El Global Risks Report 2026 del Foro Económico Mundial, que estos días está celebrando su cita anual en Davos, es el mapa de riesgos del mundo que utilizan gobiernos, empresas, organismos internacionales y sociedad civil para anticipar crisis y tomar decisiones estratégicas.
Basado en una encuesta anual a más de 1.300 líderes mundiales y en consultas con expertos en riesgos, identifica, analiza y prioriza las principales amenazas que alteran la estabilidad global a corto, medio y largo plazo. La tesis de este año es nítida: hay un cambio claro hacia una "era de competencia".
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La inestabilidad ya no es una anomalía, sino el nuevo marco estructural. Los riesgos globales no solo se multiplican, sino que se interconectan, se retroalimentan y se aceleran. El viejo orden internacional no está simplemente tensionado; se encuentra en un punto de inflexión.
La geoconomía, campo de batalla
La confrontación geoeconómica (guerras comerciales, subsidios estratégicos, control tecnológico) es la principal amenaza mundial para los encuestados. El dato relevante no es solo su posición en el ranking, sino su rápido ascenso, señal de que los actores globales asumen este tipo de confrontación como una herramienta normalizada.
Aunque la imposición de aranceles esté a la orden del día en el debate público, el riesgo de que la confrontación geoeconómica derive en una guerra económica abierta está sobre la mesa. Un escenario nada deseable que estaría marcado por bloqueos portuarios, restricciones a la exportación de bienes estratégicos, rescisión de contratos internacionales o controles de capital.
Por otro lado, la lectura territorial pone de manifiesto como las economías más expuestas (dependientes de importaciones críticas o financiación externa) son las más vulnerables, lo que agrava la brecha Norte-Sur y alimenta tensiones sociales internas.

El clima extremo, la polarización social y la información errónea/ desinformación completan los cinco principales riesgos percibidos para este año. Esta combinación es similar en las perspectivas a dos años de los encuestados. Sin embargo, el panorama cambia de forma significativa cuando se amplía el foco a un horizonte de diez años. En ese escenario, los riesgos medioambientales han pasado a ocupar el centro del debate: fenómenos meteorológicos extremos, pérdida de biodiversidad y alteraciones críticas de los sistemas terrestres han emergido como las amenazas más relevantes.
Ahora, entre los riesgos más inmediatos, la desinformación destaca por su persistencia en el largo plazo (situándose en cuarto lugar), mientras que los posibles impactos adversos de la inteligencia artificial completan el grupo de las cinco principales preocupaciones globales.
Polarización y desinformación: el cóctel más peligroso
Una de las ideas más claras que se vislumbran es que la fragmentación social se ha convertido en un riesgo económico, político y democrático. Cuando amplios sectores de la población perciben que el contrato social se ha roto —en un contexto de economías en K, desigualdad persistente y movilidad social limitada— la desinformación encuentra un terreno fértil para propagarse.
En este senido, el Informe de Riesgos Globales 2026 sitúa la polarización social y la desinformación entre las amenazas más inmediatas y persistente. Una idea en la que ha ahondado el presidente editor de Demócrata, David Córdova.
El informe también alerta de que la erosión de la confianza institucional y digital, combinada con algoritmos de amplificación emocional y el uso masivo de inteligencia artificial generativa, está acelerando la difusión de narrativas falsas o simplificadas. El resultado es un espacio público dominado por el ruido, la indignación y la lógica de bloques enfrentados.
La tecnología acelera, pero no decide
La inteligencia artificial es presentada como un acelerador de dinámicas existentes, no como su causa última. Sin gobernanza, transparencia y marcos éticos compartidos, la tecnología amplifica desigualdades, distorsiona el debate público y debilita la confianza democrática.
El riesgo no es solo tecnológico, sino político y cultural: quién controla los relatos, cómo se toman las decisiones y con qué grado de rendición de cuentas.
Davos 2026 no ofrece recetas mágicas, pero sí un diagnóstico compartido: el mundo avanza hacia una era de riesgos entrelazados que solo pueden abordarse desde la cooperación, la transparencia y la calidad del debate público.