Con la llegada de los días más largos, millones de españoles se preparan para adelantar sus relojes una hora y entrar oficialmente en el horario de verano, una tradición con más de un siglo de historia que este año se adelantará con respecto al calendario del año pasado.
Durante la madrugada del sábado 28 al domingo 29 de marzo, en la península y Baleares se pasará de las 2:00 a las 3:00, y en las Islas Canarias de la 1:00 a las 2:00. Aunque esto supone perder una hora de sueño, se ganarán tardes más largas y luminosas, asociadas a actividades al aire libre y mayor vida social.
Este adelanto, determinado por el calendario europeo que establece el último domingo de marzo como inicio del horario de verano, coincide este año con el inicio de Semana Santa, lo que aumenta la percepción de que el cambio llega “antes” de lo habitual.
Historia y propósito del cambio de hora
El cambio de hora no es reciente. Su origen se remonta a la Primera Guerra Mundial, cuando varios países europeos adelantaron los relojes para ahorrar energía y aprovechar mejor la luz solar. En España se implantó por primera vez en 1918, y desde entonces ha experimentado ajustes hasta consolidarse con el calendario de la Unión Europea, que organiza el horario de verano e invierno de manera uniforme entre los estados miembros.
Tradicionalmente, el argumento principal para este cambio era el ahorro energético, reduciendo el consumo eléctrico en iluminación artificial. Sin embargo, estudios recientes muestran que el beneficio ha disminuido debido a cambios en hábitos de consumo y tecnología eficiente.
El debate sobre la utilidad del cambio horario llegó incluso a las instituciones europeas. En 2018, una consulta pública de la Comisión Europea mostró que el 84% de los 4,6 millones de participantes estaba a favor de eliminar los cambios estacionales. España, a través de su Gobierno, ha propuesto en varias ocasiones poner fin a este sistema, y en 2025 llevó la propuesta al Consejo de Energía de la UE para suspenderlo en 2026.
El presidente español, Pedro Sánchez, argumenta que el ahorro energético es mínimo y que los cambios pueden afectar negativamente a la salud de la población, especialmente a niños, personas mayores y trabajadores con horarios irregulares.