Desde Ankara, enviado especial.– La presión de Donald Trump, la guerra de Ucrania y el deterioro del escenario de seguridad europeo han provocado el mayor giro presupuestario en la historia reciente de la OTAN. Lo que hace apenas unos años era una recomendación política —destinar el 2% del PIB a Defensa— se ha convertido en el nuevo suelo de la Alianza. Ahora el verdadero horizonte está mucho más arriba.
A pocas horas del inicio de la Cumbre de Ankara, la OTAN ha publicado su informe anual sobre gasto en defensa, el primero que refleja el nuevo compromiso adoptado por los aliados en la cumbre de La Haya de 2025: elevar progresivamente la inversión hasta el 5% del PIB en 2035, repartido entre un 3,5% de gasto militar directo y otro 1,5% destinado a infraestructuras, industria y capacidades relacionadas con la seguridad.
Las cifras correspondientes a 2026 muestran que Europa ha acelerado como nunca su rearme. El informe habla de un incremento nominal superior al 19% del gasto europeo y canadiense entre 2024 y 2025 y confirma que la inmensa mayoría de aliados ya ha dejado atrás el viejo debate sobre el 2%. La discusión en Ankara ya no es si gastar más, sino quién será capaz de llegar antes al nuevo listón del 5%.
Los bálticos marcan el camino
Si durante años los países del este reclamaban a sus socios un mayor esfuerzo frente a Rusia, ahora son ellos quienes encabezan la clasificación. Lituania lidera toda la OTAN con un gasto equivalente al 5,33% del PIB, convirtiéndose en el primer aliado que supera el objetivo fijado para dentro de una década. Muy cerca aparece Estonia, con un 5,30%, mientras que Letonia, con un 4,92%, se queda a apenas unas décimas de cruzar la barrera simbólica del 5%. El cuarto gran protagonista es Polonia, convertida en el auténtico gigante militar del flanco oriental. Varsovia destina ya el 4,68% de su PIB a Defensa, una cifra impensable hace apenas unos años y que consolida su apuesta por convertirse en la principal potencia militar terrestre de Europa. El mensaje que envían los países fronterizos con Rusia es claro: para ellos, el nuevo objetivo no es una meta para 2035, sino una realidad prácticamente alcanzada.
Aunque lidera el gasto absoluto de toda la Alianza, Estados Unidos continúa destinando un 3,17% del PIB a Defensa, muy lejos todavía del nuevo compromiso del 5% que Washington impulsó durante las negociaciones.
En una situación similar se encuentran Noruega (3,17%), Suecia (3,22%) y Dinamarca (3,49%), países que ya superan ampliamente el antiguo umbral del 2%, pero que todavía deberán aumentar significativamente sus presupuestos durante la próxima década. La fotografía demuestra que incluso los aliados tradicionalmente más comprometidos deberán seguir incrementando el esfuerzo financiero si quieren cumplir el calendario acordado.
España abandona el vagón de cola
Uno de los cambios más significativos del informe afecta a España. Después de años ocupando las últimas posiciones del ranking aliado y siendo objeto habitual de las críticas de Washington, Madrid aparece por primera vez cumpliendo el objetivo histórico del 2% del PIB, situándose exactamente en ese porcentaje.

España deja así de formar parte del grupo de incumplidores y se integra en el bloque mayoritario de aliados que ya han alcanzado el compromiso adquirido en la cumbre de Gales de 2014. Junto a ella figuran Bélgica (2%), Italia (2,10%), Canadá (2,13%), Francia (2,22%) y Alemania (2,67%), países que han acelerado notablemente sus inversiones desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania.
Sin embargo, el dato también refleja la magnitud del desafío pendiente: alcanzar el 2% ya no basta. Con el nuevo horizonte del 5%, incluso los países que hoy cumplen deberán prácticamente duplicar su esfuerzo presupuestario durante la próxima década.
Solo un aliado sigue por debajo del mínimo
La clasificación deja un único suspenso. Eslovenia aparece como el único miembro de la OTAN que todavía no alcanza el 2% del PIB, al situarse en el 1,61%.
No obstante, la propia organización introduce una nota explicativa. Tras el cambio de Gobierno producido en junio de este año, Liubliana ha comunicado a la Alianza que presentará inmediatamente después de la Cumbre de Ankara un nuevo plan financiero para superar el 2% antes de finalizar 2026 y fijar una senda que le permita aproximarse al objetivo del 3,5% de gasto militar establecido para 2035.
También Eslovaquia se ha comprometido a revisar su planificación presupuestaria durante los próximos meses para acelerar el incremento del gasto.
Más allá de la clasificación, el informe deja una conclusión política evidente que sobrevuela todas las reuniones de Ankara: la discusión sobre el 2% pertenece ya al pasado. Durante más de una década ese porcentaje simbolizó el compromiso de los aliados con la defensa colectiva. Hoy se ha convertido en el punto de partida. El nuevo consenso nacido en La Haya, impulsado por la presión estadounidense y por la creciente amenaza rusa, obliga a todos los miembros a preparar presupuestos de defensa sin precedentes desde el final de la Guerra Fría. La OTAN entra así en una nueva etapa en la que la capacidad militar dejará de medirse por el cumplimiento del viejo umbral y empezará a hacerlo por la velocidad con la que cada país sea capaz de recorrer el camino hacia el 5% del PIB.