La segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Perú continúa completamente abierta. Roberto Sánchez y Keiko Fujimori mantienen una disputa voto a voto mientras avanza el escrutinio oficial de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), en una de las elecciones más ajustadas de los últimos años.
El dato que ha marcado las últimas horas es el conteo rápido elaborado por Ipsos para Transparencia, que otorga una ventaja mínima a Sánchez con el 50,3% de los votos frente al 49,7% de Fujimori. La diferencia es de apenas seis décimas y se encuentra dentro del margen de error de la muestra, por lo que los analistas siguen considerando que existe un empate técnico.
Mientras tanto, el escrutinio oficial continúa avanzando. Con más del 70% de las actas contabilizadas durante las últimas actualizaciones, la ONPE mantenía una ventaja provisional para Fujimori, aunque los expertos recuerdan que los primeros datos suelen proceder de Lima y otras zonas urbanas donde la candidata conservadora cuenta con más apoyo.
La situación podría modificarse a medida que se incorporen los votos procedentes de áreas rurales y de regiones andinas, territorios donde Sánchez ha obtenido mejores resultados durante la campaña. Esta diferencia en los ritmos de llegada de las actas explica por qué el escrutinio oficial y las proyecciones estadísticas muestran fotografías distintas de la elección.
Ninguno de los dos candidatos se ha proclamado vencedor. Sánchez ha pedido respeto al voto y a los procedimientos democráticos, mientras que Fujimori ha insistido en que todavía queda una parte importante del escrutinio por completarse y ha reclamado prudencia hasta conocer los resultados oficiales definitivos.
La ONPE ha reiterado que el único resultado con validez jurídica de las elecciones en Perú será el que surja del cómputo oficial de las actas electorales. Los ciudadanos pueden seguir el avance del escrutinio a través de la plataforma habilitada por el organismo electoral peruano.
La extrema igualdad entre ambos candidatos mantiene la incertidumbre sobre quién será el próximo presidente de Perú, un país que en la última década ha vivido una prolongada etapa de inestabilidad política y que espera conocer al sucesor del actual mandatario para la toma de posesión prevista el próximo 28 de julio.