La misión Artemis II ha entrado en su fase decisiva tras abandonar la órbita terrestre y poner rumbo a la Luna, en lo que supone el regreso de la exploración tripulada al espacio profundo más de medio siglo después del programa Apolo. La nave Orión, con cuatro astronautas a bordo, afronta ahora los momentos clave de una misión que combina hitos históricos con importantes desafíos técnicos.
Rumbo a la Luna tras la inyección traslunar
La tripulación, formada por Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen, ya ha completado la fase de inyección traslunar, una maniobra crítica que impulsa la nave hacia una órbita elíptica en dirección al satélite.
Este paso marca el ecuador de la misión y confirma el correcto funcionamiento de los sistemas de la cápsula Orión, diseñada para operar en condiciones de espacio profundo, más allá de la protección del campo magnético terrestre.
Durante estos días, los astronautas están centrados en verificar sistemas, preparar experimentos y planificar observaciones, especialmente de cara a uno de los momentos más esperados: el sobrevuelo de la cara oculta de la Luna.
La cara oculta y un nuevo récord espacial
Uno de los hitos más relevantes tendrá lugar el 6 de abril, cuando la nave alcance su máxima distancia respecto a la Tierra, superando los 406.000 kilómetros. Con ello, Artemis II batirá el récord establecido por el Apolo 13, que hasta ahora ostentaba la marca.
En ese punto, la tripulación podrá observar y fotografiar zonas de la cara oculta de la Luna, convirtiéndose en los primeros humanos en décadas en contemplar directamente estas regiones.
Sin embargo, este momento también implica un riesgo operativo: la nave quedará incomunicada con la Tierra durante entre 30 y 50 minutos, al interponerse la Luna entre Orión y la Red del Espacio Profundo. Durante ese periodo, los astronautas deberán operar de forma completamente autónoma.
El regreso, la fase más crítica
La etapa final de la misión, prevista entre el 10 y el 11 de abril, será la más delicada. El retorno a la Tierra exigirá una serie de maniobras técnicas de alta precisión.
Antes de la reentrada, la tripulación realizará ensayos de pilotaje manual, pruebas de sistemas críticos y protocolos de protección frente a la radiación, además de ajustar sus equipos para soportar el regreso a la gravedad terrestre.
El momento clave llegará cuando la cápsula se separe del módulo de servicio y se prepare para entrar en la atmósfera a una velocidad cercana a los 40.000 kilómetros por hora. En ese instante, el escudo térmico deberá resistir temperaturas extremas, en la fase más peligrosa de toda la misión.
Si todo transcurre según lo previsto, los paracaídas se desplegarán y la cápsula amerizará en el océano Pacífico, donde equipos de la NASA procederán a la recuperación de la tripulación.
Una misión clave para el futuro lunar
Artemis II no incluye alunizaje, pero es un paso fundamental dentro del programa de la NASA para regresar a la Luna de forma sostenida y preparar futuras misiones tripuladas, incluyendo Artemis III, que sí prevé el regreso de humanos a la superficie lunar.
Más allá del componente simbólico, la misión servirá para validar tecnologías, procedimientos y capacidades humanas en un entorno que será clave para la próxima etapa de exploración espacial.