El 13,3% de los hogares en España, lo que equivale a más de 6,2 millones de personas, experimenta inseguridad alimentaria. Lo que supone, según la definición de Naciones Unidas, “que carece de acceso regular a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para un crecimiento y desarrollo normales y para llevar una vida activa y saludable. Esto puede deberse a la falta de disponibilidad de alimentos y/o a la falta de recursos para obtenerlos”.
El dato, que forma parte del II Informe Ecosocial sobre la Calidad de Vida en España, elaborado por Fuhem, refleja las dificultades de acceso a una alimentación adecuada que afectan a una parte significativa de la población. La situación, comentan, se produce además en un contexto en el que al menos un tercio de la población española no sigue pautas alimentarias saludables, pese a la fuerte tradición cultural asociada a la dieta mediterránea.
El estudio analiza la relación entre el sistema alimentario, el modelo productivo agrario y las condiciones sociales que afectan al bienestar de la población e identifica a la juventud como el grupo social más vulnerable en relación con los problemas vinculados a la alimentación.
Crisis estructural del sistema agrario
Los autores señalas que el sistema agrario español atraviesa una crisis estructural marcada por la desaparición progresiva de explotaciones familiares en favor de empresas y sociedades. En las últimas tres décadas, agregan, el sector ha perdido casi el 50% de sus ocupados, mientras que el 40% de los titulares de explotaciones supera los 65 años, lo que evidencia un grave problema de relevo generacional.
Además, una minoría de empresas concentra el 42% del valor de la producción agraria y recibe el 37,43% de las ayudas de la Política Agraria Común (PAC). Al mismo tiempo, los costes intermedios absorben casi la mitad de los ingresos agrarios, lo que dificulta la viabilidad de muchas explotaciones, explican los expertos de Fuhem.
Impacto ambiental y en la salud pública del modelo productivo
El informe también advierte de los impactos ambientales asociados al actual modelo agrario. Entre ellos, destacan “la sobreexplotación de acuíferos, la degradación del suelo y la contaminación por pesticidas y fertilizantes”. A lo que suman “la externalización de impactos ambientales hacia otros países para importar piensos, lo que implica procesos de deforestación y un consumo elevado de recursos hídricos”.
En el estudio se estima que “el sector agrario consume hasta el 80% del agua extraída y genera el 12% de las emisiones nacionales de gases de efecto invernadero (GEI). Además, más de la mitad de las emisiones asociadas al consumo alimentario español se producen en terceros países”.
Por añadidura, “las importaciones netas de tierra cultivada superan los 6 millones de hectáreas, mientras que un tercio del agua de riego consumida procede de importaciones de origen insostenible”, subrayan.
El análisis también recoge el impacto del sistema alimentario en la salud pública. En los alimentos vendidos en España se han detectado más de 100 pesticidas, de los cuales 59 son disruptores hormonales y 32 son pesticidas no autorizados en la Unión Europea.
Además, el 30% de las estaciones de control de aguas superficiales supera los límites legales de pesticidas, mientras que los límites máximos de residuos (LMR) no contemplan el posible efecto combinado entre distintos residuos.
Desigualdades sociales y alimentación
En paralelo, España se sitúa como el tercer país europeo con mayor prevalencia de sobrepeso y el cuarto en obesidad. En el caso de la población infantil, la tasa de obesidad alcanza el 29%, lo que supone el doble de la media europea.
El informe de Fuhem subraya que las desigualdades sociales influyen en los hábitos alimentarios. A pesar de que existe una base cultural favorable a la dieta mediterránea, al menos un tercio de la población española no sigue pautas alimentarias saludables.
Asimismo, persiste una desigualdad de género significativa en las tareas relacionadas con la alimentación, como la compra y la preparación de comida, aunque se observan ligeros avances en corresponsabilidad.