De las playas de Sri Lanka al caos bajo las bombas en Abu Dabi en solo 24 horas

Una pareja riojana narra cómo unas vacaciones en Sri Lanka se transformaron en una odisea entre alarmas y bombardeos en Abu Dabi.

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El portavoz de VOX en el Ayuntamiento de Madrid, Javier Ortega Smith, a su llegada a una sesión plenaria en el Congreso Carlos Luján - Europa Press

El portavoz de VOX en el Ayuntamiento de Madrid, Javier Ortega Smith, a su llegada a una sesión plenaria en el Congreso Carlos Luján - Europa Press

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Los riojanos Iván López Galilea y Marta Montero han pasado en cuestión de horas de disfrutar de unas vacaciones idílicas a vivir una experiencia que, como reconocen, “te marca de por vida”. En apenas 24 horas cambiaron “la tranquilidad de las playas y los paisajes en Sri Lanka -donde estaban de vacaciones- a estar atrapados entre bombardeos en Abu Dabi”.

La pareja había viajado a mediados de febrero al país asiático y, cuando “regresábamos desde la capital Colombo, la madrugada del viernes 27 al sábado 28 de febrero, escala con Abu Dabi para luego volar a Madrid, nos encontramos con que Estados Unidos e Israel habían bombardeado Irán”.

En el aeropuerto de Abu Dabi, al llegar a la puerta de embarque, todo parecía discurrir con normalidad: muestran billetes y pasaportes y acceden a la sala de espera. Sin embargo, mientras observaban su avión en pista, reciben en el móvil el aviso de que el vuelo había sido cancelado, algo que les dejó “asombrados”.

A partir de ese instante, “personal de la compañía aérea Etihad nos dicen que es necesario un permiso del Gobierno para volar, debiendo permanecer allí a la espera”. Poco después, “suena una primera alarma en el que nos dice que debido a una amenaza potencial de misiles, y que nos alejemos de las zonas con cristales y que busquemos un refugio en zonas seguras”.

Pese a las advertencias, la aerolínea transmite una sensación de “aparente normalidad”, aunque en cuestión de minutos “vemos volar dos cazas por el espacio aéreo para nuestra propia sorpresa, pero aún así vemos que tampoco nadie pierde la calma”. Es entonces cuando “aparece personal de la Embajada que nos indica que es prácticamente imposible que volemos porque el espacio de aire está cerrado y que debe ser la compañía la que tiene que empezar a dar soluciones”.

La compañía “comienza a ofrecer bonos de hotel para las 6.000 personas que calculamos que estábamos en el aeropuerto, si bien -cuentan Iván y Marta- preferimos hacer uso de nuestro seguro de viaje y coger un hotel que se encuentra en el aeropuerto, pensando que si estamos aquí al lado, en cuanto se abra el espacio aéreo podremos regresar a casa”.

“OÍMOS DETONACIONES”

Ya instalados en la habitación del hotel, “y cuando estamos durmiendo, oímos detonaciones -junto al aeropuerto- que nos sobresaltan, volviendo a sonar una alarma, y tras ella gritos por los pasillos para que evacuáramos”. “Fuera de la habitación está el ejército que nos traslada a una zona a las afueras del aeropuerto, donde nos tranquilizan, nos ofrecen agua e incluso la posibilidad de que viniera una ambulancia en caso de que hiciera falta”, señalan.

Desde ese punto, en plena noche, “nos llevan a otro hotel, donde permanecemos sin poder salir todo el domingo, escuchando alguna alerta, pero ya no bombardeos”. “Como tengo que tomar una medicina -explica Iván- y no tenemos la maleta les pedimos que nos lleven al aeropuerto para cogerla; acceden a llevarnos, el lunes, pero es imposible recuperarla, ya que está todo vacío, teniendo que pasar esa noche en el mismo hotel del primer día, pero con la esperanza de poder volar el martes por la mañana, una vez abierta una ruta segura”.

“La tranquilidad se vuelve a romper por la noche -añaden- cuando se produce otro ataque, en esta ocasión en la propia ciudad, siendo desalojados y trasladados a una tercera planta subterránea del propio hotel, donde volvimos a estar custodiados por el ejército”. Marta subraya especialmente el “buen trato todo el trato de los militares, siendo en todo momento muy educados y protectores”.

Cuando regresan a la habitación apenas pueden conciliar el sueño. A la mañana siguiente, martes, obtienen por fin las tarjetas de embarque y se dirigen al mostrador de Etihad, sabiendo que había “un avión para Madrid y otro para Frankfurt”. Tras varias gestiones, “nos dice que volamos en cinco horas para Madrid y cuando nos da las tarjetas de vuelo es cuando comienzan a aflorar las lágrimas”. Aun así, “hasta que no estamos metidos en el avión, no nos vemos a salvo”.

Iván detalla que “a la ida nuestro vuelo era Madrid, cruzando el Mediterráneo para llegar a Arabia, pasando por encima de Israel, y la zona de Irán e Irak, y de allí a Sri Lanka, mientras que la vuelta, por el corredor seguro, volamos de Abu Dabi a Omán, subiendo luego por el Mediterráneo y para subir por la zona de Egipto y hasta Madrid”.

También les llamó la atención que, en un avión de “400 personas solo estábamos como 175 españoles”, por lo que calculan que aún quedan muchos viajeros pendientes de regresar. A todos ellos desean enviarles “nuestro ánimo y nuestro apoyo, y que tengan paciencia porque al final va a haber una solución, y van a poder salir”.

“HEMOS PASADO MIEDO”

De vuelta ya en Logroño, reconocen que “hemos pasado miedo, sobre todo, por el tema de las evacuaciones” y “cuando oyes un petardazos en el aeropuerto”. Aclaran que “no hemos pasado un miedo de pensar que nos íbamos a morir pero hemos tenido esa sensación pero, a la vez, nos hemos sentido muy protegidos” gracias al ejército y al buen trato de la aerolínea, aunque se muestran algo más críticos con la actuación de la Embajada.