El palangre, la flota más castigada por el cierre de caladeros, con Galicia asumiendo el 80% del impacto económico

Dos estudios del IEO-CSIC revelan que el palangre, con fuerte peso en Galicia, sufre el mayor golpe económico por los cierres de caladeros en el Atlántico.

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El palangre, la flota más castigada por el cierre de caladeros, con Galicia asumiendo el 80% del impacto económico

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Un grupo de investigadores del Centro Oceanográfico de Santander del Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC) ha dado a conocer en la revista ICES Journal of Marine Science dos trabajos complementarios que “ponen de manifiesto una paradoja en la gestión pesquera europea”: las flotas con menor huella ecológica son las que soportan el mayor coste económico de las medidas de conservación.

El primero de estos estudios determina que las flotas españolas que emplean artes de pesca fijas, como el palangre de fondo y las redes de enmalle, son las que sufren un mayor perjuicio económico por los cierres de áreas marinas impuestos por la Unión Europea, a pesar de que su efecto físico sobre el lecho marino es más limitado que el de las artes móviles.

El impacto se concentra de forma muy acusada en un número reducido de localidades costeras. Más del 80% de las pérdidas totales calculadas recaerían en puertos gallegos, con Burela, Celeiro y Ribeira como principales damnificados, ya que entre los tres absorben más de la mitad de la caída de ingresos de toda la flota española debido a su fuerte dependencia del palangre. Además, el trabajo advierte de que algunos puertos más pequeños de la cornisa cantábrica, como Cudillero, podrían afrontar descensos de facturación muy severos, superiores al 40%.

El artículo analiza por primera vez las consecuencias espaciales y económicas por tipo de arte de pesca derivadas de los cierres aprobados por la Comisión Europea en aplicación del Reglamento de Ejecución (UE) 2022/1614. Estas restricciones, recurridas actualmente por los gobiernos de España e Irlanda ante el Tribunal de Justicia de la UE, clausuraron 87 zonas a la pesca de fondo entre los 400 y 800 metros de profundidad en el Atlántico Nordeste para salvaguardar los Ecosistemas Marinos Vulnerables (EMV), a las que se añaden ahora los nuevos escenarios de cierre planteados por el ICES en 2023.

Mediante el cruce de datos del sistema de localización de buques (VMS), diarios de pesca y registros de primera venta correspondientes al periodo 2016-2021, el equipo científico elaboró mapas de la distribución del esfuerzo pesquero y de los ingresos brutos (valor total de las capturas) de las principales flotas afectadas: arrastre de fondo, palangre y enmalle.

La literatura científica constata que las artes fijas generan una huella espacial y unas tasas de alteración del hábitat inferiores a las del arrastre de fondo. Sin embargo, el estudio pone de relieve que son precisamente estas artes fijas, y de manera especial el palangre de fondo, las que encaran una exposición económica más elevada ante los cierres.

En el conjunto del Atlántico Nordeste, las flotas que utilizan artes fijas se enfrentan a pérdidas relativas de ingresos de entre el 7% y el 9% en los escenarios más estrictos, y podrían ver cómo se les cierra hasta un 10% de sus caladeros principales, es decir, aquellas áreas donde concentran el 90% de sus beneficios brutos. En contraste, la flota de arrastre de fondo registra las menores pérdidas relativas, que se sitúan entre el 0,5% y el 4%.

El efecto económico se intensifica al centrar el foco en el mar Cantábrico y el noroeste de la Península. En esta región, los nuevos escenarios planteados suponen un aumento muy notable de la superficie vedada a la pesca, que puede rebasar el 300% respecto a la situación actual. Como consecuencia de esta ampliación y de la coincidencia entre las profundidades de actividad de la flota de palangre y las zonas de cierre, ubicadas sobre todo en los márgenes de la plataforma y el talud continental (400-800 metros), la flota de palangre de fondo podría llegar a perder hasta un 19% de sus ingresos totales, en torno a 7 u 8 millones de euros al año, una cuantía que casi duplica las pérdidas estimadas para el resto de artes.