La Casa Blanca ha sorprendido con una publicación en su cuenta oficial de X que no tardó en viralizarse. Bajo el mensaje “embrace the penguins” (“abraza a los pingüinos”), la imagen mostraba al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, caminando de la mano de un pingüino en un paisaje nevado, flanqueado por las banderas de Estados Unidos y de Groenlandia. El escenario evocaba claramente la isla situada entre el Atlántico Norte y el Ártico, epicentro en las últimas semanas de una creciente tensión diplomática.
La publicación no fue interpretada como un gesto inocente. Llegó en pleno debate internacional por el renovado interés expresado por Trump en que Washington refuerce su control sobre Groenlandia, territorio autónomo perteneciente al Reino de Dinamarca. Sin embargo, más allá de su trasfondo político, la imagen llamó poderosamente la atención por un error tan evidente como simbólico: los pingüinos no viven en el Ártico.
No hay pingüinos en Groenlandia
Estas aves no voladoras habitan exclusivamente el hemisferio sur, principalmente en la Antártida y en regiones cercanas al polo sur como el sur de Chile, Argentina, Sudáfrica, Australia o Nueva Zelanda. Nunca han formado parte del ecosistema ártico. Groenlandia, en cambio, se sitúa en el hemisferio norte y cuenta con una fauna radicalmente distinta, dominada por osos polares, zorros árticos, bueyes almizcleros, focas, morsas y aves adaptadas a condiciones extremas de frío y luz.
El contraste científico y geográfico convirtió la publicación en objeto inmediato de burlas, críticas y análisis políticos. Para muchos observadores, el uso de un símbolo biológicamente imposible no fue un simple descuido, sino una pieza de comunicación política poco convencional —o directamente provocadora— en un momento especialmente sensible para las relaciones internacionales en el Ártico.
Una isla ¿"descuidada"?
La imagen se difundió mientras la Administración estadounidense insiste en la relevancia estratégica de Groenlandia para su seguridad nacional. Trump ha reiterado en las últimas semanas que la defensa de la isla ha sido “descuidada” y ha elevado el tono sobre la necesidad de una mayor implicación —y control— por parte de Estados Unidos en la región.
El contexto diplomático refuerza la lectura política del mensaje. La publicación coincide con una intensa agenda de contactos entre Dinamarca, Groenlandia y sus aliados, tras conocerse un preacuerdo entre Estados Unidos y la OTAN para reforzar la seguridad en Groenlandia y en el Ártico. Este mismo viernes, la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, y el presidente groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, mantuvieron una reunión en Nuuk para analizar el alcance del entendimiento y coordinar una respuesta política conjunta.
Trump ha defendido que el preacuerdo con la OTAN es “a largo plazo” y clave para la seguridad nacional e internacional de Estados Unidos, asegurando que se encuentra en una fase avanzada. No obstante, tanto Dinamarca como Groenlandia han subrayado que en ningún momento se ha negociado la soberanía ni la integridad territorial de la isla.
Amenazas retiradas... de momento
Ante el aumento de la presión retórica desde Washington, Dinamarca y otros siete aliados europeos de la OTAN reforzaron recientemente su presencia militar en Groenlandia. Trump respondió inicialmente con amenazas de represalias comerciales, aunque finalmente descartó tanto la imposición de aranceles como el uso de la fuerza militar tras anunciar el preacuerdo con la Alianza.
En ese contexto, la imagen del presidente estadounidense paseando con un pingüino inexistente en el Ártico ha terminado funcionando como una metáfora involuntaria —o quizás demasiado reveladora— de una estrategia comunicativa que mezcla provocación, simbolismo confuso y un pulso geopolítico cada vez más visible en el extremo norte del planeta.