Keir Starmer no atraviesa su mejor momento político. La estabilidad del Gobierno británico se enfrenta a otro delicado momento tras la dimisión del ministro de Defensa, John Healey, que ha abandonado su cargo este jueves acusando al primer ministro de “poner en riesgo la seguridad del Reino Unido”.
Un grave reproche que vuelve a hacer tambalear los cimientos del Ejecutivo británico. Porque esta crisis, no es aislada. Reino Unido vive momentos de tensión con incidentes en Belfast, que sufrió anoche una segunda ola consecutiva de disturbios en los que grupos violentos han incendiado coches y contenedores y han atacado viviendas de personas migrantes.
La tensión estalló tras el apuñalamiento en plena calle de un hombre por parte de un solicitante de asilo sudanés, un hecho que ha sido utilizado como detonante la extrema derecha británica para movilizar protesta.
Una extrema derecha que puso a prueba al primer ministro laborista el pasado mes de mayo, cuando logró imponerse en las elecciones locales que empujaron a Starmer al borde de la dimisión.
Acusaciones por el gasto en defensa
Conviene ir paso a paso para entender en qué situación se halla el primer ministro británico. En primer lugar, la salida de Healey este jueves, que se produce tras el bloqueo de las negociaciones entre Defensa y Finanzas sobre la financiación del nuevo plan de inversión militar, lo que ha dejado en el aire parte de la estrategia de modernización de las Fuerzas Armadas británicas.
El ya exministro ha defendido en reiteradas ocasiones que el país necesita un mayor esfuerzo presupuestario ante el aumento de las amenazas internacionales.
Según el exresponsable de Defensa, el plan del Gobierno contemplaba un incremento muy limitado del gasto militar, pasando del 2,6% al 2,68% del PIB en los próximos años, una cifra que considera insuficiente frente a los compromisos asumidos por el Reino Unido en el marco de la OTAN.
Estas previsiones contrastan con los compromisos previos de alcanzar el 3% en la próxima legislatura y el 3,5% en 2035, lo que ha alimentado las críticas internas y la tensión en el seno del Ejecutivo.
Dimisión en forma de misiva
En su carta de dimisión, compartida a través de sus redes sociales, Healey ha denunciado que el Ejecutivo no ha sido capaz de garantizar los recursos necesarios para reforzar la seguridad nacional.
My letter to the Prime Minister pic.twitter.com/j9z9nmLCb1
— John Healey (@JohnHealey_MP) June 11, 2026
El exministro sostiene que el plan de inversión en defensa requería un compromiso presupuestario mucho más ambicioso para responder al nuevo contexto geopolítico.
El conflicto entre el Ministerio de Defensa y el Tesoro ha terminado por fracturar el núcleo del Ejecutivo, evidenciando las diferencias dentro del Gobierno sobre las prioridades económicas y de seguridad.
Un Gobierno debilitado tras el revés electoral
Pero la crisis interna se agrava por el desgaste político del Partido Laborista, que sufrió el pasado 8 de mayo un importante retroceso en las últimas elecciones locales en beneficio del partido populista de extrema derecha Reform UK, liderado por Nigel Farage.
Sin embargo, Farage no fue el único que pidió la dimisión de Starmer. Las voces críticas contra el laborista dentro de su formación no tardaron en hacerse oír. Es el caso de su líder en la ciudad de Hull, Daren Hale, donde la formación perdió siete concejales tras esos últimos comicios.
También Rebecca Long-Bailey, diputada laborista por Salford, en el Gran Mánchester, y aspirante a liderar el partido en 2020, lamentó la pérdida de “un gran número de concejales y candidatos laboristas realmente buenos” que, a su juicio, responde a decisiones adoptadas por la formación a nivel nacional en “toda una serie de cuestiones”.
Belfast brinda alas a la extrema derecha
Pero el malestar en el Ejecutivo británico no se detiene ahí. Los altercados en Belfast se han extendido con rapidez en estos últimos días, con escenas de fuego en las calles, enfrentamientos con la policía y ataques dirigidos contra comunidades de personas migrantes, en un clima de creciente polarización social.
Los episodios se enmarcan en un contexto más amplio de tensión en Reino Unido. En julio de 2024, tres niñas de 6, 7 y 9 años fueron apuñaladas por un joven de 17 años nacido en Cardiff, cuya familia había llegado al país huyendo del genocidio en Ruanda. Aquel caso fue utilizado por la extrema derecha para impulsar movilizaciones contra la inmigración.
Posteriormente, en diciembre de 2025, otro asesinato —cometido por un hombre de religión sikh con un puñal tradicional— volvió a desencadenar disturbios similares, con llamamientos a la protesta realizados por figuras de la derecha radical, entre ellas Farage, que apeló a una “rabia pura y fría”.
Para Starmer, el responsable de los disturbios es directamente al propietario de la red social X, Elon Musk, a quien ha llegado a acusar de contribuir a la polarización política en el país difundiendo mensajes que afirman que el Gobierno “odia a los blancos”.
Un escenario de creciente inestabilidad política y social en el que el primer ministro británico afronta uno de los momentos más delicados desde su llegada a Downing Street.