El Ángel Caído del Retiro alcanzará 141 años durante la visita papal, elevado a 666 metros de altitud

El Ángel Caído del Retiro cumplirá 141 años en 2026, coincidiendo con la visita del Papa León XIV, desde su simbólica altitud de 666 metros.

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Estatua del Ángel Caído, en el Retiro AYUNTAMIENTO DE MADRID

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El célebre Ángel Caído del parque del Retiro, considerado una auténtica oda al diablo en pleno corazón de este pulmón verde madrileño, cumplirá 141 años en 2026. Esta efeméride coincidirá con la visita a Madrid del Papa León XIV a comienzos de junio, un aniversario que ‘festejará’ desde la simbólica cota de 666 metros de altitud topográfica sobre el nivel del mar en la que se ubica la escultura.

En medio del Retiro se alza la figura de Lucifer, el señor del infierno que, según la tradición, se enfrentó a Dios encabezando una rebelión de ángeles. En la obra se aprecia cómo una serpiente intenta sujetarle, animal asociado bíblicamente al pecado, mientras que el pedestal está rodeado de figuras demoníacas que representan la caída del ángel a los abismos.

Se trata de una de las piezas más reconocibles de Madrid, parada casi obligatoria para quienes visitan la ciudad. Creada por el escultor madrileño Ricardo Bellver, fue adquirida por el Estado por 4.500 pesetas, según recoge el Ayuntamiento de Madrid.

La escultura se concibió inicialmente para la Exposición Universal de 1878 en París, aunque solo se aceptaban obras en mármol o bronce y la primera versión de “El Ángel Caído” era de yeso. Se decidió entonces fundirla en bronce y acabó siendo inaugurada en 1885 por la reina regente María Cristina de Habsburgo, sobre un pedestal que hace las veces de fuente.

El monumento fue posteriormente donado por la Corona a la Villa de Madrid. El emplazamiento escogido fue el terreno donde se levantó en su día la ermita de San Antonio de los Portugueses y, más tarde, la Real Fábrica de Porcelanas del Buen Retiro.

Bellver tomó como referencia “El paraíso perdido”, el célebre poema del inglés John Milton sobre la confrontación entre Dios y Satán. “Por su orgullo cae arrojado del cielo con toda su hueste de ángeles rebeldes para no volver a él jamás”, escribió el autor, frase que resume el espíritu que impregna la composición.

MADRID Y LOS 666 METROS

La Glorieta del Ángel Caído se sitúa a 666 metros de altitud topográfica sobre el nivel del mar. El dato puede llamar la atención por su coincidencia con el llamado ‘número de la Bestia’, aunque la explicación es mucho más prosaica: la capital se encuentra, de media, a unos 655 metros de altura, de modo que los registros topográficos descartan cualquier lectura esotérica sobre la elección del lugar.

Además, no es la única representación de un ángel caído en Madrid. En la céntrica calle de los Milaneses, muy próxima a la Plaza de la Villa y al Mercado de San Miguel, se encuentra la escultura “Accidente aéreo”.

Para localizarla basta con mirar hacia arriba en la confluencia de la calle Mayor con Milaneses: la pieza se sitúa en la azotea del número 3, un edificio de cinco plantas. Llegó a la ciudad en 2005 y muchos interpretaron que podía tratarse de una especie de ‘segundo Ángel Caído’ o de una alusión a Ícaro, el personaje mitológico que voló con alas de cera demasiado cerca del sol y terminó precipitándose.

Su autor, Miguel Ángel Ruiz Beato, aclaró el verdadero sentido de la obra: los 300 kilos de bronce representan a “un hombre alado que sale a dar una vuelta y al volver, volando tranquilamente de espaldas mientras toma el sol, no se percata de que en el prado donde aterriza siempre ha crecido toda una ciudad. El resultado es este accidente”.

Madrid tampoco es la única urbe que rinde tributo escultórico a Lucifer. Otra figura similar se encuentra en los jardines interiores del Capitolio Nacional de Cuba, en La Habana. Allí, la diferencia principal está en la pose: frente al escorzo del conjunto madrileño, la versión cubana muestra a un Lucifer, líder de los ángeles rebeldes contra Dios, con el puño en alto.

También en Turín (Italia) cuentan con su particular homenaje al ángel caído, situado en la plaza Statuto. Se trata de un monumento en forma de pirámide construida con grandes rocas, coronada por una representación de Lucifer, identificable por el lucero que luce en la frente.