Siete años de la Revuelta de la España Vaciada: del estallido social en Madrid al desgaste en las urnas y la polarización política

Siete años después de la Revuelta de la España Vaciada, la despoblación pierde peso político y mediático, pero sigue siendo un problema sin resolver.

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Decenas de personas durante la manifestación bajo el lema "Salvemos el mundo rural agredido", a 4 de octubre de 2025, en Madrid (España).  Rafael Bastante - Europa Press

Decenas de personas durante la manifestación bajo el lema "Salvemos el mundo rural agredido", a 4 de octubre de 2025, en Madrid (España). Rafael Bastante - Europa Press

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Este martes 31 de marzo se cumplen siete años desde que miles de personas tomaran el centro de Madrid para reclamar un Pacto de Estado contra la despoblación. Aquella Revuelta de la España Vaciada, que logró situar el reto demográfico en el foco del debate nacional, ha ido perdiendo parte del empuje político que alcanzó en sus inicios.

El retroceso electoral de plataformas como 'Soria ¡Ya!' o 'Teruel Existe' plantea ahora la duda de si esta causa ha dejado de activar al electorado o si, simplemente, ha cedido terreno en una agenda pública dominada por la “polarización”.

El 31 de marzo de 2019, entre 50.000 y 100.000 personas, según la Delegación del Gobierno y los organizadores, recorrieron el centro de la capital para denunciar décadas de “abandono” institucional y exigir “igualdad de oportunidades” entre el mundo rural y las zonas urbanas.

Impulsada por 'Soria ¡Ya!' y 'Teruel Existe', la marcha aglutinó a más de 80 colectivos ciudadanos y elevó la despoblación a categoría de cuestión de Estado. A partir de entonces se abrió una oportunidad política inédita para las candidaturas de ámbito provincial, que lograron llevar al Parlamento y a varios ejecutivos autonómicos una reivindicación hasta entonces marginal.

Hoy el escenario es distinto. En las últimas citas autonómicas, varias de estas siglas han visto mermada su representación o su respaldo en las urnas, en paralelo a un contexto marcado por el voto útil y la confrontación entre bloques ideológicos, que ha estrechado el margen para los partidos centrados en el reequilibrio territorial.

¿Qué explica el frenazo de Soria ¡Ya!?

El candidato de 'Soria ¡Ya!', Ángel Ceña, atribuye este declive al desplazamiento del debate hacia claves estatales. Según explica a Europa Press, la formación ha pasado de rozar el 43% del voto en su primera convocatoria autonómica a situarse en torno al 20%.

“Supimos transmitir en 2022 una emoción de protesta frente al abandono histórico de Soria, pero ahora esa emoción se ha visto contrarrestada por el voto en clave nacional”, señala.

A su entender, la presencia continuada de dirigentes nacionales durante la campaña en provincias como Soria perseguía “polarizar el mensaje y no dejar espacio a lo territorial”.

En este marco, Ceña reprocha además la escasa ejecución real de las políticas frente al reto demográfico y sostiene que las 130 medidas aprobadas por el Gobierno “no han servido de nada”, recordando que el Tribunal de Cuentas detectó que solo el 37% de los fondos previstos llegaron a núcleos despoblados.

Tomás Guitarte: de Madrid al parlamento aragonés

En una línea similar, el diputado de 'Teruel Existe' en Aragón, Tomás Guitarte, coincide en señalar la polarización como factor clave para entender el giro de ciclo. “Se está consiguiendo polarizar la situación política y da igual que estés en un territorio u otro: lo importante es si el voto es anti-Sánchez o anti-Vox”, afirma.

Según Guitarte, esta dinámica ha relegado a un segundo plano los problemas de fondo del medio rural y ha favorecido una progresiva “invisibilización” del fenómeno. “Cuando un problema no se quiere resolver, lo que se intenta es que no aparezca”, sostiene.

El politólogo Pablo Simón introduce, no obstante, otro matiz: el auge de estas candidaturas respondió también a un contexto político “excepcional difícilmente reproducible”.

A su juicio, muchas de estas siglas se configuraron como partidos “nicho”, construidos en torno a una única demanda, lo que “limita” su consolidación si no logran traducirla en resultados tangibles. “En el momento en que no son capaces de revertir una situación tan estructural como la despoblación, los electores abandonan”, explica.

Parte de ese voto de protesta, añade, se ha redirigido hacia otras opciones en un clima de mayor confrontación electoral. “Una parte está yendo hacia Vox y otra retorna a las formaciones tradicionales”, apostilla.

Con todo, Simón destaca que el movimiento sí consiguió un logro político de calado: colocar la despoblación en la agenda pública. “Los partidos grandes han absorbido ese discurso y eso también es un éxito, aunque no sea electoral”, sentencia.

Menos foco mediático y Vox como receptor del descontento

El desplazamiento del interés informativo hacia conflictos de ámbito nacional e internacional también ha reducido la exposición mediática del reto demográfico. Así lo sostiene el catedrático de Ciencia Política y de la Administración de la Universidad Autónoma de Madrid Fernando Vallespín, que atribuye al cambio de prioridades en los medios parte de la situación actual.

“Las cuestiones que han estado en el centro del debate han sido la tensión entre gobierno y oposición, no la despoblación”, admite Vallespín.

En este contexto, apunta, formaciones como Vox han conseguido canalizar parte del malestar del campo mediante mensajes sobre el abandono del medio rural o la ganadería. “Para algunos votantes, apoyar a Vox también es una forma de visibilizar los problemas locales”, señala.

¿Menos gravedad o menos atención política?

La pérdida de peso en las urnas de las plataformas de la España Vaciada no supone, según diversos especialistas, una mejora clara de la realidad demográfica.

Desde el prisma económico, el catedrático e investigador en despoblación y migraciones Vicente Pinilla advierte de que, en Aragón, por ejemplo, los municipios de menos de 5.000 habitantes siguen perdiendo vecinos mientras crecen las ciudades de mayor tamaño. “No puede decirse que esté habiendo una vuelta al campo”, apunta.

El principal freno continúa siendo la falta de empleo cualificado, seguida de las dificultades de acceso a la vivienda y de la movilidad, aunque la red de servicios públicos mantiene niveles “bastante razonables”. La dependencia del vehículo privado sigue siendo, en cualquier caso, un condicionante importante.

En esta línea, el investigador Juan Antonio Lobato introduce un matiz: aunque la tendencia no se ha invertido, sí aprecia una ralentización en el ritmo de pérdida de población.

España, explica, se sitúa en un “punto de inflexión”, aunque recuerda que cualquier transformación estructural exige décadas de políticas continuadas. “La despoblación no se va a solucionar de forma inmediata, pero vivimos en una sociedad que exige soluciones inmediatas”, lamenta Lobato.

Siete años después de la Revuelta de la España Vaciada, el reto demográfico ha cedido protagonismo político, pero mantiene intacta su urgencia sobre el terreno. La protesta que llevó el problema al corazón de Madrid en 2019 no ha encontrado aún una respuesta capaz de revertirlo.