García-Margallo alerta en Yuste de que la fuerza bruta ha reemplazado a la diplomacia

García-Margallo alerta en Yuste de un cambio de orden mundial y reclama que Europa construya un proyecto propio con más autonomía y defensa común.

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El exministro de Asuntos Exteriores y exeurodiputado del PP, José Manuel García-Margallo, ha alertado de que en el escenario internacional actual “la diplomacia, la que nos han enseñado a defender, basada en el consenso, en la negociación, ha sido sustituida por la fuerza bruta”, en un contexto en el que “se ha roto el principio que prohíbe a los países utilizarla para violar las fronteras de sus vecinos”.

“La paz ya no se busca como un bien deseable en sí mismo, se persigue con las armas como condición para afirmar el dominio propio”, ha lamentado durante su intervención este lunes en el Monasterio de Yuste, en el acto de entrega del XIX Premio Europeo Carlos V al Comité Europeo de las Regiones, presidido por El Rey Felipe VI.

García-Margallo ha descrito el momento presente como “una era de movimientos migratorios generalizados” y de “profundo reajuste de equilibrios geopolíticos y de paradigmas culturales”, en la que, a su juicio, se vive un “cambio absoluto del orden que nos dimos en la conferencia de San Francisco en 1945”, entonces “basado en normas universales, generalmente acertadas, instituciones multilaterales y promoción de los valores democráticos”.

Frente a aquel marco, ha subrayado que el orden vigente “pasa por encima de las fronteras” y está “diseñado y controlado por lo que algunos llaman carnívoros, en que los herbívoros, y estamos entre ellos, normalmente no estamos en la mesa, sino en el menú”. En este sentido, ha advertido de que “las fronteras orientales de nuestro continente no están siendo decididas por nosotros, están siendo negociadas por Vladimir Putin y Donald Trump”, al igual que la “redefinición completa del Oriente Próximo o el “control de las rutas marítimas por donde transcurre el comercio mundial”.

Europa, ante el reto de un proyecto propio

En su análisis, ha recordado que “Europa sigue comprometida con el orden normativo que nos dimos en San Francisco”, asentado en la tradición histórica europea, la razón griega y el Derecho Romano, y que continúa apostando “por el multilateralismo, no por el unilateralismo”, aunque ha advertido de que ya no puede darse por hecho que ese entramado jurídico “nos defienda, que nos proteja”.

Por ello, ha insistido en que Europa debe “aspirar a tener un proyecto propio” tras haber vivido, según sus palabras, en “la edad de la inocencia”, convencida de que contaría siempre con energía barata procedente de Rusia, con un gran mercado para sus excedentes industriales y con “la delegación de nuestra seguridad en los Estados Unidos”.

Ese escenario, ha dicho, “eso se ha terminado”, y ha reclamado “construir nuestra propia senda europea y encontrar nuevas fórmulas de cooperación con nuestros aliados, especialmente los que con nosotros comparten al otro lado del Atlántico los valores occidentales”. A su entender, este objetivo pasa por “completar el mercado interior, hacer del euro una divisa de reserva global y contar con una defensa y una industria bélica propio”, de modo que, como ha remarcado, “lo que tiene que hacer Europa es empezar a caminar con pantalones largos”.

Yuste y el papel del Comité de las Regiones

En el plano más personal, García-Margallo ha confesado que participar en este acto en Yuste, la tierra de sus “ancestros”, constituye para él una “cuestión extraordinariamente emotiva”, al considerar que Extremadura “es uno de los lugares donde la memoria europea se toca, se encuentra, se siente, donde se sustancia parte de lo que debe ser”.

Ha defendido que en la diversidad de Europa “reside su grandeza”, y que el continente “sabe que la integración es mucho mejor que la imposición y que todos y cada una de sus distintas identidades la enriquecen”, algo que, ha señalado, encarna el Comité Europeo de las Regiones, galardonado en esta edición con el Premio Carlos V.

El cometido de este órgano, ha recordado, es ser “el altavoz de Europa para llegar a la ciudadanía” y mostrar la Europa “cercana, tangible y real, que representan las regiones y municipios” de la Unión Europea. Por ello, ha sostenido que con la concesión del XIX Premio Europeo Carlos V al Comité de las Regiones se rinde “homenaje a la voz de la Europa cotidiana, a la vida que transcurre cada día”, porque Europa, ha defendido, “no es un proyecto hueco o abstracto, ni una mera arquitectura institucional, como entendieron los ingleses en su momento”, sino que “Europa tiene un alma, compartida por 450 millones de ciudadanos”.

En esta línea, ha recalcado que “cada tratado, cada directiva, cada propuesta debe tener muy claro el horizonte de las personas a las que se dirige, y para eso está el Comité de las Regiones”, antes de concluir que desde el Monasterio de Yuste, donde el emperador Carlos VI “entendió el peso que suponía un continente dividido, Europa vuelve a orientarse a su propio reflejo”.

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