El sector del ajo, cada vez menos competitivo, reclama blindar el cultivo frente a las importaciones

El sector del ajo denuncia pérdida de competitividad y reclama medidas urgentes para frenar las importaciones y proteger un cultivo clave para el medio rural.

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El sector del ajo, cada vez menos competitivo, reclama blindar el cultivo frente a las importaciones

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La Asociación Nacional de Comercializadores y Productores de Ajo (ANPCA), reunida en la localidad conquense de Las Pedroñeras, ha advertido de la delicada coyuntura que vive el cultivo y la comercialización del ajo español, subrayando la urgencia de que las administraciones públicas pongan en marcha medidas concretas y eficaces de cara a la próxima campaña.

Durante la asamblea se remarcó el papel estratégico del ajo español en el mercado europeo: España concentra más del 70% de la producción total de ajo de la Unión Europea, lo que la sitúa como principal productor y garante del suministro comunitario.

“Esta posición de liderazgo, lejos de ser una fortaleza consolidada, se encuentra hoy seriamente amenazada por una serie de factores estructurales que el sector viene denunciando desde hace años y que exigen una respuesta política a la altura del desafío”, alertan en nota de prensa.

Uno de los asuntos clave fue la caída continuada de los rendimientos por hectárea campaña tras campaña, especialmente en el ajo morado, la variedad más tradicional, de mayor calidad y con más valor añadido de las que se cultivan en España.

“Esta caída de productividad es consecuencia directa de la política fitosanitaria de la Unión Europea, que ha ido eliminando materias activas imprescindibles para el control eficaz de plagas y enfermedades que afectan al cultivo, especialmente en los meses de mayo, junio y julio”, explican.

Los productos fitosanitarios hoy autorizados resultan menos eficaces que los empleados en el pasado y, además, son mucho más caros, lo que ha disparado los costes de producción por hectárea. Al repartirse esos gastos crecientes sobre un número de kilos cada vez menor, el impacto económico para el agricultor se intensifica.

“Como consecuencia de esta situación --alertan desde ANPCA-- muchos agricultores han optado por sustituir el cultivo de ajo morado por variedades más tempranas, que permanecen menos tiempo en el campo, ofrecen algo más de rendimiento y se ven menos afectadas por las plagas y enfermedades de la segunda mitad de la primavera y el verano. Esta tendencia, sin embargo, supone un retroceso en la calidad y en el valor añadido del ajo español”.

Un arancel desfasado que deja al ajo sin defensa

La organización señala también que la pérdida de competitividad se ve reforzada por la “ineficacia” del arancel específico al ajo, fijado en 1.200 euro/tonelada y sin actualizar desde 2001.

El efecto acumulado de la inflación en la zona euro durante los últimos veinticinco años ha vaciado de contenido su función protectora: el precio de entrada del ajo chino y, sobre todo, del ajo egipcio —incluso aplicando el arancel de 1,20 euro/kg— se sitúa desde 2019 por debajo de los costes de producción de los agricultores europeos.

“Esta situación ha propiciado un aumento significativo de las importaciones procedentes de terceros países, principalmente China y Egipto, con productos de menor calidad y menores garantías de seguridad alimentaria, que están desplazando al ajo europeo en el mercado comunitario en las dos últimas campañas”, alertan.

Ante este escenario, el presidente de ANPCA, Juan Salvador Peregrín, ha apelado directamente a las autoridades nacionales y comunitarias para que adopten medidas firmes que permitan “salvaguardar un cultivo de enorme relevancia social y económica, tanto a escala nacional como europea”.

A su juicio, el sector no puede seguir soportando en solitario el coste de unas políticas que lo colocan en clara desventaja frente a países terceros que no cumplen las mismas exigencias medioambientales, fitosanitarias ni sociales.

Seguros agrarios desactualizados ante la realidad del campo

Por su parte, el vicepresidente de ANPCA, Antonio Escudero, se refirió a la línea 330 de Agroseguro, destinada específicamente al ajo, y advirtió de que no incorpora de forma adecuada los avances tecnológicos y productivos del sector, especialmente los vinculados a los modernos sistemas de recolección mecanizada.

Escudero avanzó que ANPCA presentará en breve ante Enesa y Agroseguro un estudio técnico y una propuesta formal para la actualización de esta línea, con el fin de ajustar la cobertura a la realidad actual del cultivo y garantizar una protección efectiva para los productores.

Un cultivo clave para la vida en el medio rural

Desde la Asociación Nacional de Comercializadores y Productores de Ajo recuerdan que hablar de ajo es hablar del “alma” de comarcas enteras donde este cultivo ha articulado durante generaciones la economía local, el empleo y la propia identidad del territorio.

“El ajo es un cultivo social en el más amplio sentido del término: su laboreo exige una mano de obra intensiva que genera miles de jornales en zonas rurales donde apenas existen alternativas de empleo”.

Cada campaña moviliza trabajadores locales, empresas de servicios, almacenes, transportistas y cooperativas que, en conjunto, sostienen un tejido económico que trasciende al propio campo.

“En un contexto de despoblación galopante, el ajo cumple además una función irreemplazable como cultivo fijador de población. Allí donde permanece una explotación ajera, permanece también una familia, una cuadrilla, un negocio, una escuela con niños y un pueblo con futuro”.

Por ello, insisten en que abandonar este cultivo “no es solo una decisión agronómica o económica: es condenar a la desaparición a comunidades que llevan décadas apostando por él como fuente de vida y de arraigo”.

En este sentido, la ANPCA reclama que el ajo sea reconocido por las instituciones como lo que realmente es: un cultivo “estratégico” para la sostenibilidad del medio rural español.