El campo espera las ayudas del Gobierno mientras la guerra de Irán golpea a los fertilizantes, el gasóleo y la alfalfa

Para el pistacho español, el conflicto puede ser toda una oportunidad para posicionarse en el mercado europeo

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Un tractor con el equipamiento de aplicación de fertilizantes.

Un tractor con el equipamiento de aplicación de fertilizantes.

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Las dos principales consecuencias de la Guerra de Irán en el sector primario han sido el incremento del coste de los fertilizantes y del gasóleo agrícola.

Por ello, tras la reunión el pasado lunes con los ministerios de Agricultura y Economía de los principales colectivos de sector primario (pesca, industria alimentaria, fabricantes y comercializadores de fertilizantes, organizaciones agrarias y cooperativas), todos ellos están expectantes las líneas de ayudas que facilite el Estado para paliar las pérdidas generadas desde inicios e marzo.

A pesar de no tener muchas pistas sobre por dónde irán los apoyos anunciados, fuentes de las organizaciones agrarias consultadas aseguran que “no serán como las que se dieron por la invasión de Ucrania por parte de Rusia”. (Entonces se habilitaron siete líneas de aayuda con un presupuesto de 1.382 millones de euros, de las que se beneficiaron 659.490 agricultores y ganaderos).

Actualmente, a pesar de la indefinición de las medidas, se prevén bonificaciones al gasóleo, ayudas por fertilizantes consumidos y las casi tradicionales líneas ICO-MAPA-SAECA que se han aprobado en otros momentos de crisis como la DANA o la sequía.

Los fertilizantes, insostenibles

El aumento del precio de los fertilizantes es la repercusión más específica que está sufriendo el sector primario, ya que en su fabricación se consume mucha energía (gas natural) lo que lleva a que Oriente Medio sea un gran productor de abonos.

Sin embargo, según un informe de COAG, "los datos de comercio exterior sitúan a Marruecos, Argelia, Egipto y Rusia como los grandes proveedores de fertilizantes para el campo español", por lo que la organización agraria recalca que España no depende del comercio que transita el Estrecho de Ormuz, paralizado a raíz de la guerra.

Cooperativas Agroalimentarias, además de ayudas directas a los productores-consumidores de fertilizantes, exige la eliminación de la tasa a la descarbonización y los aranceles aplicados por la Unión Europea, ya que estas medidas colapsan el mercado comunitario de abonos.

La situación de los fertilizantes en la Unión Europea, complicada desde hace unos meses, se ha visto agravada por la guerra de Irán. A principios de año, la Comisión Europea anunció la presentación para el segundo trimestre de un Plan de Acción para los Fertilizantes que ya reclaman desde la organización que agrupa a los agricultores y ganaderos europeos, COPA-Cogeca. En este sentido, es destacable las declaraciones que en enero realizó el comisario de Comercio, Maroš Šefčovič, reconociendo que "los costes de los fertilizantes siguen siendo alrededor de un 60% más altos que en 2020. Esto simplemente no es sostenible".

En este sentido, la Comisión Europea ya suspendió a finales de febrero los aranceles NMF (Nación Menos Farovecida) y estudia paralizar para los fertilizantes el Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM), cuyo objetivo es limitar las importaciones de productos intensivos en carbono procedentes de terceros países que no cumplen las normativas climáticas marcadas por la Unión Europea.

Gasóleo agrícola

Por otra parte, el precio del gasóleo agrícola o gasóleo B es otro de los grandes como también ha ocurrido en otros sectores. Según un análisis de la organización agraria COAG, el precio se disparó en un 41% durante los primeros días tras el ataque a Irán.

Tanto UPA como Cooperativas Agroalimentarias denunciaron posibles prácticas especulativas por parte de los operadores petrolíferos que hay que controlar, ya que el incremento de los precios no se ha correspondido con la situación real del mercado, porque tan solo el 5% consumido por España procede de la zona de conflicto.

Complicaciones en la alfalfa

Por sectores productivos, uno de los más afectados es el de la alfalfa. El 40% de las exportaciones españolas de este cultivo se destinan a Arabia Saudí y a Emiratos árabes, países en los que el comercio se ha paralizado por el cierre del Estrecho de Ormuz.

Tanto los caballos pura sangre árabe de los hipódromos de Dubái y Abu Dabi como los camellos que participan en las carreras se alimentan a base de la alfalfa española.

La alfalfa es un cultivo altamente protéico producido principalmente en el Valle del Ebro y que sirve para la alimentación animal. Desde hace décadas, uno de los destinos más comunes de la alfalfa deshidratada española son los países del Golfo Pérsico, ya que posee una digestibilidad superior y es la preferida por los veterinarios y los gestores de cuadras de élite de toda la Península Arábica. Así, tanto los caballos pura sangre árabe de los hipódromos de Dubái y Abu Dabi como los camellos que participan en las carreras se alimentan a base de la alfalfa española.

De hecho, hace años que la multinacional Al Dahra de Emiratos Árabes Unidos cuenta con varias empresas en el Valle del Ebro centradas en la producción y comercialización alfalfa.

La oportunidad para el pistacho español

En el lado contrario, el cultivo que tiene una oportunidad para sacar pecho con la guerra en Irán es el pistacho, ya que Irán, uno de los grandes productores a nivel mundial con el 33% de la producción, ha paralizado sus exportaciones con el bloqueo en el Estrecho de Ormuz. Según apuntan fuentes de la organización agraria COAG, Europa pierde a su mayor proveedor de pistacho, pero España tiene una oportunidad para cubrir ese hueco en el mercado comunitario.

"La oportunidad es real, pero no viene sola. Necesitamos que la Administración actúe ahora: financiación para nuevas plantaciones, con prioridad para agricultores profesionales que quieran diversificar sus cultivos (no para fondos de inversión especulativos), apoyo decidido a la mejora de la comercialización y medidas urgentes para contener el alza de costes de producción", reclaman desde la organización agraria COAG.

Su responsable de frutos secos, Javier Fatás, subraya: "el pistacho no es una moda: es la respuesta estructural de la agricultura española al cambio climático. Mientras el cereal de secano pierde rentabilidad en miles de hectáreas de Castilla-La Mancha, Extremadura o Andalucía interior o Aragón, el pistachero aguanta cinco años de sequía sin morir, produce durante más de un siglo y genera ingresos superiores en las mismas tierras. Con el 62% del cultivo ya en secano, más del 70% bajo prácticas ecológicas, estamos ante el cultivo que puede ayudar a la viabilidad económica del agricultor profesional en la España más despoblada. Pedir apoyo para este sector no es pedir un privilegio: es pedir que se invierta en el futuro del mundo rural".

El pistacho se convierte en una de las pocas luces del sector agrario frente a las múltiples sombras que le afectan desde el ataque de Estados Unidos a Irán. Sombras que esperan ser más llevaderas gracias a las medidas especiales que disponga el Gobierno de España.