Cómo la CIA y el MI6 anticiparon la invasión rusa y por qué Europa no quiso creerla

Según revela The Guardian tras más de 100 entrevistas con responsables de inteligencia y cargos políticos, Washington y Londres anticiparon el ataque con meses de antelación, pero sus advertencias fueron minimizadas en Europa y en Kiev

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El presidente de Rusia, Vladimir Putin, en una fotografía de archivo del 25 de diciembre de 2025 Alexander Shcherbak/TASS via ZUM / DPA

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, en una fotografía de archivo del 25 de diciembre de 2025 Alexander Shcherbak/TASS via ZUM / DPA

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Una investigación de The Guardian revela que Washington y Londres detectaron con meses de antelación los planes de Putin para tomar Kiev, pero sus advertencias fueron recibidas con escepticismo en varias capitales europeas y en el propio Gobierno ucraniano

Cuatro años después de la invasión rusa de Ucrania, una extensa investigación periodística basada en más de un centenar de entrevistas con responsables de inteligencia, diplomáticos y cargos políticos reconstruye cómo la CIA y el MI6 lograron anticipar con notable precisión los planes de Vladímir Putin, y por qué buena parte de Europa —incluido el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski— optó por no creer que una guerra a gran escala fuera realmente posible.

Según el reportaje, publicado por The Guardian, las señales comenzaron a acumularse ya en 2021. En otoño de ese año, los servicios estadounidenses detectaron movimientos militares rusos que iban mucho más allá de una mera presión sobre el Donbás. Los nuevos análisis apuntaban a un plan ambicioso: un ataque múltiple con el objetivo final de tomar Kiev y forzar un cambio de régimen en Ucrania.

La advertencia de Burns a Putin

En noviembre de 2021, el presidente Joe Biden envió a Moscú al director de la CIA, William Burns, para advertir personalmente al Kremlin. Burns mantuvo conversaciones tensas con responsables de seguridad rusos y habló por teléfono con Putin, quien negó los planes y acusó a Estados Unidos de desestabilizar la región.

El jefe de la CIA regresó a Washington convencido de que el riesgo era inminente. Cuando Biden le preguntó directamente si creía que Putin invadiría, Burns respondió sin rodeos: “Sí”. Tres meses y medio después, el 24 de febrero de 2022, las tropas rusas cruzaban la frontera en la mayor agresión militar en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.

El escepticismo europeo

Pese a la contundencia de la información recopilada por Washington y Londres, muchas capitales europeas recibieron las advertencias con cautela. La experiencia de la guerra de Irak y el recuerdo de informes de inteligencia erróneos llevaron a varios gobiernos a desconfiar de los análisis estadounidenses. Para muchos responsables europeos, una invasión total parecía un escenario irracional en pleno siglo XXI.

En Ucrania, el escepticismo fue aún mayor. Zelenski había sido elegido con la promesa de buscar una salida negociada al conflicto iniciado en 2014 y temía que hablar públicamente de una invasión inminente provocara el colapso económico del país antes incluso de que se disparara el primer misil. Según la investigación, el presidente ucraniano llegó a considerar que las advertencias podían formar parte de una estrategia de presión política de Washington sobre Moscú.

Mientras tanto, los servicios de seguridad ucranianos detectaban un incremento inusual de la actividad rusa: intentos de reclutamiento masivo, contactos clandestinos con funcionarios y preparativos logísticos en Bielorrusia. Aun así, la posibilidad de un ataque total con columnas de tanques y misiles sobre la capital seguía pareciendo improbable para buena parte del liderazgo político.

Éxito y errores de inteligencia

La reconstrucción presentada por The Guardian describe el episodio como un éxito significativo de inteligencia preventiva para Estados Unidos y Reino Unido en cuanto a la detección del plan. Sin embargo, también señala fallos importantes: tanto la CIA como el MI6 asumieron que, de producirse la invasión, Rusia lograría una victoria rápida y que el Gobierno ucraniano caería en cuestión de días.

El desenlace demostró lo contrario. La resistencia ucraniana frustró el asalto a Kiev y transformó lo que Moscú esperaba que fuera una operación relámpago en un conflicto prolongado.

Cuatro años después, con la guerra aún marcando el equilibrio geopolítico europeo, la principal lección que extraen muchos de los entrevistados es clara: descartar un escenario por parecer irracional puede ser el mayor error estratégico. La evidencia, sostienen, estaba sobre la mesa. Lo que faltó fue la voluntad política de asumir que la guerra podía volver a Europa.