Los servicios que sostienen buena parte del día a día de las administraciones se encuentran ante un problema que empieza a trasladarse al terreno político: sus costes suben, pero los contratos públicos que garantizan su prestación no siempre pueden hacerlo al mismo ritmo. Atención a mayores y dependientes, ayuda a domicilio, limpieza o mantenimiento dependen en muchos casos de empresas que trabajan con precios fijados por la Administración y que reclaman ahora un cambio en las reglas para evitar que el aumento de los costes termine poniendo en riesgo la viabilidad de los servicios.
Ese es el problema que alianzAS, la confederación que agrupa a doce organizaciones empresariales de servicios esenciales intensivos en mano de obra, está trasladando a las instituciones. El sector reclama modificar el marco de la contratación pública para permitir la revisión de precios cuando se produzcan incrementos de costes sobrevenidos, especialmente los derivados de cambios regulatorios.
El sector reclama modificar el marco de la contratación pública para permitir la revisión de precios cuando se produzcan incrementos de costes sobrevenidos
La reivindicación afecta a actividades muy próximas al día a día de los ciudadanos: atención a la dependencia, ayuda a domicilio, limpieza, mantenimiento de instalaciones, restauración colectiva, servicios deportivos o centros especiales de empleo, entre otras. En conjunto, las organizaciones integradas en alianzAS representan a más de 1,5 millones de trabajadores y más del 2,25% del PIB nacional, según los datos facilitados por la propia confederación.
El problema: contratos que no siguen el ritmo de los costes
La principal reclamación de alianzAS pasa por introducir mecanismos que permitan actualizar las condiciones económicas de los contratos públicos cuando las empresas tienen que asumir aumentos de costes que no podían prever al concurrir a una licitación.
La cuestión cobra especial relevancia en unos sectores en los que el componente laboral tiene un peso muy elevado. Según los datos trasladados por la confederación, los costes salariales representan entre el 80% y el 90% de los costes de estas empresas. Al mismo tiempo, el salario mínimo interprofesional ha aumentado un 75% desde 2015, año en el que entró en vigor la Ley de Desindexación a la que el sector vincula buena parte de las actuales dificultades para revisar los contratos.
La patronal asegura que no cuestiona la mejora de las condiciones laborales. Su argumento es otro: si una Administración establece nuevas obligaciones o se producen incrementos de costes derivados de cambios regulatorios, debería existir algún mecanismo para trasladar esos efectos a contratos públicos que continúan vigentes.
Durante una jornada que tuvo lugar en junio en el Congreso de los Diputados, el presidente de alianzAS, Javier Sigüenza, resumió la posición de la confederación defendiendo que el reto no está en frenar los avances laborales, sino en encontrar mecanismos que permitan compatibilizarlos con la sostenibilidad económica de las empresas y con la calidad del servicio público.
El problema no es menor por el volumen de actividad que se canaliza mediante contratos de servicios. Según el Informe Anual de Supervisión de la Oficina Independiente de Regulación y Supervisión de la Contratación correspondiente a 2024, citado por alianzAS, los contratos de servicios representan el 48% del presupuesto base de licitación y más del 45% del número total de concursos.
Ese peso explica por qué la confederación sostiene que cualquier cambio en las reglas de contratación tiene consecuencias que van mucho más allá de las empresas adjudicatarias.
Un debate que ha llegado al Congreso
La reivindicación ya ha salido del ámbito estrictamente empresarial. El pasado junio, alianzAS organizó en el Congreso la jornada El valor de lo esencial, en la que participaron representantes del Gobierno, sindicatos, CEOE, empresas y grupos parlamentarios.
Durante el encuentro, el presidente de CEOE, Antonio Garamendi, defendió la necesidad de reforzar la colaboración público-privada y respaldó expresamente la inclusión de mecanismos de revisión de precios en la Ley de Contratos del Sector Público.
La propia jornada reunió posteriormente a representantes del PP, PSOE y Vox. Los tres grupos coincidieron en poner en valor el diálogo social y la negociación colectiva y señalaron el interés de avanzar mediante acuerdos en un ámbito que la organización presenta como susceptible de amplio consenso parlamentario.
AlianzAS también recuerda que UGT-Servicios Públicos y CCOO del Hábitat rubricaron un documento en el que reclaman modificar la Ley de Contratos del Sector Público. La organización añade el respaldo público de CEOE y el apoyo expresado por el Ministerio de Trabajo durante las negociaciones del SMI.
El debate, por tanto, se sitúa ahora en otro terreno: cómo traducir ese consenso en una modificación concreta del marco legal y quién debe impulsarla.
El foco de la reivindicación está especialmente puesto en el Ministerio de Hacienda. La razón es que la Junta Consultiva de Contratación Pública del Estado, órgano de asesoramiento e interpretación de la Ley de Contratos del Sector Público, desempeña un papel relevante en la aplicación del marco vigente.