Los suizos han rechazado de forma contundente la denominada "iniciativa sobre la neutralidad", una propuesta que pretendía fijar en la Constitución una interpretación mucho más estricta de uno de los principios históricos de la política exterior del país. Las proyecciones del instituto gfs.bern para la radiotelevisión pública SRF sitúan el "no" alrededor del 70%, mientras Reuters señala que la iniciativa tampoco ha conseguido la mayoría de los cantones necesaria para prosperar, por lo que su derrota ya se considera efectiva a falta del resultado definitivo.
El referéndum no preguntaba si Suiza debía abandonar su neutralidad. El país seguirá siendo neutral y continuará fuera de la OTAN, como hasta ahora. Lo que estaba en juego era hasta dónde podía llegar esa neutralidad: si debía mantenerse la flexibilidad actual para adoptar sanciones o cooperar militarmente con otros países, o si esas posibilidades debían quedar fuertemente limitadas mediante una nueva disposición constitucional.
Qué quería cambiar la iniciativa
La propuesta, impulsada por la asociación Pro Schweiz y respaldada principalmente por el conservador Partido Popular Suizo (SVP), buscaba establecer que la neutralidad del país fuera "perpetua y armada". Suiza no podría incorporarse a ninguna alianza militar o defensiva ni colaborar con ella salvo que estuviera siendo atacada o existiera una amenaza militar inminente. La medida habría afectado, por ejemplo, a determinadas actividades de entrenamiento y cooperación que las Fuerzas Armadas suizas mantienen actualmente con la OTAN.
También habría supuesto un cambio importante en materia de sanciones internacionales. La iniciativa pretendía impedir que Berna adoptara medidas económicas contra Estados implicados en conflictos armados, excepto cuando fueran aprobadas por Naciones Unidas o cuando fueran necesarias para evitar que Suiza se utilizara para eludir sanciones. En la práctica, habría dificultado repetir la decisión tomada en 2022, cuando el Gobierno suizo adoptó gran parte de las sanciones de la Unión Europea contra Rusia después de la invasión de Ucrania.
Las sanciones contra Rusia, en el centro del debate
Precisamente la guerra de Ucrania estuvo en el origen de buena parte de la discusión. Los promotores de la iniciativa sostienen que la adopción de sanciones europeas contra Moscú erosionó la credibilidad de Suiza como país neutral y dificultó su tradicional papel de intermediario en conflictos internacionales. El SVP argumentó durante la campaña que Berna se había aproximado demasiado a la Unión Europea y a la OTAN y defendió recuperar una interpretación más estricta de la neutralidad.
El Gobierno suizo y la mayoría de los partidos políticos defendieron la posición contraria. Su argumento era que la neutralidad necesita un cierto margen de adaptación ante las crisis internacionales y que prohibir constitucionalmente determinadas sanciones o formas de cooperación podría reducir la capacidad de Suiza para defender sus propios intereses. El ministro de Exteriores, Ignazio Cassis, sostuvo durante la campaña que la propuesta perjudicaría a la seguridad nacional y limitaría incluso los entrenamientos conjuntos con la OTAN.
Suiza seguirá colaborando con la OTAN sin convertirse en miembro
El resultado no implica una entrada de Suiza en la Alianza Atlántica. El país no pertenece a la OTAN y mantiene la obligación de no participar militarmente en guerras entre otros Estados, pero desde hace décadas coopera con la organización en programas de seguridad, formación e interoperabilidad. El rechazo a la iniciativa permite mantener abierta esa colaboración sin introducir en la Constitución la prohibición que proponían sus promotores.
Esa distinción fue uno de los puntos centrales de la campaña: los partidarios del "sí" consideraban que la cooperación creciente podía diluir progresivamente la neutralidad, mientras sus adversarios defendían que trabajar con países vecinos y organizaciones internacionales no equivale a incorporarse a una alianza militar. Según el análisis de Swissinfo, la votación muestra que una mayoría de los ciudadanos prefiere mantener una versión de la neutralidad que permita al Gobierno conservar cierto margen de actuación.
Una neutralidad reconocida desde hace más de dos siglos
La neutralidad permanente de Suiza fue reconocida internacionalmente en 1815, después de las guerras napoleónicas, y está integrada en su orden constitucional desde 1848. Ha permitido al país mantenerse fuera de grandes conflictos europeos y desarrollar un papel diplomático como sede de negociaciones y representante de los intereses de países que han roto relaciones entre sí. Sin embargo, la Constitución no establece con detalle cómo debe aplicarse esa neutralidad en cada crisis internacional, y esa flexibilidad era precisamente lo que pretendía reducir la iniciativa votada este domingo.
Para aprobar una iniciativa popular federal en Suiza hace falta una doble mayoría: la de los votos emitidos en todo el país y la de los cantones. Las proyecciones indican que la propuesta queda muy lejos de la primera y Reuters confirma que tampoco alcanza la segunda, por lo que el cambio constitucional queda descartado.
El resultado mantiene la política actual
El rechazo deja esencialmente intacta la situación vigente: Suiza continuará sin integrarse en alianzas militares, pero podrá seguir cooperando con la OTAN y conservará la posibilidad de adoptar sanciones internacionales sin limitarse únicamente a las aprobadas por Naciones Unidas. Eso significa también que las medidas aplicadas contra Rusia no quedan cuestionadas automáticamente por el resultado del referéndum.
El resultado no cierra, sin embargo, el debate sobre hasta dónde debe llegar la neutralidad suiza en una Europa marcada por la guerra de Ucrania y el aumento del gasto militar. Lo que las urnas parecen haber descartado este domingo es convertir esa neutralidad en una regla constitucional mucho más rígida que limite de antemano la capacidad del Gobierno para imponer sanciones o cooperar con sus socios europeos y con la OTAN.