IAS-CSIC, Ifapa y UCO miden la biomasa y el carbono almacenado en olivos arbosana y picual

Un estudio del IAS-CSIC, Ifapa y UCO revela diferencias en biomasa y carbono entre olivos arbosana y picual y su papel frente al cambio climático.

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Un equipo del Instituto de Agricultura Sostenible del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (IAS-CSIC) en Córdoba, junto con el Ifapa Camino de Purchil, de Ronda (Málaga), y la Universidad de Córdoba (UCO), ha llevado a cabo un estudio en el que se han detectado diferencias en la generación de biomasa —residuos orgánicos procedentes de la actividad agraria— y en el almacenamiento de carbono entre dos variedades de olivo muy extendidas en la cuenca mediterránea: arbosana y picual.

"La cuantificación precisa de la biomasa y de la acumulación de carbono en el olivo es fundamental para optimizar el manejo agronómico y evaluar su papel en la mitigación del cambio climático", ha explicado en una nota la investigadora principal del estudio, Milagros Torrús Castillo, quien ha remarcado que "una comprensión integral de la acumulación y asignación de biomasa aérea y subterránea en cultivos leñosos es esencial para modelar su crecimiento, diseñar plantaciones más eficientes y seleccionar los genotipos más adecuados para condiciones ambientales cambiantes".

El olivo adquiere una importancia especial por su enorme implantación global, con cerca de 11,3 millones de hectáreas dedicadas a este cultivo. Aunque la mayor parte se sitúa en la cuenca mediterránea, los olivares están presentes en 60 países de cinco continentes y suponen casi el 15% de toda la superficie mundial ocupada por cultivos permanentes (FAO 2025).

El cambio climático, impulsado por el incremento del dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera, se prevé que reduzca el rendimiento agrícola debido al aumento de las temperaturas, las alteraciones en el régimen de precipitaciones y la mayor frecuencia de fenómenos extremos (IPCC 2019), con repercusiones ya visibles sobre la seguridad alimentaria.

Mejorar la productividad y la resiliencia del olivar

En este escenario, "los esfuerzos de investigación centrados en la sostenibilidad del cultivo del olivo y su adaptación al cambio climático deberían incluir, entre otras líneas de investigación, la identificación de cultivares de olivo mejor adaptados a la sequía y al aumento de las temperaturas, y la cuantificación fiable de la acumulación de biomasa y el almacenamiento de carbono orgánico en olivos de diversos cultivares", ha aseverado Torrús, quien ha resaltado que "esto podría contribuir a mejorar la productividad y la resiliencia de los sistemas de cultivo del olivo y a evaluar su potencial como sumideros de carbono".

El trabajo, firmado por especialistas del IAS-CSIC y publicado en Springer Nature, aplicó técnicas destructivas y no destructivas para estimar la biomasa aérea y radicular, así como el contenido de carbono, en olivos de 7,5 años de edad de las variedades arbosana y picual cultivados bajo condiciones mediterráneas. El diseño contempló la extracción completa de tres árboles por cada cultivar y la medición conjunta de la biomasa de la parte aérea y del sistema radicular, un tipo de información poco habitual en el caso del olivo.

Los resultados mostraron que el cultivar picual tendió a generar más biomasa (36,5 kilos por árbol de media) que arbosana (27,5 kilos por árbol), debido sobre todo a una mayor asignación al tronco y a las ramas secundarias, mientras que arbosana destinó una fracción relativamente mayor de biomasa al follaje. En ambas variedades, aproximadamente el 60% de las raíces se concentró en los primeros 25 centímetros de suelo y más del 55% se situó en el cepellón o masa principal de raíces.

En cuanto al secuestro de carbono, la concentración media ponderada alcanzó el 47% en la biomasa aérea y el 42% en las raíces. A nivel de plantación, el principal depósito de carbono orgánico fue el suelo, con unas 76 t C ha, frente a las 13-16 t C ha acumuladas en la biomasa de los árboles. La fijación anual de carbono en la biomasa del olivar se situó entre 1,68 t C ha año en arbosana y 2,16 t C ha año en picual, valores que encajan dentro de las tasas de captura de carbono descritas para otros agroecosistemas mediterráneos.

"El muestreo destructivo permitió captar mejor las diferencias entre cultivares en la asignación de biomasa y la acumulación de carbono, mientras que el método no destructivo resultó adecuado para su aplicación a gran escala", ha comentado la investigadora del IAS-CSIC, quien ha apuntado que "estos resultados respaldan la integración de la asignación de biomasa y la permanencia del carbono en la selección de cultivares y en las prácticas de manejo, con el fin de mejorar el secuestro de carbono y la sostenibilidad de los sistemas de olivar".

En cualquier caso, ha manfiestado que "estos resultados resaltan el doble papel de los olivares en el sostenimiento de la producción agrícola y la mitigación del cambio climático", al tiempo que ha indicado que "futuras investigaciones deberían explorar cómo integrar las características específicas de cada variedad en estrategias de manejo dirigidas para mejorar el secuestro de carbono en diversos sistemas de plantación".