Horario de verano o de invierno: ¿cuál es mejor para la salud?

Expertos advierten de efectos similares al jet lag y reabren el debate entre mantener el horario de verano o el de invierno*

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Persona cambiando el reloj. Europa Press.

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El cambio de hora vuelve a poner a prueba el reloj biológico de los españoles. A las dos serán las tres y el día tendrá solo 23 horas, un ajuste que se repite dos veces al año pero que sigue generando dudas tanto en su utilidad como en su impacto sobre la salud.

Un “mini jet lag” para el organismo

Los expertos comparan este cambio con un pequeño desfase horario. Obliga al cuerpo a adaptarse de forma brusca a un nuevo ritmo, alterando el equilibrio entre el reloj interno y los horarios sociales.

Aunque no alcanza la intensidad de un viaje intercontinental, la pérdida de una hora de sueño —como ocurre en el paso al horario de verano— es la más difícil de asimilar.

Efectos que van más allá del cansancio

Las consecuencias pueden durar varios días. Durante ese periodo, es habitual experimentar problemas de sueño, fatiga o dificultad para concentrarse.

A nivel general, los especialistas señalan que este desajuste también puede provocar peor rendimiento cognitivo, alteraciones del estado de ánimo e incluso trastornos digestivos, en un patrón similar al que se produce en los viajes con cambio de huso horario.

Además, algunos estudios apuntan a un aumento puntual de accidentes o problemas cardiovasculares en los días posteriores al cambio.

Un debate que divide a la sociedad

El cambio de hora lleva años en discusión. La pregunta es recurrente: ¿mantener el horario de verano o el de invierno?

Sin embargo, los expertos advierten de que el debate está condicionado por la percepción social. El horario de verano suele asociarse a más ocio y luz, pero esto no significa que sea el más adecuado desde el punto de vista biológico.

De hecho, el llamado horario de verano fue concebido como una medida de ahorro energético, un objetivo que hoy en día se considera mínimo o incluso inexistente.

Desajuste con el reloj solar

España presenta además una particularidad: su horario oficial no está completamente alineado con el ciclo solar, lo que provoca que muchas actividades diarias se realicen cuando, biológicamente, el cuerpo aún no está preparado.

Este fenómeno, conocido como cronodisrupción, puede tener efectos a largo plazo, como mayor riesgo de enfermedades metabólicas, cardiovasculares o problemas cognitivos.

El horario de invierno, la opción preferida por los expertos

En el ámbito científico existe un consenso claro: si hubiera que elegir, el horario estándar —el de invierno— es el más adecuado, al estar más alineado con la luz natural.

Mantener de forma permanente el horario de verano podría generar un desfase crónico, con amaneceres muy tardíos en invierno y un impacto negativo sostenido en el organismo.

Sin acuerdo total entre los especialistas

Aun así, no hay unanimidad absoluta. Algunos expertos consideran que mantener un único horario —aunque no sea el ideal— podría ser menos perjudicial que cambiarlo dos veces al año, mientras que otros defienden que un horario incorrecto de forma permanente tendría efectos más dañinos a largo plazo.

La clave: la rutina diaria

Más allá del debate, los especialistas coinciden en un punto esencial: la regularidad en los hábitos es más importante que el propio cambio de hora.

Mantener horarios estables de sueño, adaptados al propio ritmo biológico, y reducir factores que alteren el descanso —como el uso de pantallas o las rutinas irregulares— tiene un impacto mayor en la salud que el ajuste puntual del reloj.

En este contexto, el cambio de hora sigue vigente, pero el debate sobre su continuidad y sobre el horario más adecuado permanece abierto tanto en la sociedad como en la comunidad científica.