Convulsa es la actualidad y cada vez es más necesario contar con información rigurosa y alejada del ruido para que la ciudadanía y el tejido empresarial puedan navegar entre las distintas regulaciones y comprender los efectos de los acontecimientos que terminan impactando en la economía. En este contexto, estamos ante un cambio de paradigma: el periodismo, los medios y la propia Europa afrontan su propia transformación. Sobre todo ello reflexiona David Córdova, presidente y fundador de DEMÓCRATA, en una conversación en la que repasa la evolución del medio, su apuesta por Europa y los principales desafíos en materia de regulación, economía y cómo influencia y la legitimidad social son cada día más importantes.
Desde esa perspectiva, Córdova aborda también el futuro de la profesión en tiempos de inteligencia artificial, el creciente peso de la regulación europea, el riesgo regulatorio para empresas y sectores y las dificultades que atraviesan las democracias occidentales. Una conversación que mira al presente, pero también al DEMÓCRATA que quiere construirse en los próximos años: más europeo, más tecnológico y con una vocación clara de poner contexto allí donde el ruido amenaza con ocupar todo el espacio.
PREGUNTA: DEMÓCRATA inició una nueva etapa en mayo de 2025. Se replanteó entero. ¿Qué vieron que obligaba a relanzar un medio que tenía apenas dos años de vida?
RESPUESTA: Hasta ese momento habíamos desarrollado el core: informar de toda la actividad parlamentaria en el Congreso y en el Senado y de las principales decisiones políticas. Una vez alcanzada esta primera fase era necesario abordar una nueva etapa. No es acertado hablar de relanzamiento. Sino de abordar la siguiente etapa: más ambiciosa y con vocación europea.
En estos tiempos de inteligencia artificial, el verdadero diferencial es el talento, la estrategia, la buena gestión operacional y la metodología. Se incorporó un Consejero Delegado con amplia experiencia en medios digitales, se reestructuró la redacción con una nueva dirección, se integró una nueva plataforma tecnológica y, sobre todo, decidimos que queríamos ser los primeros en leer toda la realidad desde la información legislativa y las políticas públicas. Y ha sido en esta fase donde prestamos mucha más atención a los algoritmos y a las redes sociales, lo que nos permitió innovar: pusimos en marcha nuestra propia herramienta de inteligencia artificial, Fren, que bebe sobre todo de bases de datos, y Poder Digital, que nace de mi curiosidad por entender cómo la legitimidad de los decisores es cada día más digital.
Pero insisto la clave es el talento. Tenemos un equipo gestor y una estructura de redacción que me atrevo a decir que son de los mejores que podríamos tener. Hemos pasado de 20.000 usuarios únicos mensuales en abril del año pasado a superar el millón. Pero el reto nunca ha sido el crecimiento de audiencia, sino ser útiles para los decisores: que DEMÓCRATA sea una herramienta de trabajo y de valor añadido para quien decide. Y perseverar en nuestra mirada territorial, que va más allá de la M-30 y llega hasta lo paneuropeo, porque muchas decisiones que afectan a la gente se toman en un ayuntamiento, en un parlamento autonómico, en el Congreso y en Bruselas. Contarlo entero es lo que nos define.
Hoy el desarrollo económico, la inteligencia artificial o la robótica se juega en las categorías políticas: queremos más o menos regulación; se impulsa más la autoregulación o el Estado decide los límites éticos y democráticos de los avances. Los mercados deciden invertir en unos u otros mercados o sectores si encuentran marcos regulatorios más favorables o por el contrario perjudiciales; por eso Demócrata es útil para todos pues evidenciamos estos debates, vemos las ineficiencias del mercado y los lectores se anticipan a los cambios políticos y legislativos.
Tanto en la fase inicial como en esta fase de poco más de un año nos ha permitido observar desde dentro el mercado de medios. En todo cambio de paradigma y de modelo de negocio hay oportunidades. Hay una cierta sensación de que estamos ante un nuevo tiempo de oportunidades, se asoma ya una posible etapa de concentración de medios y de cierto agotamiento de estructuras y de modelos.
Me parece que no siempre se ha sido justo con la industria de medios y su contribución, y hay que entender que hay mochilas muy pesadas sobre medios que ya tuvieron que adaptarse a internet y ahora a la inteligencia artificial. Sí, se transpira algo de pesimismo, que nosotros no tenemos. Venimos con aire fresco, sin mochilas, estamos saneados y tenemos, como te decía, talento, ambición, metodología y la ilusión y ganas de seguir creciendo. En el mercado, hay buenas marcas que, con músculo, disciplina operativa y productiva y vocación editorial, tendrían mucho más recorrido del que parece, porque la partida se juega ya en un terreno global.
"Sí, se transpira algo de pesimismo, que nosotros no tenemos. Venimos con aire fresco, sin mochilas, estamos saneados y tenemos, como te decía, talento, ambición, metodología y la ilusión y ganas de seguir creciendo"
P: Le hemos escuchado decir en diversas ocasiones que aspira a ser la compañía 100% europea de información parlamentaria y regulatoria. ¿Qué significa exactamente y por qué es tan importante este punto?
R: DEMÓCRATA tiene una vocación europea porque no podemos concebir la información parlamentaria y política sin tener en cuenta Europa. Pero no solo la información parlamentaria, es que no podemos concebir la vida de los ciudadanos, de nuestras empresas, de los sectores sin tener en cuenta toda la actividad que ocurre en Bruselas. El 80% de la regulación proviene de las instituciones europeas, por tanto, nos obliga atender también toda esa área.
Por otro lado, estamos hablando de un mercado de 450 millones de habitantes que se ven afectados también por la normativa, por la regulación.
Y en estos momentos de cambio de paradigma geopolítico, Europa está en un momento de máxima reflexión sobre cuál va a ser su futuro. Quiere ser también, en este caso DEMÓCRATA, una infraestructura multilingüe de análisis, de reflexión, de debate sobre ese nuevo papel que Europa va a tener en los próximos años.
P: “Europa debe contarse desde Europa”. ¿Qué quiere decir con esto y quién la está contando hoy?
R: No existe una narrativa europea, un relato propio. En estos dos años hemos hablado mucho, con el Informe Draghi o con el Letta, de soberanía digital, de soberanía industrial, de incrementar nuestras capacidades en Defensa y Seguridad. Sin embargo, no hemos hablado de soberanía mediática. Y yo me pregunto, ¿está realmente a salvo la soberanía mediática europea?
Europa tiene grandes medios nacionales, pero cada uno cuenta Bruselas desde la óptica de su país. Lo que no tiene es un medio paneuropeo capaz de explicar Europa a los europeos y, sobre todo, de contarla fuera. Los referentes que hoy fijan el relato global sobre Europa son anglosajones, con lógicas y prioridades editoriales que no son las nuestras. No se puede ser ingenuo ni se puede ser condescendiente con el oportunista.
Esto importa más que nunca por el cambio geopolítico. Europa necesita contarse en China, en América y en África, y necesita hacerlo con voz propia. Si no lo hacemos nosotros, ese espacio lo ocupará otro relato, y no todos los relatos son neutrales. La soberanía mediática es una infraestructura democrática, igual que la energética o la industrial, y conviene tenerla. En mis conversaciones en instituciones y con lideres europeos he encontrado interés para resolver esta necesidad.
P: Por lo que dice, DEMÓCRATA está un poco solo en esta apuesta de contar Europa desde Europa. ¿Es una oportunidad o una advertencia?
R: Creo que es una oportunidad, sin duda. Las instituciones europeas y los gobiernos están escuchando más que antes. Al final todos estamos preocupados por lo mismo: que un ciudadano de Jaén, una pyme de Sicilia o una organización sindical de Berlín entiendan lo que pasa en la Unión Europea. Probablemente empecemos nosotros este camino, pero estoy convencido de que acabará instalándose la necesidad de una narrativa propia.
Y es también una advertencia, porque llama la atención que esta reflexión la esté planteando un medio de nuestro tamaño y no un gran grupo europeo. Si lo pienso, tiene que ver con la independencia, en el sentido más prosaico del término: en 2025 alcanzamos el punto de equilibrio y este año 2026 vamos a dar beneficios. Era uno de nuestros objetivos principales, porque la independencia mediática solo se consigue si hay independencia económica. Quien depende de terceros para existir difícilmente puede plantear según qué debates.
Desde ahí, desde una vocación europeísta y constitucionalista, es desde donde hacemos esta apuesta. Sabiendo que somos pequeños y que nos queda un largo camino por recorrer.
P: Lo cual me lleva a la siguiente pregunta. Con su gorro de periodista, ¿cómo ve el ejercicio de la profesión? ¿Está en crisis?
R: Creo que está en crisis la forma de hacer periodismo. La necesidad de dar buena información sigue estando ahí. Últimamente escucho menos la palabra noticia. La noticia, la inmediatez, el que haya testigos en el momento narrando lo que sucede. Esto no te lo puede dar la IA, por ejemplo. Te va a ayudar, dará contexto, pero lo hemos vivido ahora en Ceuta, que menos mal que hemos tenido periodistas en el terreno contando lo que está sucediendo.
Los instrumentos van a cambiar y van a cambiar las maneras. Ahora mismo, contamos con unos superpoderes que son las inteligencias artificiales que nos agilizan el trabajo. Pero la observación, el juicio, el resumen, contarlo de manera entretenida y con un cariz propio que genere una experiencia en el lector es más necesario que nunca.
P: DEMÓCRATA ha puesto mucho foco en un asunto muy concreto: el riesgo regulatorio. ¿Qué es, por qué debería preocupar tanto a una empresa y qué sectores están peor o mejor preparados?
R: El riesgo regulatorio es toda la normativa y legislación que se aprueba tanto en instituciones europeas como en el Estado, comunidades autónomas y hasta lo local, que afecta a la vida de los ciudadanos, a los sectores económicos y a la actividad empresarial. Hoy nadie duda de que los mercados se ven afectados por las decisiones regulatorias. Hay muchos datos y evidencia.
Hasta hace poco, el riesgo regulatorio era una variable indeterminada que todos sabíamos que afectaba a nuestras organizaciones, pero no podíamos medirlo; ahora, ante la ingente normativa y regulación que afecta a toda la cadena de valor, tanto accionistas como acreedores están exigiendo una mejor previsión y gestión del riesgo regulatorio.
Hemos tenido un ejemplo reciente con la apertura de una consulta sobre un decreto de centros de datos. Solo por esta consulta, la cotización bursátil de algunas compañías expuestas por la fabricación y por el desarrollo de centros de datos se ha visto muy afectada. Por lo tanto, los mercados cada vez van a exigir más a las compañías cotizadas: no solo saber cómo les afecta la regulación o cómo cumplir con ella, sino qué están haciendo para anticiparse y trabajar. A los CEOs se les va a pedir que rindan cuentas sobre cómo se han anticipado ante el riesgo regulatorio. Y desde DEMÓCRATA vamos a hacer un trabajo especial para hacer un seguimiento muy específico de todos los cambios normativos y cómo afectan a ciudadanos, empresas y sectores económicos.
P: Si mira al mercado, ¿cuáles son los principales retos para entender hoy lo que se decide?
R: El primero es que la regulación ya no se decide en un sitio, sino en cuatro a la vez. Una misma norma nace en Bruselas, se transpone en las Cortes Generales, se desarrolla en diecisiete parlamentos autonómicos y aterriza en una ordenanza local. Ningún ciudadano ni ninguna empresa puede seguir eso manualmente, y sin embargo de ahí salen sus costes y sus obligaciones. Por eso estamos ampliando nuestra metodología de seguimiento legislativo y normativo, para cubrir no solo las Cortes sino los parlamentos autonómicos y, progresivamente, más allá de nuestras fronteras. La cobertura tiene que ser tan multinivel como lo es la propia regulación.
El segundo es que en Europa toda esa información es pública pero no es accesible. Está publicada, en miles de páginas, en lenguaje técnico y repartida en registros que nadie cruza. Publicado no es lo mismo que comprensible, y esa distancia es profundamente antidemocrática, porque en la práctica significa que solo pueden anticiparse quienes tienen un equipo dedicado a ello. Ahí es donde la inteligencia artificial tiene un papel real: nuestro asistente, Fren, existe para que cualquiera pueda preguntar en lenguaje natural y obtener una respuesta precisa sobre qué se está tramitando y en qué punto está. No es una herramienta de innovación por la innovación, es un intento de incrementar el acceso.
Y el tercero enlaza con lo que hablábamos antes. La conversación pública sobre las decisiones europeas ya no ocurre en los medios, ocurre en plataformas que no son europeas y cuyos criterios no controlamos. Ahí es donde una decisión de Bruselas se convierte en un bulo, o donde el mensaje de un decisor llega tergiversado o directamente no llega. Poder Digital, por ejemplo, nace de esa preocupación: medir la capacidad real que tienen los políticos de conectar con los ciudadanos en ese espacio. Entender cómo circula el relato sobre nuestras instituciones es hoy tan relevante como cubrir la institución misma.
"La conversación pública sobre las decisiones europeas ya no ocurre en los medios, ocurre en plataformas que no son europeas y cuyos criterios no controlamos"
P: Volviendo un poco al principio, que ha citado Bruselas. Cada vez más regulación que afecta a España se decide allí. No se puede cubrir Congreso sin cubrir el Parlamento Europeo.
R: Es convencimiento del global del equipo la imperiosa necesidad de cubrir las instituciones europeas de manera intensiva. De ahí la apuesta que hicimos hace más de un año en tener corresponsalía ya allí, porque hay que estar ahí para entender lo que pasa y entender cómo la regulación que se aprueba nos obliga a su cumplimiento en España.
Esto se ve también con el desarrollo cada vez mayor de los reglamentos europeos, que son de obligado cumplimiento inmediato en los Estados miembros. Nos obliga a hacer un seguimiento porque precisamente impactan directamente en la vida de los ciudadanos y en la vida de las empresas sin pasar por la sede legislativa.
P: Usted es además doctor en Derecho Constitucional. ¿Está en peligro la democracia?
R: A nuestro sistema democrático, a las democracias en Occidente, digamos que se les están estirando las costuras. Pero soy de los convencidos de que la democracia tiene una gran capacidad de estirar, estirar, estirar y aguantar sin romperse. Si bien es cierto, y es preocupante, que hay que estar atentos a que en los extremos de esas costuras estamos viviendo momentos muy delicados. Esto se manifiesta, en primer lugar, en una desafección, una desconfianza cada vez mayor de los ciudadanos, que se ven cada vez más alejados de la política.
Estamos observando también que hay electores jóvenes, y cada vez más, que están interesados en la política, sin embargo, no se sienten o no perciben que tengas sus canales suficientes de participación y que se les tenga en cuenta. Tenemos ahí un reto muy grande: esa desafección, esa no participación, convertirla en participación.
En segundo lugar, si hacemos un análisis de si la corrupción ha aumentado en Occidente o no, estaríamos seguramente de acuerdo en que no tenemos una percepción de que haya disminuido. Eso afecta mucho a la democracia.
La sangre que circula sobre la democracia es la confianza, y se está perdiendo, la están perdiendo los ciudadanos. No perciben que se tomen decisiones más adecuadas que les afectan a ellos, ni perciben tampoco que los casos de corrupción que pueda haber se solucionen inmediatamente.
Creo que es un error considerar que cuando hay un caso de corrupción se generalice y ya todos los políticos son corruptos. Así se hace mucho daño a la democracia. También sería un error universalizar y decir que todo el sistema es corrupto. Como demócratas, tenemos la obligación de informar y decir también las cosas que se hacen bien.
"Creo que es un error considerar que cuando hay un caso de corrupción se generalice y ya todos los políticos son corruptos"
P: Hablando precisamente de informar. Echando una mirada al horizonte, estamos en año pre electoral. ¿Cómo se cubre desde un medio parlamentario este periodo, cuando todo se vuelve un poco más ruidoso?
R: Todo el equipo está centrado en único reto: la política sin ruido. Eso se logra eliminando el ruido y escuchando cuáles son las propuestas reales políticas que afectan a los ciudadanos. Es decir, el trabajo que tenemos que hacer nosotros es informar de todas las visiones, de todas las propuestas, de cualquier color, pero que afecten a los ciudadanos.
No vamos a poner el acento en ese ruido político, en la parte del insulto, en el marketing, necesario para un desarrollo de las campañas electorales. Nosotros vamos a poner el foco en cómo afectan o pueden afectar las propuestas políticas a la economía, a una pyme, a una señora que está en casa, a un jubilado, a ese joven que no puede comprarse una vivienda, o a la preocupación de un agricultor, de un ganadero que está sufriendo o qué está pasando con el calentamiento global y la gestión hídrica, cada vez más relevante.
Me atrevo a decir que estamos obligados a hablar de la política con matices. Se han perdido los matices. Hoy es la política de los grandes titulares, de la brocha gruesa, y nosotros tenemos que hacer un trabajo más en profundidad.
P: “DEMÓCRATA es la casa de todos”. Es una cita suya. ¿Qué significa?
R: DEMÓCRATA es un medio plural y, como la propia democracia, acoge cualquier tipo de propuesta, opinión, sugerencia. Este no es un medio de trincheras. Nuestra obligación en el marco constitucional es escuchar, atender a todos los grupos parlamentarios y políticos sin distinción, por poner un ejemplo. Porque no los hemos votado nosotros, los han votado los ciudadanos.
Ahora bien, para que sea casa de todos, el trabajo que hacemos para nuestros lectores es distinguir muy bien qué es información y qué es opinión. Y eso se ve, porque una cosa es la información que estamos cubriendo y otra la opinión, esa parte que se distingue muy bien en DEMÓCRATA. Todo el mundo puede hablar.
Frente al insulto, frente a las barreras, frente al ‘esta opinión ya es mala de por sí’, DEMÓCRATA busca abrir ventanas, que corra el aire, porque estamos en una nueva época que nos exige eliminar ciertos prejuicios o formas de pensar, de hacer política, de trabajar, de hacer medios. Abrirnos, escuchar mucho, avanzar… Eso es hacer la casa de todos.
Al terminar queda la sensación de que la conversación ha ido dibujando un mapa y una pregunta cada vez más importante. Europa ha discutido en los últimos dos años su soberanía industrial, su soberanía digital y sus capacidades de defensa. No ha discutido quién la cuenta. Ni con qué voz se explica a sí misma dentro y fuera de sus fronteras. Que ese debate se plantee desde DEMÓCRATA dice menos del planteamiento que del vacío que lo hace necesario y que alguien tenía que nombrar. La pregunta, en todo caso, ya está formulada. Aspiramos a que DEMÓCRATA será parte de la respuesta.