Un único dato incorrecto introducido en el sistema de control aéreo británico puede estar detrás del caos que esta semana dejó miles de vuelos cancelados y a cientos de miles de pasajeros afectados. Las primeras investigaciones apuntan a que la avería sufrida el martes 8 de septiembre por NATS, el proveedor del control aéreo de Reino Unido, se desencadenó después de que el sistema recibiera información anómala relacionada con el plan de vuelo de una aeronave militar.
El problema afectó al sistema de procesamiento de datos de vuelo, una infraestructura fundamental para gestionar los planes que utilizan los controladores. La avería se prolongó durante aproximadamente cuatro horas y obligó a reducir drásticamente la capacidad operativa, provocando cancelaciones, retrasos y desvíos en aeropuertos como Heathrow, Gatwick, Manchester, Stansted y Birmingham.
NATS insiste en que la seguridad aérea no estuvo comprometida. Precisamente, cuando un sistema crítico deja de funcionar correctamente, la respuesta consiste en reducir el número de aviones que pueden gestionarse de manera segura. El resultado puede ser un enorme caos para los pasajeros sin que eso implique que los aviones que continúan volando estén operando sin control.
Un avión militar aparece en el origen del problema
La causa definitiva todavía no ha sido publicada oficialmente, pero la investigación ha dado un giro importante.
Según informaciones del Financial Times y The Times, responsables de NATS han explicado al sector que el fallo habría comenzado cuando una aeronave militar transmitió datos de vuelo “espurios” o anómalos que el sistema no consiguió procesar correctamente. Esa información desencadenó el bloqueo de la plataforma utilizada para gestionar los planes de vuelo.
Esto no significa necesariamente que el piloto o el Ejército británico cometieran un error.
El Ministerio de Defensa británico ha señalado que no dispone de indicios de que existiera un fallo atribuible a una aeronave militar y ha pedido esperar a las conclusiones de la investigación de NATS. Por tanto, el dato clave no es todavía quién introdujo una información incorrecta, sino por qué un sistema crítico fue incapaz de aislarla sin provocar una avería de semejante magnitud.
Qué es exactamente lo que dejó de funcionar
NATS recibe y procesa constantemente los planes de vuelo de los aviones que atraviesan o utilizan el espacio aéreo británico.
Esos planes contienen, entre otros elementos, el origen y destino, la ruta prevista, puntos de paso, altitud y otra información necesaria para que los controladores sepan qué aeronaves van a entrar en cada sector.
El martes, el problema se produjo en el Flight Data Processing System, encargado de transformar esa enorme cantidad de información en datos utilizables por la red de control aéreo. NATS identificó públicamente desde las primeras horas que la incidencia estaba localizada en su sistema de procesamiento de vuelos.
Cuando ese sistema dejó de funcionar con normalidad, NATS tuvo que restringir la cantidad de tráfico que podía aceptar, lo que provocó inmediatamente que los aeropuertos comenzaran a acumular aviones en tierra.
Por qué cuatro horas provocaron varios días de caos
La duración de la avería puede parecer relativamente limitada frente al impacto que produjo.
El problema es que la aviación comercial funciona mediante una cadena extremadamente ajustada. Un mismo avión puede realizar varios vuelos durante una jornada y una misma tripulación enlaza diferentes trayectos. Si el primer vuelo queda bloqueado durante horas, el avión y los trabajadores pueden encontrarse posteriormente en el aeropuerto equivocado.
Cuando NATS consiguió solucionar la incidencia, la infraestructura técnica podía volver a funcionar, pero la red aérea ya estaba completamente desorganizada.
Heathrow llegó a suspender las llegadas durante el resto de la jornada y las aerolíneas tuvieron que recolocar aviones, tripulaciones y pasajeros. La consecuencia fue que las cancelaciones siguieron acumulándose al día siguiente pese a que el fallo informático ya había sido corregido.
Entre el martes y el miércoles, más de 2.000 vuelos terminaron cancelados, además de numerosos retrasos y desvíos.
El dato más preocupante: no había un respaldo idéntico
La investigación deberá aclarar especialmente otro elemento: por qué el sistema no pudo continuar funcionando mediante una plataforma de respaldo equivalente.
Las informaciones conocidas apuntan a que NATS se encuentra inmersa en una modernización de sus sistemas y que el sistema de procesamiento afectado no disponía de un segundo sistema completamente duplicado capaz de asumir inmediatamente toda la carga. Crear esa réplica resultaría especialmente costoso y complejo.
Este punto es fundamental para valorar el riesgo de una nueva avería.
Las infraestructuras críticas suelen incorporar redundancias para evitar que el fallo de una sola pieza paralice todo el servicio. Pero tener sistemas de respaldo no significa necesariamente disponer de una copia idéntica que pueda sustituir automáticamente a cualquier plataforma en cuestión de segundos.
Precisamente, una de las preguntas que deberá responder la investigación es si las alternativas disponibles eran suficientes para una infraestructura que gestiona uno de los espacios aéreos más congestionados del mundo.
Ya ocurrió algo parecido en 2023
La inquietud de las aerolíneas se explica porque no es la primera gran caída reciente de NATS.
El 28 de agosto de 2023, un plan de vuelo con una combinación excepcional de datos provocó otro fallo en el sistema automático de procesamiento. La incidencia obligó a pasar temporalmente a procedimientos manuales y terminó afectando a unos 700.000 pasajeros, con un coste estimado para viajeros e industria de entre 75 y 100 millones de libras.
Una investigación independiente realizada posteriormente formuló 34 recomendaciones dirigidas a NATS, la Autoridad de Aviación Civil, las compañías aéreas, los aeropuertos y el Gobierno británico.
NATS aseguró haber aplicado las medidas que le correspondían, y en julio de 2025 el Gobierno informó de que muchas ya habían sido verificadas por el regulador.
Por eso el nuevo incidente ha generado una reacción especialmente dura entre las compañías aéreas: un problema relacionado nuevamente con el procesamiento de planes de vuelo ha conseguido producir otra interrupción nacional pese a las reformas emprendidas después de 2023.
Ryanair y Wizz Air cuestionan la fiabilidad de NATS
Las críticas han sido particularmente contundentes por parte de las aerolíneas de bajo coste.
Ryanair ha pedido la dimisión del consejero delegado de NATS, Martin Rolfe, mientras Wizz Air considera necesaria una reforma profunda del proveedor británico de control aéreo. Ambas compañías sostienen que una infraestructura nacional crítica no debería provocar repetidamente interrupciones de esta magnitud.
NATS ha defendido que sus sistemas son seguros y ha pedido disculpas por las consecuencias de la avería.
Rolfe reconoció inicialmente que todavía no conocían exactamente qué había provocado el problema y aseguró que sería necesaria una investigación completa antes de establecer responsabilidades.
¿Puede volver a ocurrir?
Sí, técnicamente puede volver a producirse una avería, aunque todavía es demasiado pronto para determinar si podría repetirse exactamente el mismo fallo.
Hay que distinguir dos cuestiones.
Si la investigación confirma que un formato concreto de datos provocó el bloqueo, NATS puede desarrollar filtros o modificaciones de software para impedir que esa misma combinación vuelva a derribar el sistema. Algo similar ocurrió después de la incidencia de 2023.
Pero el verdadero problema de fondo es otro: ningún sistema informático complejo puede garantizar que jamás sufrirá un fallo inesperado. La cuestión es si existe suficiente redundancia para que el error de una plataforma no termine afectando a toda la red.
La ausencia de un respaldo completamente equivalente y la repetición de incidentes en pocos años son precisamente los elementos que ahora examinarán los reguladores.
La Autoridad de Aviación Civil abre una revisión independiente
El Gobierno británico ha dado a NATS una semana para entregar un informe detallado sobre lo sucedido.
Además, la Civil Aviation Authority (CAA) realizará una revisión independiente para determinar no solo la causa técnica, sino también si NATS dispone actualmente de una infraestructura suficientemente resistente frente a futuras averías.
El regulador deberá analizar el funcionamiento de los sistemas alternativos, los procedimientos utilizados durante la crisis, la velocidad de recuperación y la capacidad de la compañía para evitar que un error localizado vuelva a extenderse por toda la red.
Lo que todavía no se sabe
A falta del informe definitivo, quedan varias preguntas sin respuesta.
Todavía debe aclararse qué dato concreto desencadenó el fallo, por qué el software no consiguió rechazarlo, qué relación tuvo exactamente el avión militar señalado y por qué los mecanismos alternativos no permitieron mantener una mayor capacidad de tráfico.
Tampoco puede afirmarse todavía que exista un defecto idéntico al que provocó la crisis de 2023.
Lo que sí está claro es que el incidente del 8 de septiembre ha convertido la resiliencia tecnológica de NATS en el centro del debate. El sistema evitó comprometer la seguridad reduciendo el tráfico, pero lo hizo a costa de dejar en tierra miles de vuelos.
Y esa es precisamente la cuestión que deberá resolver la investigación: no solo por qué falló una máquina, sino por qué el fallo de esa máquina fue capaz de paralizar durante horas una parte tan importante de la aviación británica.