.
Sin embargo, el proceso es más lento en las regiones rurales, en los Andes y en determinadas zonas alejadas de los principales núcleos urbanos. Precisamente esos territorios figuran entre los principales bastiones electorales de Roberto Sánchez. A medida que esas actas se incorporan al escrutinio, las diferencias tienden a estrecharse.
Por ese motivo, las autoridades electorales y los analistas insisten en que los resultados provisionales deben interpretarse con cautela mientras continúa el procesamiento de votos.
Un proceso que puede durar semanas
Otra de las razones por las que Perú todavía no tiene presidente electo es el propio funcionamiento de su sistema electoral. La ONPE es la encargada de procesar y computar las actas, pero posteriormente pueden presentarse observaciones, reclamaciones e impugnaciones que deben ser resueltas por el Jurado Nacional de Elecciones (JNE).
La experiencia reciente muestra que estos procedimientos pueden prolongarse durante semanas. De hecho, los resultados definitivos de la primera vuelta celebrada en abril tardaron cerca de un mes en quedar completamente cerrados.
Diversos medios peruanos y fuentes internacionales señalan que la proclamación oficial del ganador podría retrasarse hasta julio si se producen recursos o controversias sobre determinadas actas. El propio JNE ha advertido de que los resultados finales podrían conocerse durante ese mes.
Qué se juega Perú en estas elecciones
La elección enfrenta dos proyectos políticos muy diferentes. Fujimori, líder de Fuerza Popular, ha centrado buena parte de su campaña en la lucha contra la inseguridad y en medidas orientadas a atraer inversión y reforzar la actividad económica. Sánchez, candidato de Juntos por el Perú y exministro durante el Gobierno de Pedro Castillo, propone reformas institucionales y un mayor papel del Estado en determinados sectores estratégicos.
El resultado es especialmente relevante para un país que ha tenido ocho presidentes en apenas una década y que continúa inmerso en una profunda crisis política e institucional.
La fecha clave: el 28 de julio
Pese a la incertidumbre actual, existe una fecha marcada en el calendario político peruano. El nuevo presidente de Perú debe asumir el cargo el próximo 28 de julio, día en que comienza oficialmente el nuevo mandato presidencial.
Hasta entonces, el país seguirá pendiente de cada actualización del escrutinio de las elecciones en Perú. La diferencia mínima entre ambos candidatos y la posibilidad de recursos sobre determinadas actas hacen prever que la batalla electoral continuará durante varios días, e incluso semanas, antes de que el país conozca oficialmente quién gobernará el país durante los próximos cinco años.