Después de las explicaciones sobre el accidente de Adamuz ofrecidas este miércoles por el titular de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puentes, junto con responsables de Adif y Renfe, Moncloa no ha esperado a la anunciada próxima comparecencia del ministro en el Congreso para seguir informando sobre el asunto este jueves, en un intento de arrojar transparencia tanto sobre el siniestro como sobre la consiguiente investigación que se está llevando a cabo. Así, el Ejecutivo ha distribuido el informe 'El accidente de Adamuz y el estado de las infraestructuras ferroviarias en España' con el que ofrecer "datos frente a relato".
Un dispositivo de rescate de gran escala
El accidente activó un operativo de emergencia de gran complejidad, con más de 660 efectivos movilizados durante las primeras horas y días posteriores al siniestro. En el dispositivo participaron:
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Guardia Civil: cerca de 390 agentes, incluyendo seguridad ciudadana, tráfico, unidades de reserva, especialistas en Policía Judicial, criminalística y análisis forense.
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Fuerzas Armadas y UME: 33 militares y 14 vehículos, entre ellos camiones frigoríficos para la custodia de cuerpos y equipos especializados de apuntalamiento estructural.
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Servicios sanitarios y de emergencia autonómicos y locales, con ambulancias, bomberos y personal médico desplegado de forma continuada.
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Renfe y Adif, que activaron de inmediato sus Planes de Asistencia a Víctimas y Familiares, con centros de atención en Córdoba, Madrid, Huelva, Málaga y Sevilla, atención psicológica especializada y personal de apoyo en estaciones.
El rescate requirió además grúas de gran tonelaje (hasta 400 toneladas), drones con capacidad de fotogrametría 3D para el análisis forense del escenario y equipos cinológicos para la localización de restos humanos, lo que da cuenta de la magnitud del siniestro y de la complejidad de las tareas de recuperación
Un tramo renovado y supervisado meses antes
Uno de los elementos clave del informe oficial es el estado del tramo de vía afectado. La línea de alta velocidad Madrid–Sevilla, en servicio desde 1992, fue renovada parcialmente en 2025 con una inversión superior a los 700 millones de euros. En el entorno de Adamuz se sustituyeron completamente carriles, traviesas y desvíos, finalizando los trabajos en mayo de ese mismo año.
Entre octubre de 2025 y enero de 2026, el tramo fue sometido a cuatro inspecciones técnicas reglamentarias, incluyendo auscultaciones geométricas, inspecciones visuales a pie, controles dinámicos a velocidad comercial y revisiones específicas de desvíos. Ninguna de estas inspecciones detectó anomalías en la vía utilizada por el tren siniestrado.
Los registros de incidencias refuerzan este dato: desde 2021 no consta ninguna avería de vía en el tramo concreto por el que circulaba el tren de Iryo, pese a que en el entorno del puesto de banalización de Adamuz se han contabilizado incidencias de carácter eléctrico u operativo en otros puntos del sistema.
Más inversión que nunca en la red ferroviaria
El informe contextualiza el accidente dentro de una evolución más amplia del sistema ferroviario español. Desde 2017, la inversión en infraestructuras ferroviarias se ha triplicado, pasando de unos 1.700 millones de euros a más de 5.000 millones en 2025. Solo Adif ejecutó 4.700 millones antes de cerrar el ejercicio, con previsión de superar esa cifra al final del año.
El esfuerzo inversor no se limita a nuevas infraestructuras:
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Mantenimiento de la red: el gasto ha aumentado un 54% desde 2018, hasta alcanzar 1.120 millones de euros anuales.
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Inversión por kilómetro: el gasto medio por kilómetro de vía ha crecido un 58%, superando los 71.000 euros por kilómetro.
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Alta velocidad: el mantenimiento de la red AV ha aumentado un 40%, con un incremento del 43% por kilómetro, rompiendo la tendencia descendente de la etapa anterior.
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Material rodante: la inversión en nuevos trenes se ha multiplicado por diez desde 2018, superando los 1.500 millones de euros.
Según el informe, este crecimiento sitúa a España por delante de países como Francia o Alemania en ritmo de inversión real en infraestructura ferroviaria en el periodo reciente.
Menos accidentes pese al aumento de viajeros
En términos de seguridad, los datos oficiales muestran una tendencia descendente en la siniestralidad ferroviaria. Desde 2018, la media anual de accidentes ferroviarios graves o significativos ha caído un 11%, a pesar de que el número de viajeros ha aumentado más de un 15%.
España mantiene además una tasa de accidentes por kilómetro recorrido inferior a la media de la Unión Europea y comparable —o incluso mejor— que la de Francia y Alemania. En alta velocidad, el número de viajeros se ha duplicado en una década y ya supera los 40 millones anuales, lo que convierte al ferrocarril en uno de los pilares del sistema de movilidad.
Datos frente a percepción social
El accidente de Adamuz vuelve a evidenciar una constante en el debate público: la distancia entre los indicadores técnicos de seguridad y la percepción social tras una tragedia. Mientras los datos oficiales apuntan a una red más mantenida, más supervisada y con mayores niveles de inversión que en el pasado, cada gran siniestro reabre el cuestionamiento político y social sobre la gestión del sistema ferroviario.
La clave ahora será el resultado de la investigación judicial y técnica, que deberá determinar con precisión las causas del accidente y si los sistemas de prevención, supervisión y respuesta funcionaron conforme a lo previsto.