Su Majestad la Reina Doña Sofía ha estampado su firma en el Libro de Oro del Ayuntamiento de Murcia durante su estancia en la capital, un gesto con el que ha querido dejar constancia de su afecto y reconocimiento a la ciudad tras disfrutar este Viernes Santo de la tradicional 'mañana de Salzillo', una de las citas más emblemáticas para los murcianos en la Semana Santa de Murcia.
La visita de la Reina Sofía, acompañada por sus hijas, las infantas Elena y Cristina, ha tenido lugar en un contexto muy especial para la ciudad: la conmemoración del 425 aniversario de la Real y Muy Ilustre Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, una de las procesiones más representativas de la Semana Santa murciana y estrechamente ligada al legado del imaginero Francisco Salzillo.
El alcalde de Murcia, José Ballesta, ha querido remarcar la singularidad de este día, describiéndolo como una "mañana festiva y cuaresmal, alegre y pausada; de sol y color 'morao', bella sucesión de sentimientos y recuerdos que avivan el sano orgullo de pertenencia a nuestra tierra". Además, ha puesto en valor la presencia de la Reina Sofía al asegurar que "es un privilegio contar con su presencia en un día tan significativo para todos los murcianos", según han señalado desde el Consistorio.
Antes del inicio de la procesión, la Reina ha sido recibida oficialmente por el alcalde de Murcia, José Ballesta, y el presidente del Gobierno de la Región de Murcia, Fernando López Miras, junto a miembros de la Corporación municipal, el Obispo de la Diócesis de Cartagena, José Manuel Lorca Planes, así como distintas autoridades civiles y militares.
En este marco, el alcalde de Murcia, José Ballesta, acompañado por el obispo de la Diócesis de Cartagena, ha accedido a la Catedral de Murcia con motivo de la entrada de Nuestro Padre Jesús Nazareno, que ha regresado al templo un siglo después para realizar estación de penitencia con motivo del 425 aniversario de la Cofradía de Jesús.
El Viernes Santo en Murcia se mantiene como una de las celebraciones más esperadas tanto por los residentes como por quienes se desplazan a la ciudad, que se vuelca con una de sus tradiciones más profundas. Desde primera hora, las calles del casco histórico se pueblan de nazarenos, estantes y miles de personas que acompañan los pasos, muchos de ellos firmados por Francisco Salzillo, en un cortejo procesional singular que aúna solemnidad, valor artístico y fervor popular.