El petróleo amenaza con superar los 100 dólares si la guerra en Irán se intensifica

Los mercados energéticos siguen con atención el conflicto en Oriente Medio mientras los analistas advierten de que el precio del crudo dependerá de la evolución militar y del riesgo de cierre del estrecho de Ormuz.

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Una embarcación militar ligera iraní en el estrecho de Ormuz (archivo) Europa Press/Contacto/Rouzbeh Fouladi

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Los mercados energéticos siguen de cerca la evolución del conflicto en Oriente Medio. Los analistas advierten de que el barril de Brent, referencia en Europa, podría superar los 100 dólares si la tensión derivada de la guerra en Irán continúa aumentando o si se produce un bloqueo prolongado del estrecho de Ormuz, uno de los corredores energéticos más estratégicos del mundo. 

Por ahora, sin embargo, los expertos consideran que ese escenario extremo todavía no es el más probable. A pesar de la muerte del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, el país no ha experimentado un colapso del régimen ni un cambio político inmediato. La incógnita principal gira ahora en torno a quién asumirá el liderazgo del país. Si el sucesor pertenece al sector más duro del régimen, aumentaría la probabilidad de que el conflicto se prolongue y con ello la presión sobre los mercados energéticos.

Tres escenarios para el precio del crudo

Los analistas manejan distintos escenarios sobre la evolución del petróleo en función del desarrollo del conflicto. En un escenario base, el Brent se movería en un rango aproximado de entre 80 y 95 dólares por barril, mientras que el crudo estadounidense WTI permanecería algo más contenido gracias a la mayor capacidad exportadora de Estados Unidos y a la flexibilidad de su producción doméstica. 

En este contexto, el impacto inflacionario sería desigual: Europa y Asia sufrirían más presión en los precios por su mayor dependencia del petróleo transportado desde Oriente Medio, mientras que Estados Unidos absorbería mejor el shock energético.

El riesgo de escalada regional

La situación se complicaría si el conflicto evoluciona hacia una escalada progresiva sin colapso del régimen iraní. En ese escenario, Teherán podría intensificar los ataques contra países del Golfo como Catar, Baréin o Emiratos Árabes Unidos, o incluso convertir en objetivos instalaciones energéticas y petroleros en tránsito.

En ese caso, los analistas prevén que el petróleo podría moverse entre los 90 y los 110 dólares por barril, impulsado por el aumento del riesgo geopolítico y por el encarecimiento de los seguros y del transporte marítimo en el Golfo.

El escenario extremo: el cierre del estrecho de Ormuz

El escenario más grave —y también el menos probable según los expertos— sería un cierre prolongado del estrecho de Ormuz, el paso marítimo por el que circula cerca del 20% del petróleo mundial. En una situación así, Irán podría recurrir a minar la zona, capturar petroleros o lanzar ataques con drones y misiles contra buques en tránsito.

Un bloqueo de esa magnitud podría empujar el petróleo por encima de los 120 dólares por barril, provocando un shock energético global. Ante un escenario así, las principales economías consumidoras recurrirían previsiblemente a sus reservas estratégicas de petróleo, mientras que China, gran importadora de crudo del Golfo, podría intensificar su papel diplomático para evitar una interrupción prolongada del suministro. 

Mercados financieros en alerta

En paralelo, los inversores observan cómo reaccionan los activos financieros ante el conflicto. Tradicionalmente, el dólar estadounidense y el oro han actuado como refugio en momentos de tensión geopolítica. Sin embargo, los expertos advierten de que este comportamiento no está garantizado en el contexto actual.

Mientras tanto, los mercados bursátiles podrían experimentar episodios de volatilidad a corto plazo, aunque muchos analistas consideran que el impacto estructural dependerá de un factor clave: si el suministro energético global llega a sufrir interrupciones prolongadas. Si eso ocurre, el conflicto en Irán podría desencadenar una nueva crisis energética global con consecuencias directas para la inflación, el crecimiento económico y el comercio internacional.