Sin manual de instrucciones, así se diseñó la campaña de las primeras elecciones

Estrategas y candidatos de las elecciones generales de 1977 recuerdan en Demócrata las carencias de campaña, el derroche de imaginación y hasta los bailes de candidatos: "Yo es que soy de Alianza Popular, '¿qué más da, si aquí nadie lo sabe?"

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Este lunes se celebra el aniversario de las primeras elecciones democráticas en España. El 15 de junio de 1977 más de 18 millones de españoles estaban llamados a las urnas para elegir a las Cortes encargadas de elaborar la Constitución.

La fiesta de la democracia, una sopa de letras, el gran estreno. Aquellos comicios legitimaron la presidencia de Adolfo Suárez cuyo mandato hasta entonces respondía a la voluntad del Rey Juan Carlos I. También, constató que aunque durante 40 años "el Partido" había sido el comunista, de ahí en adelante la oposición descansaría sobre las cuatro siglas del PSOE en vez de las tres del PCE. Además, estas elecciones evidenciaron que las aspiraciones de Manuel Fraga para ser presidente del Gobierno se iban a quedar en eso, aspiraciones.

Paralelamente, introdujeron a nuestro país en la comunicación política moderna y en la profesionalización de la estrategia. Los ciudadanos iban a aprender a votar, pero los partidos tenían que descubrir unas nuevas reglas que ya no eran las de los años treinta del s.XX.

Con motivo de este aniversario, DEMÓCRATA conversa con los protagonistas de aquella campaña de 1977, sus estrategas y candidatos: Pedro Bofill, secretario de Comunicación del Partido Socialista Popular (PSP), Carmela García-Moreno, secretaria de Acción del Comité de la UCD y José Manuel García Margallo, candidato de la UCD por Melilla.

Todo por estrenar

Pedro Bofill se movía en ambientes socialistas desde su paso por la universidad. Ya como profesor de Ciencias Políticas y Económicas en la Complutense fundó el PSP de Tierno Galván, que fue el primer partido de izquierdas en celebrar un congreso en España en febrero de 1977. Por entonces, formaba parte de la Ejecutiva como secretario de comunicación gracias a la buena relación que había forjado durante los años de clandestinidad con los periodistas más progresistas que trataban de arrimar el hombro en la lucha antifranquista desde unas redacciones marcadas por la censura. 

Con la convocatoria de elecciones en el BOE, a Bofill le ofrecieron ir en listas. "Me llamaron de Cádiz, pero dije que no. Habría sido un cunero", recuerda en conversación con este medio. "Cunero" es el término que se emplea para referirse a los candidatos que concurren por una provincia con la que no tienen ningún tipo de vínculo. Bofill que acabaría siendo diputado por el PSOE durante tres legislaturas, prefirió quedarse al otro lado en 1977, pero acabaría siendo diputado por el PSOE en la I Legislatura.

"Lo tienes jodido"

Por su parte, José Manuel García Margallo tenía clara su vocación y le transmitió a Pio Cabanillas, presidente del Partido Popular (que concurriría integrado en UCD), su deseo de convertirse en diputado. "¿Dónde has nacido y dónde has estudiado", le preguntó Cabanillas. "En Madrid y San Sebastián", respondió el que acabaría siendo ministro de Asuntos Exteriores con Mariano Rajoy. "Pues lo tienes jodido", fue la sincera confesión de Cabanillas.

"Entendí que tenía que presentar mejores credenciales y la mejor opción era fundar el PP en algún distrito en el que pudiera encajar", rememora Margallo, que tomó la decisión de contratar una agencia de comunicación y marketing.

"Estudiamos el mapa de España y definimos que el vínculo más potente que podía tener es que a mi bisabuelo lo habían matado en Melilla en 1893 al frente de sus tropas". Y para allá que fue, previa promesa de "obediencia jesuítica" con la agencia. Melilla repartía un escaño y fue para UCD. 

Sinónimo de caos

A casi 700 kilómetros, desde Madrid, Carmela García Moreno "gestionaba" la coordinación provincial de UCD. García Moreno, que sería elegida diputada en 1979, reconoce que llegó a política para "tapar agujeros. No había mujeres y les interesaba que estuviera allí", señala a DEMÓCRATA.

Como miembro del Comité centrista, "aunque era un partido en el que no había partido", se encargó de atender las necesidades de intendencia e información de los territorios. "Muy caótico", así recuerda la exdiputada aquella etapa en la que "se enviaban los carteles de Jaén a Vigo y los de Vigo a Toledo".

Formó parte del equipo que redactó el programa con el que se presentó Suárez y confiesa que se fue haciendo "a trozos". En sus inicios, la UCD fue concebida como una plataforma para aunar a "las tribus de centro-derecha", en palabras de Margallo, y los partidos que eran previos a la candidatura de Suárez querían hacer valer sus postulados.  Lo mismo ocurría con los argumentarios, recuerda García Moreno: "Cada uno iba a su bola y resaltaba lo que más le gustaba". 

Una pizca de imaginación

Por su parte, Bofill destaca la "imaginación" que tuvieron que ponerle al diseño de la campaña. En el PSP optaron por grabar una película de una hora de duración, en la que sus líderes contaban las propuestas, y que se proyectaba antes del inicio de los actos. El partido del Viejo Profesor también organizó el primer gran mitin de la izquierda española tras la dictadura. El 26 de marzo de 1977, 25.000 personas se dieron cita en la Plaza de Toros de Vista Alegre, en el barrio de Carabanchel. 

El exdiputado socialista describe la campaña como "muy de calle" y, transcurridos casi 50 años, confiesa que el plan publicitario "no fue muy brillante". El PSP logró 6 diputados y 4 senadores, muy por debajo de sus expectativas. Con el tiempo, el partido acabaría integrándose en el PSOE. 

Las cerillas en forma de paloma (la imagen del partido), los monederos, las libretas y todo tipo de merchandising que pusieron en manos de la ciudadanía no fueron suficientes para atraer al electorado que, sin embargo, se mostró en todo momento abierto a escuchar sus propuestas. "La gente quería saber y conocer", afirma. 

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Propaganda electoral del PSP -

Baile de siglas

Si Margallo echó mano de una agencia "para construir" su candidatura, las pocas instrucciones que tenían en el PSP eran fruto de los contactos de sus líderes con otros dirigentes europeos a los que de forma breve habían acompañado, por ejemplo, en el sur de Francia. Bofill y García Moreno coinciden en que solo el PSOE tenía de verdad "una idea" sobre cómo había que hacer una campaña, además de apoyo económico para ello. En este sentido, Bofill también recuerda que como las encuestas eran muy caras, solo podían permitirse pequeños sondeos.

Por su parte, Margallo, a pesar de concurrir con la UCD que tenía una estructura más gruesa, confiesa que hizo la campaña prácticamente solo, apenas con la ayuda de su equipo. Desde alquilar espacios, contratar técnicos, a encargar la cartelería: "Todos los días teníamos un mitin y pusimos en marcha también un sistema de sondeo muy humilde".

De Madrid, Margallo solo esperaba un apoyo para el mitin central y no llegó.  Ante esa tesitura, llamó a  su ya por entonces amigo, Miguel Arias Cañete (con el que coincidiría de nuevo en el gabinete de Rajoy) y le pidió que participara. El único inconveniente que Cañete vio es que él era miembro de Alianza Popular (AP): "¿Qué más da, si aquí nadie lo sabe?, respondió Margallo. Cañete fue, "hizo un mitin simpatiquísimo y nosotros ganamos las elecciones".

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¿Qué trámites parlamentarios se siguieron tras las elecciones de 1977 para la elaboración de la Constitución española?

Trámites parlamentarios de la Constitución de 1978

Respuesta sintética

Tras las elecciones de junio de 1977, las Cortes elegidas como Constituyentes siguieron un procedimiento parlamentario relativamente clásico, pero adaptado a la situación de transición: se constituyeron las Cámaras, se acordó su carácter constituyente y se creó una ponencia de siete diputados que redactó un primer anteproyecto. Ese texto pasó después a una comisión constitucional del Congreso, que lo modificó y elevó al Pleno para un intenso debate y votación artículo por artículo. Aprobado el proyecto en el Congreso, fue remitido al Senado, que efectuó numerosas enmiendas, y finalmente se reunió una Comisión Mixta Congreso‑Senado para consensuar un texto definitivo. Este fue aprobado por las Cortes y sometido a referéndum el 6 de diciembre de 1978, completando el ciclo constituyente iniciado con las elecciones de 1977.

1. De las elecciones de 1977 a las Cortes Constituyentes

Las elecciones generales del 15 de junio de 1977 dieron lugar a un Congreso de los Diputados y un Senado que, además de actuar como Cortes ordinarias, asumieron formalmente la función de Cortes Constituyentes. Ese carácter no estaba predefinido en una Constitución previa, sino que se articuló mediante acuerdos políticos y resoluciones parlamentarias, que habilitaron a las nuevas Cámaras para elaborar y aprobar una nueva norma fundamental. El primer trámite clave, por tanto, fue la constitución de las Cámaras, la aprobación de sus Reglamentos provisionales y el reconocimiento de su potestad constituyente.

2. Creación de la Ponencia Constitucional

El paso parlamentario decisivo inicial fue la designación, en el seno del Congreso, de una Ponencia Constitucional, un órgano de reducido tamaño encargado de redactar el primer borrador de texto. Esta ponencia, integrada por siete diputados de las principales fuerzas representadas, actuó de manera similar a una subcomisión legislativa: trabajó a puerta cerrada, negoció sobre cada título y elaboró un anteproyecto de Constitución. Desde la óptica procedimental, la ponencia desempeñó la función que en una ley ordinaria tendría el Gobierno con un proyecto de ley: producir un texto base sobre el que después se articularían las enmiendas.

Una vez concluido, el anteproyecto de la ponencia se elevó a la Comisión de Asuntos Constitucionales y Libertades Públicas del Congreso (comisión constitucional), marcando la transición a una fase de debate más amplio dentro de la Cámara Baja.

3. Trabajo en la Comisión Constitucional del Congreso

En la comisión, los grupos parlamentarios registraron enmiendas al articulado, de modo muy similar al procedimiento de cualquier proyecto de ley. La comisión celebró comparecencias, debates y sesiones de negociación para integrar, transaccionar o rechazar esas enmiendas. El resultado fue un dictamen de comisión, es decir, un texto revisado de la Constitución que incorporaba parte de las propuestas de los distintos grupos y matizaba el borrador de la ponencia.

Este dictamen se remitió al Pleno del Congreso para su debate final, acompañado de las enmiendas que los grupos mantenían vivas para su defensa en sesión plenaria. La lógica de la tramitación seguía, en lo esencial, el esquema de un proyecto de ley: texto base de comisión, enmiendas vivas y debate en Pleno.

4. Debate y aprobación en el Pleno del Congreso

El Pleno del Congreso abrió un amplio debate de totalidad y, sobre todo, de articulado, en el que se discutieron y votaron sucesivamente los distintos preceptos y títulos. Se introdujeron todavía modificaciones, a menudo mediante enmiendas transaccionales acordadas entre varios grupos para asegurar amplias mayorías, reflejando el propósito de una Constitución de consenso y no de parte. Concluido este trámite, el Congreso aprobó el Proyecto de Constitución, que se convirtió en el texto oficial a remitir a la otra Cámara.

5. Tramitación en el Senado

Recibido el proyecto, el Senado siguió también un procedimiento con rasgos de ley ordinaria: asignación a comisión (comisión constitucional), presentación de enmiendas por los senadores y debate en comisión y en Pleno. El Senado introdujo un número significativo de enmiendas, tanto técnicas como de contenido político, de manera que el texto resultante no coincidía plenamente con el aprobado por el Congreso. Este punto fue crucial, porque obligó al uso de un mecanismo específico de conciliación entre ambas Cámaras.

6. Comisión Mixta Congreso‑Senado y texto definitivo

Ante las diferencias entre el texto del Congreso y las enmiendas del Senado, se constituyó una Comisión Mixta Congreso‑Senado, prevista como órgano de armonización. Su función fue doble: decidir qué enmiendas senatoriales se aceptaban, cuáles se rechazaban y cómo integrar todo ello en un texto único; y, al mismo tiempo, cerrar los últimos compromisos políticos entre las principales fuerzas parlamentarias. El resultado de esta comisión mixta fue un proyecto consensuado, que se sometió de nuevo a la aprobación de ambas Cámaras en sesión plenaria.

Aprobado el texto por el Congreso de los Diputados y el Senado, se dio por concluida la fase parlamentaria constituyente. El proyecto de Constitución pasó entonces al trámite político final previsto: su ratificación por referéndum popular el 6 de diciembre de 1978, seguido de la sanción y promulgación por el Rey y la publicación en el Boletín Oficial del Estado, con lo que la Constitución entró formalmente en vigor.

¿Cuáles son las principales competencias del presidente del Gobierno en España según la Constitución de 1978?

Competencias del presidente del Gobierno en la Constitución de 1978

Respuesta sintética

La Constitución española de 1978 configura al presidente del Gobierno como el jefe del Poder Ejecutivo, responsable de dirigir la acción del Gobierno y de coordinar a sus ministros. Sus principales competencias se recogen, sobre todo, en los artículos 97, 98, 99 y 112 a 115 de la Constitución. Entre ellas destacan: proponer y cesar ministros, fijar la orientación política general, plantear la cuestión de confianza, proponer la disolución de las Cortes al Rey y dirigir la política interior y exterior, la Administración civil y militar y la defensa del Estado. Además, responde políticamente ante el Congreso, que puede obligarle a dimitir mediante una moción de censura o negándole la confianza.

Fundamento constitucional del cargo

La Constitución establece en el artículo 97 que el Gobierno dirige la política interior y exterior, la Administración civil y militar y la defensa del Estado, y ejerce la función ejecutiva y la potestad reglamentaria. Dentro de ese órgano colegiado, el presidente es la figura central: el artículo 98 lo identifica como quien dirige la acción del Gobierno y coordina las funciones de los demás miembros. Esto significa que todas las competencias del Gobierno, en la práctica, se articulan a través de la capacidad del presidente para fijar las líneas políticas y organizar al resto del Ejecutivo.

El acceso al cargo también forma parte de su configuración constitucional. El artículo 99 regula el procedimiento de investidura: el Rey propone un candidato a presidente del Gobierno, previa consulta con los representantes de los grupos políticos, y ese candidato debe obtener la confianza del Congreso de los Diputados. Sin esa confianza inicial, la persona propuesta no puede asumir el cargo ni ejercer sus competencias.

Dirección política y organización del Gobierno

La competencia nuclear del presidente es la dirección de la acción del Gobierno. Esto implica definir las prioridades políticas, coordinar a los ministros, resolver conflictos entre departamentos y, en la práctica, decidir la agenda legislativa y normativa del Ejecutivo. Aunque el Gobierno es un órgano colegiado, la Constitución refuerza la posición del presidente como vértice de esa colegialidad, con capacidad para orientar y, si es necesario, reordenar el equipo ministerial.

Unido a lo anterior está el poder de nombrar y separar a los ministros. Conforme al artículo 100 (en relación con el 98), los demás miembros del Gobierno son nombrados y separados por el Rey a propuesta del presidente del Gobierno. De este modo, el presidente configura el Gobierno a su medida, elige el perfil político y técnico de los ministros y puede remodelar el Ejecutivo cuando lo considere necesario, sin intervención directa de las Cortes en esos cambios personales.

Relación con las Cortes: confianza, responsabilidad y disolución

La posición del presidente está fuertemente condicionada por la confianza del Congreso de los Diputados. El artículo 112 le otorga la facultad de plantear ante el Congreso la cuestión de confianza sobre su programa o una declaración de política general. Si el Congreso le niega la confianza, el presidente debe presentar su dimisión, lo que activa el mecanismo de una nueva investidura. Esta herramienta se utiliza tanto para reforzar su liderazgo como para desbloquear situaciones de bloqueo político.

Paralelamente, la Constitución articula la responsabilidad política del presidente mediante la moción de censura (artículo 113). Aunque formalmente se dirige contra el Gobierno en su conjunto, su objetivo inmediato es sustituir al presidente por otro candidato que obtenga la mayoría absoluta del Congreso. Si la moción prospera, el presidente cesa y el candidato alternativo es nombrado inmediatamente, lo que convierte a esta figura en un mecanismo central de control parlamentario sobre la jefatura del Ejecutivo.

Otra competencia clave es la de proponer al Rey la disolución del Congreso, del Senado o de las Cortes Generales en su conjunto, de acuerdo con el artículo 115. El Rey formaliza la disolución, pero la iniciativa es del presidente, previa deliberación del Consejo de Ministros. Esta facultad permite adelantar elecciones generales, reconfigurar mayorías parlamentarias y tratar de superar bloqueos institucionales, aunque está limitada por ciertos periodos en los que no puede ejercerse (por ejemplo, mientras esté planteada una moción de censura).

Dirección de la política de defensa y funciones en situaciones de crisis

En materia de defensa, el presidente, como jefe del Gobierno, dirige la política de seguridad y defensa del Estado, en coordinación con el ministro competente y con el conjunto del Ejecutivo. La referencia del artículo 97 a la “Administración civil y militar” y a la “defensa del Estado” sitúa al presidente en la cúspide de la conducción política de las Fuerzas Armadas, siempre bajo el marco constitucional y legal. En situaciones de crisis grave, como la declaración de estados de alarma, excepción o sitio (artículo 116), el Gobierno en su conjunto actúa, pero la iniciativa y la coordinación política recaen en el presidente.

Finalmente, todas estas competencias se enmarcan en una lógica de responsabilidad continuada: el presidente responde políticamente ante el Congreso y, en última instancia, ante el electorado. Su fortaleza institucional se basa en la confianza parlamentaria, de la que derivan tanto su capacidad para dirigir el Gobierno como su margen para utilizar facultades como el nombramiento de ministros o la propuesta de disolución de las Cortes.

¿Cuáles fueron los resultados electorales del PSOE y la UCD en las elecciones generales de 1977?

Resultados electorales del PSOE y la UCD en las generales de 1977

Resultados de PSOE y UCD en las elecciones generales de 1977

En las primeras elecciones generales democráticas del 15 de junio de 1977, la Unión de Centro Democrático (UCD), liderada por Adolfo Suárez, fue la fuerza más votada, con alrededor del 34 % de los sufragios y algo más de 160 escaños en el Congreso, situándose en la franja de la mayoría relativa. El Partido Socialista Obrero Español (PSOE), encabezado por Felipe González, quedó como segunda fuerza, con en torno al 29 % de los votos y algo más de 110 escaños. Esta distribución configuró un Parlamento dominado por dos grandes bloques, centro reformista y socialdemocracia, con UCD en el Gobierno y el PSOE en la jefatura de la oposición. Aquellos resultados fueron decisivos para la arquitectura política de la Transición y la posterior aprobación de la Constitución de 1978.

Contexto político de las elecciones de 1977

Las elecciones generales de 1977 fueron las primeras libres desde 1936 y se celebraron en un contexto de cambio acelerado tras la muerte de Franco en 1975. El Gobierno de Adolfo Suárez había impulsado la Ley para la Reforma Política, desmontando gradualmente el régimen franquista desde dentro y legalizando a la mayoría de fuerzas, incluido el PSOE y, ya en el tramo final del proceso, el PCE. En este escenario, UCD se presentó como una coalición de centro con fuerte apoyo gubernamental y una imagen de estabilidad, mientras que el PSOE representaba la gran alternativa de izquierda moderada, especialmente tras haberse modernizado en el Congreso de Suresnes y colocar a Felipe González al frente.

El sistema electoral elegido (circunscripciones provinciales con fórmula D’Hondt) favorecía la gobernabilidad mediante la concentración del voto en las grandes fuerzas. Esto fue clave para que tanto UCD como el PSOE salieran muy beneficiados en términos de escaños en comparación con su porcentaje de voto real, impulsando así un modelo de bipartidismo predominante que marcaría buena parte de la democracia española posterior.

Resultados de la UCD

La Unión de Centro Democrático obtuvo el primer lugar en votos y escaños, con aproximadamente un 34 % del voto válido emitido a nivel estatal. En escaños, esto se tradujo en algo más de 160 diputados, lo que le otorgó la mayoría relativa suficiente para encabezar el Gobierno, aunque sin llegar a la mayoría absoluta. Este resultado consolidó a Adolfo Suárez como figura central de la Transición, permitiéndole liderar un Ejecutivo capaz de pactar tanto con partidos nacionalistas moderados como con el principal partido de la oposición.

La implantación territorial de la UCD fue muy amplia, con buenos resultados en provincias rurales y de tamaño medio, y un rendimiento especialmente significativo en Castilla y León, Castilla-La Mancha, Galicia o Aragón. El apoyo al partido se interpretó como un refrendo social al proceso de reforma pactada, frente a la ruptura, y como una apuesta por una opción centrista capaz de integrar sensibilidades democristianas, liberales y socialdemócratas moderadas.

Resultados del PSOE

El Partido Socialista Obrero Español se situó inmediatamente detrás de la UCD, con en torno al 29 % de los votos emitidos. Esa base electoral se tradujo en algo más de 110 escaños en el Congreso de los Diputados, cifra que convirtió al PSOE en la principal fuerza de la oposición y en el referente de la izquierda democrática, muy por encima en representación de otras opciones de izquierda y de los partidos comunistas. El salto fue notable si se tiene en cuenta que el partido salía de la clandestinidad y de un exilio político prolongado.

Geográficamente, el PSOE obtuvo resultados especialmente fuertes en grandes áreas urbanas e industriales, así como en regiones con fuerte tradición obrera y sindical. Desde el punto de vista político, el tamaño del grupo parlamentario socialista le permitió jugar un papel imprescindible en los grandes consensos de la Transición, empezando por la negociación constitucional y los Pactos de la Moncloa, y configuró a Felipe González como alternativa clara de Gobierno a medio plazo.

Impacto de estos resultados en la Transición

La combinación de una UCD mayoritaria pero no hegemónica y un PSOE fuerte en la oposición generó un equilibrio que favoreció los pactos transversales. UCD necesitaba acuerdos para sacar adelante las grandes reformas, lo que abrió la puerta a la lógica del consenso constitucional y a la integración de socialistas, nacionalistas y otras fuerzas en el nuevo marco democrático. El PSOE, por su parte, pudo compatibilizar su papel de oposición con una estrategia de responsabilidad institucional, participando en la elaboración de la Constitución de 1978 y proyectándose como futuro partido de Gobierno.

Estos resultados de 1977 prefiguraron el sistema de partidos que terminaría consolidándose en los años ochenta: una confrontación principal entre una gran fuerza de centro‑derecha (primero UCD, luego el espacio que ocuparía el PP) y una gran fuerza de centro‑izquierda (PSOE), con actores nacionalistas y otras formaciones como bisagra. Aunque la UCD se disolvería unos años después, el mapa que emergió de aquellas elecciones inaugurales marcó la pauta de la política española durante décadas.

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¿Qué objetivo tenían las Cortes elegidas en las elecciones del 15 de junio de 1977?

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¿Qué partido se consolidó como principal fuerza de la oposición tras las elecciones de 1977?

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¿Qué resultado obtuvo el Partido Socialista Popular (PSP) en las elecciones de 1977?

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