El nombre de Bettino Craxi ha vuelto a la actualidad política española después de que el juez Juan Carlos Peinado recurriera a su caso para justificar el mantenimiento de la retirada del pasaporte a Begoña Gómez. En el escrito remitido a la Audiencia Provincial de Madrid, el magistrado sostiene que la relevancia institucional de una persona no impide, por sí sola, el riesgo de fuga y recuerda el precedente de un expresidente del Gobierno europeo que abandonó su país mientras era investigado por corrupción.
Aunque Peinado no cita expresamente su nombre, la referencia es clara: Bettino Craxi, primer ministro de Italia entre 1983 y 1987 y uno de los dirigentes más influyentes del socialismo europeo durante la década de los ochenta.
Un líder socialista para Italia
Craxi nació en Milán en 1934 y llegó a la secretaría del Partido Socialista Italiano (PSI) en 1976. Durante años transformó la formación en una de las piezas clave del denominado "pentapartito", la coalición de cinco partidos que gobernó Italia durante buena parte de los años ochenta.
En 1983 se convirtió en presidente del Consejo de Ministros, cargo que ocupó hasta 1987. Su mandato estuvo marcado por la estabilidad política, la modernización económica y una mayor proyección internacional de Italia.
Qué es Tangentopoli
La trayectoria política de Craxi se desplomó a comienzos de los años noventa, cuando se destapó el caso Tangentopoli ("la ciudad de los sobornos"), que es el nombre con el que se conoce al mayor escándalo de corrupción política de la historia reciente de Italia. La trama estalló en 1992 tras la detención de Mario Chiesa, un dirigente socialista de Milán sorprendido mientras aceptaba un soborno.
Aquella investigación dio origen a la operación judicial Mani Pulite (Manos Limpias), impulsada por un grupo de fiscales de Milán que descubrió un sistema de corrupción estructural en el que empresas pagaban comisiones ilegales a cambio de adjudicaciones públicas.
Las investigaciones situaron a Croxi entre los principales responsables de ese entramado. Tras ser condenado por varios delitos relacionados con corrupción y financiación ilegal, Craxi abandonó Italia en 1994 y se instaló en Hammamet (Túnez), donde permaneció hasta su fallecimiento en el año 2000.
Precisamente esa huida es la que ahora ha recuperado el juez Peinado para sostener que incluso antiguos jefes de Gobierno con protección oficial han llegado a abandonar su país para eludir la acción de la Justicia.
Un sistema de financiación ilegal
Las investigaciones revelaron que el cobro de comisiones era una práctica extendida entre buena parte de los grandes partidos italianos. Los sobornos servían tanto para enriquecer a algunos dirigentes como para financiar las estructuras de las formaciones políticas. Miles de empresarios, cargos públicos y responsables políticos fueron investigados, y centenares acabaron condenados o procesados.
También cabe señalar que más allá de Craxi, las consecuencias políticas fueron enormes. Los principales partidos que habían gobernado Italia desde el final de la Segunda Guerra Mundial prácticamente desaparecieron. La Democracia Cristiana y el Partido Socialista Italiano quedaron desintegrados, mientras que surgieron nuevas fuerzas políticas que transformaron por completo el panorama italiano. Para muchos historiadores, Tangentopoli marcó el final de la denominada Primera República italiana.