El presidente francés, Emmanuel Macron, acompañado de su homólogo de Ruanda, Paul Kagame, ha inaugurado este martes en París un monumento conmemorativo dedicado a las víctimas del genocidio de 1994 contra la población tutsi en Ruanda.
“Este monumento es (...) la culminación de una larga y paciente labor de búsqueda de la verdad, que hemos asumido colectivamente y que se nutre de décadas de testimonios y relatos escritos, investigaciones y una movilización incansable”, ha señalado el jefe del Estado francés durante la ceremonia, celebrada a orillas del río Sena.
Kagame, antiguo dirigente de la rebelión tutsi del Frente Patriótico Ruandés (FPR), ha subrayado que “afrontar las responsabilidades históricas requiere verdadero coraje”, puesto que “genera una feroz oposición por parte de quienes se oponen a ello”. “Presidente Macron, quiero felicitarle por ambas cualidades: valentía y humanidad”, ha añadido.
El monumento, compuesto por una doble estela de latón negro situada junto al Sena y diseñada por un artista portugués, incluye una inscripción en recuerdo de los cientos de miles de hombres, mujeres y niños asesinados entre abril y julio de 1994 en Ruanda.
En 2021, Macron reconoció la “enorme responsabilidad” de Francia en el genocidio durante un discurso en Kigali, tras la difusión de un informe elaborado por un grupo de historiadores que concluyó que París fue cómplice de las matanzas al reforzar la visión binaria y étnica del país, en el contexto del sólido respaldo a la dictadura del entonces presidente Juvénal Habyarimana.
Dicho informe también señaló que el Ejecutivo francés, liderado entonces por François Mitterrand, desoyó las alertas de los servicios de Inteligencia militar sobre la preparación de las matanzas y mantuvo su apoyo al régimen hutu.
El Consejo de Seguridad de la ONU autorizó el 22 de junio de 1994 la denominada 'Operación Turquesa', impulsada por Francia, que permitió salvar a cientos de miles de civiles en el suroeste de Ruanda. No obstante, sus detractores sostienen que esa intervención facilitó la huida de los responsables hutus de las matanzas, que pudieron eludir a la justicia internacional.
Macron, sin embargo, evitó hablar de la “complicidad directa” de Francia y no presentó disculpas oficiales en nombre del Estado, aunque la comisión que elaboró el informe —creada por iniciativa suya— supuso un primer intento de recomponer las relaciones entre París y Kigali, deterioradas hasta el punto de que ambos países rompieron lazos diplomáticos entre 2006 y 2009.
En paralelo, un tribunal de apelaciones de París ha anulado recientemente la decisión de archivar los cargos por conspiración para cometer genocidio contra Agathe Habyarimana, viuda del expresidente ruandés Juvenal Habyarimana, lo que abre la puerta a la reactivación del procedimiento judicial en su contra.
Las acusaciones sostienen que Agathe Habyarimana integraba el núcleo duro del Akazu, un círculo de extremistas hutu formado por familiares y personas del entorno cercano del expresidente, que impulsó el genocidio desencadenado en abril de 1994 en Ruanda.
El derribo con un misil, en 1994, del avión en el que viajaban el presidente de Ruanda, Juvenal Habyarimana, y el presidente de Burundi, Cyprien Ntaryamira, se considera el detonante inmediato del genocidio en el país africano.
Las raíces del enfrentamiento entre hutus y tutsis se remontan a varias generaciones, pero la muerte de Habyarimana dio paso a matanzas masivas lideradas por la milicia hutu Interahamwee, que acabaron con la vida de unos 800.000 tutsis y hutus moderados en apenas cien días de violencia en 1994.