Que la Unión Europea quiere reforzar su presencia en el Ártico no es ninguna sorpresa. Sin embargo, la clave de la estrategia comunitaria pasa ahora por un punto geográfico muy concreto: Groenlandia. Las amenazas norteamericanas sobre su integridad territorial y el repliegue de fuerzas defensivas impulsado por el presidente Donald Trump han empujado a Bruselas a redoblar su apuesta diplomática por la isla danesa de cara al próximo curso político.
De hecho, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, no ha querido esperar al pistoletazo de salida de la actividad política europea, marcado por el conocido como Discurso sobre el Estado de la Unión. La dirigente viajará hasta el territorio la próxima semana para mantener varios encuentros, entre ellos con la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, y con el jefe del Gobierno de las Islas Feroe. Una visita que viene a confirmar, según fuentes comunitarias, “el compromiso de Europa con el Ártico, con su seguridad y cooperación”, ámbitos que sitúan la región como “una prioridad clave para la Unión Europea”. De la cita, las dirigentes saldrán con una declaración conjunta entre la isla danesa y Bruselas, en un momento en el que el futuro político y estratégico de Groenlandia ha adquirido una relevancia creciente para la Unión.

La visita de Von der Leyen llega, además, después del desplazamiento de una misión de la Comisión de Asuntos Constitucionales del Parlamento Europeo hasta el territorio insular. El objetivo de los eurodiputados era comprobar de primera mano las necesidades de los groenlandeses y conocer sus prioridades respecto al futuro constitucional de la isla, su relación con Dinamarca y la Unión Europea y su papel estratégico en el Ártico.
“Si la Unión Europea quiere realmente consolidar su ambición geopolítica y su estatura políticamente relevante en la globalización, es imprescindible que tenga presente lo que está en juego en Groenlandia”, apunta el eurodiputado socialista Juan Fernando López Aguilar, en conversación con Demócrata a su regreso de la misión.
El vínculo europeo, entre la financiación y la soberanía
El viaje de los eurodiputados tenía también una segunda lectura: tomar el pulso a Groenlandia sobre su relación con la Unión Europea. Una relación que, pese a los vínculos históricos, económicos y políticos, está marcada por una decisión adoptada hace más de cuatro décadas. “No le gusta que la Unión Europea unilateralmente decida que Groenlandia es Unión Europea, porque ellos decidieron, por razones esencialmente económicas, desvincularse de la política pesquera común”, ejemplifica López Aguilar.
Para el dirigente canario, una de las principales bazas con las que cuenta Bruselas en su ofensiva diplomática es precisamente la financiación europea. Según reconoce, Groenlandia “aprecia enormemente la asistencia financiera de la Unión Europea” y añade que “a ellos les corresponde, de acuerdo con su autogobierno, la administración del incremento de esa asistencia”. Precisamente, la isla ocupará un papel importante en la composición del próximo Marco Financiero Plurianual (MFP), el presupuesto de la Unión para los próximos siete años. López Aguilar indica que, en los borradores que ahora mismo se encuentran en negociación en el Consejo Europeo, “Groenlandia más que duplica la partida financiera”. “Por supuesto, aprecian enormemente la solidaridad expresada por todas las instituciones europeas”, indica el eurodiputado.

Este aumento de la financiación forma parte de una discusión mucho más amplia sobre el próximo presupuesto europeo. El Grupo Socialista viene denunciando el nuevo paradigma presupuestario y la desaparición del escalón regional en la gestión de determinados fondos. En este contexto, López Aguilar subraya que, “en lo que se refiere a la financiación de overseas territories, hay un incremento sensible que tiene como destino fundamental Groenlandia”.
Se trata, en la práctica, de una especie de “diplomacia financiera” con la que Bruselas busca mantener su capacidad de influencia en un territorio que ya no forma parte de la integración europea plena. La Unión Europea no tiene competencias directas sobre Groenlandia precisamente porque la isla decidió abandonar la Comunidad Económica Europea en 1984, pero mantiene instrumentos de financiación, cooperación y apoyo político que permiten preservar y reforzar el vínculo. “Si queremos seguir presentes en Groenlandia como Unión Europea, tenemos que seducir y trabajar una continuidad de este objetivo; no incentivar su ruptura o su modificación”, aconseja López Aguilar.
La pesca, la línea roja de Nuuk
La razón que explica la voluntad de Groenlandia de mantener su distancia respecto al proyecto europeo tiene, además, un componente eminentemente económico. La pesca continúa siendo el elemento central de la relación de la isla con Bruselas, hasta el punto de condicionar buena parte de su posición sobre la integración europea. “Para Groenlandia, la política decisiva es la pesca, es de lo que vive la gente. Pesca artesanal y pesca industrial”, explica el eurodiputado.
El punto fundamental es que Groenlandia formaba parte de la integración europea desde la entrada de Dinamarca en 1973, pero en 1984 celebró un referéndum para modificar su estatus y pasar a ser un territorio de ultramar. Según explica López Aguilar, detrás de aquella decisión hubo una razón esencialmente económica: la voluntad de desvincularse de la Política Pesquera Común (PPC). “Ellos decidieron, por razones esencialmente económicas, desvincularse de la política pesquera común. Impone restricciones cuantitativas y cualitativas a las modalidades de pesca”, resume.

El socialista insiste en que, pese al proceso de diversificación económica experimentado en las últimas décadas, especialmente con el crecimiento del turismo, los eurodiputados han podido constatar durante la misión sobre el terreno que la pesca continúa siendo una de las principales fuentes de ingresos y un elemento estructural de la economía groenlandesa.
“La pesca, tanto tradicional, incluso con arpón desde kayak a las ballenas, como la pesca industrial, es fundamental en su economía”, señala. Y añade, con una sonrisa, que “no hay nadie en Groenlandia que no tenga un barquito”. La cuestión pesquera permite entender, por tanto, por qué cualquier estrategia europea de aproximación a Groenlandia debe tener en cuenta las particularidades económicas y políticas de la isla. El refuerzo de la presencia europea en el Ártico no puede plantearse únicamente desde una perspectiva de seguridad o geopolítica, sino que debe incorporar también las prioridades económicas y el modelo de autogobierno groenlandés.
Una cuestión geopolítica que trasciende a Groenlandia
Las conclusiones de la misión parlamentaria se materializarán en un informe por escrito, pero el diagnóstico político trasladado por los eurodiputados apunta ya a una idea central: para los groenlandeses no resulta aceptable que la Unión Europea dé por hecho que su territorio forma parte del proyecto europeo, pese a los profundos vínculos existentes y al paraguas de seguridad del que se benefician.
Por ello, López Aguilar considera que cualquier estrategia destinada a estrechar el vínculo debe evitar ignorar precisamente el motivo por el que Groenlandia decidió abandonar la integración plena. “Tenemos que seducir; no incentivar su ruptura”, resume.
La frase adquiere especial relevancia en el actual contexto geopolítico. Groenlandia se ha convertido en una pieza estratégica del Ártico, una región en la que confluyen intereses europeos, norteamericanos y de otras potencias y donde el deshielo está abriendo nuevas posibilidades económicas, comerciales y energéticas al mismo tiempo que incrementa su valor estratégico. Es por ello que el próximo viaje de Von der Leyen, más allá de las amenazas norteamericanas, cobra una especial relevancia. La anterior visita de la presidenta de la Comisión se produjo en 2024 y sirvió como antecedente para la apertura de una oficina de la Unión Europea en Nuuk, la capital groenlandesa, un año más tarde.

Desde entonces, la dirigente comunitaria ha venido recordando la fuerte colaboración existente entre los europeos y los groenlandeses, al tiempo que insiste en una premisa política fundamental: el futuro de Groenlandia corresponde decidirlo a sus propios ciudadanos. Ahora, Bruselas busca convertir esa declaración política en una estrategia de mayor presencia sobre el terreno. La financiación, la cooperación, la seguridad y el diálogo político se presentan como las principales herramientas para consolidar una relación que la Unión Europea considera cada vez más estratégica.
El reto para Bruselas será, precisamente, mantener ese equilibrio entre ambición geopolítica y respeto por la autonomía groenlandesa. La Unión quiere estar en el Ártico y considera Groenlandia una pieza esencial para hacerlo, pero su capacidad de influencia dependerá de que consiga ofrecer incentivos suficientes para mantener el vínculo sin que estos sean percibidos como una presión para recuperar una integración europea que Nuuk decidió abandonar hace más de cuarenta años.
En ese escenario, la visita de Von der Leyen supone algo más que un viaje institucional. Es una nueva señal de que el Ártico ha dejado de ocupar un lugar periférico en la agenda comunitaria y de que Groenlandia se encuentra ya en el centro de la estrategia europea para reforzar su presencia geopolítica en una de las regiones que más rápidamente está transformando el equilibrio internacional.