La industria de la Defensa y el sector del automóvil en España están estrechando posiciones ante el nuevo escenario geopolítico y el aumento del gasto militar en Europa. En este contexto, Indra y Seat han iniciado contactos preliminares para estudiar una posible alianza estratégica que permitiría combinar la capacidad industrial de la automoción con la creciente demanda de equipamiento militar.
Según distintas fuentes del sector, las dos compañías han mantenido reuniones exploratorias para analizar fórmulas de colaboración que aprovechen las capacidades de cada una. El objetivo sería impulsar la fabricación de vehículos militares ligeros —no de combate— en la planta de Martorell (Barcelona), uno de los principales centros industriales del automóvil en España.
Sinergias entre Defensa y automoción
El interés de ambas compañías responde a una lógica industrial clara. Indra, llamada a convertirse en el gran campeón nacional de Defensa, busca ampliar su capacidad productiva para responder al fuerte crecimiento de pedidos en este ámbito. Para ello, pretende apoyarse en la experiencia tecnológica, los procesos industriales avanzados y la capacidad de fabricación de Seat, filial española del grupo Volkswagen.
Por su parte, Seat vería en esta colaboración una oportunidad para diversificar su actividad en un momento de incertidumbre para la industria automovilística europea, marcada por la transición al vehículo eléctrico y por la volatilidad del mercado. Además, el sector de Defensa ofrece márgenes de rentabilidad superiores a los del automóvil tradicional.
Las conversaciones se centran en la posibilidad de aprovechar las instalaciones de Martorell para producir vehículos destinados a uso militar, dentro de la estrategia de Indra para reforzar su presencia en el ámbito de los sistemas terrestres.
Un proyecto vinculado a la expansión de Indra
Según diversas informaciones, ambas compañías estudiarían la conversión de hasta 5.000 vehículos ligeros para uso militar en la planta catalana. Este movimiento se enmarcaría dentro de la apuesta de Indra por el negocio de vehículos terrestres tras la creación de Indra Land Vehicles, una nueva división dirigida por Frank Torres, procedente de Nissan.
Desde Seat han confirmado que ha habido “una o dos reuniones” entre el consejero delegado de la compañía, Markus Haupt, y la dirección de Indra, encabezada por su presidente Ángel Escribano y su consejero delegado José Vicente de los Mozos, quien también procede del sector del automóvil tras su etapa en Renault.
No obstante, la firma automovilística ha restado trascendencia por ahora a estos encuentros. “Parte del trabajo del CEO implica mantener reuniones con autoridades públicas y con empresas relevantes del sector privado, entre ellas Indra”, han señalado desde la compañía, que ha evitado comentar posibles proyectos concretos.
La planta de Martorell busca nuevos volúmenes
La factoría de Martorell, uno de los mayores complejos industriales de España, fabricó más de 470.000 vehículos el pasado año, lo que supuso una ligera caída respecto al ejercicio anterior debido a la adaptación de la planta a la producción de nuevos modelos eléctricos como el Cupra Raval y el Volkswagen ID. Polo.
Aun así, la instalación todavía se encuentra por debajo de su capacidad máxima, lo que abre la puerta a nuevos proyectos industriales que permitan aumentar el volumen de producción.
Defensa, un sector en pleno auge
El interés de Indra por ampliar su capacidad industrial se explica por el fuerte crecimiento de los contratos en el sector de Defensa. La compañía registró el pasado año pedidos por valor de 8.160 millones de euros, multiplicando casi por ocho las cifras del ejercicio anterior.
Ante esta expansión, la empresa prevé cuadruplicar su huella industrial antes de 2027 mediante la puesta en marcha de cinco nuevas plantas productivas en España. Además de Seat, la compañía también habría explorado posibles colaboraciones con otros fabricantes automovilísticos, con el objetivo de aprovechar sus capacidades industriales.
El acercamiento entre Indra y Seat refleja así una tendencia creciente en Europa: la convergencia entre la industria civil y la militar para responder a la nueva demanda de equipamiento estratégico en un contexto internacional cada vez más tensionado.