El grupo de Hidrología e Hidráulica Agrícola de la Universidad de Córdoba (UCO) ha dado a conocer un mapa de las cárcavas presentes en el olivar andaluz, elaborado a partir de un nuevo modelo capaz de anticipar con mayor precisión dónde aparecerán y cuál es su grado de actividad. Aplicado en olivares de la cuenca del Guadalquivir, este modelo ofrece una imagen detallada del estado actual de la erosión por cárcavas en la zona y las ordena en función de su dinámica: estable, de reciente formación y activa.
Según ha informado la UCO en un comunicado, la erosión por cárcavas constituye una seria amenaza para las cuencas mediterráneas. Las profundas zanjas que se abren paso entre los olivares andaluces, con un aspecto similar al del Gran Cañón del Colorado, generan pérdidas económicas para el sector y ponen en riesgo la seguridad alimentaria. A ello se suma que el suelo arrastrado por episodios de lluvia intensa asociados a borrascas como Leonardo y Marta termina depositándose en los embalses, mermando su capacidad de almacenamiento.
Frente a este escenario, disponer de una cartografía precisa de los puntos críticos donde pueden originarse cárcavas y conocer el comportamiento de las ya formadas resulta clave para diseñar actuaciones que prevengan o reduzcan los daños. Hasta ahora, la información espacial detallada sobre la localización de estas formas de erosión a escala regional era muy limitada, motivo por el que el grupo de Hidrología e Hidráulica Agrícola de la UCO ha desarrollado este nuevo mapa específico para el olivar andaluz.
“Hemos superado las limitaciones generando un modelo a nivel regional que introduce más variables relacionadas con esos procesos como, por ejemplo, el contenido de arcilla, la pendiente o la precipitación”, ha explicado Paula González, autora del trabajo junto a los investigadores Adolfo Peña y Tom Vanwalleghem. “Además, no solo se han identificado las zonas donde comienza este tipo de erosión sino también la actividad de las cárcavas, dividiéndolas en tres categorías: estables, de reciente formación y activas”, ha detallado la investigadora.
El estudio incorpora también una dimensión temporal. En lugar de basarse únicamente en mediciones tomadas en un momento concreto, se han analizado ortofotos (imágenes aéreas) correspondientes a una serie temporal entre 2008 y 2019 en cuatro áreas de estudio de 25 km2 situadas en la cuenca del Guadalquivir. “Esto permite analizar si se mueve o no la cabecera de la cárcava y certificar el tipo de actividad que tiene”. Al aplicar este modelo sobre dicha serie temporal se localizaron 475 cabeceras de cárcavas, clasificadas según su actividad en 261 activas, 76 de reciente formación y 138 estables.
“Tuvimos en cuenta también los cuatro tipos de paisajes principales en olivar: campiñas alomadas, pie de monte, serranía y valle. Los olivares de campiña fue donde más densidad y actividad de cárcavas se encontró”, ha señalado Adolfo Peña.
La investigación utiliza como base el Índice de Iniciación de Cárcavas (GHI), desarrollado por la Universidad de Leuven (Bélgica) en 2025 y aplicado hasta la fecha únicamente en Etiopía. El equipo de la Universidad de Córdoba emplea por primera vez este índice en olivares andaluces, integrando factores como la pendiente, el área de drenaje, la precipitación, el tipo de suelo y el contenido de arcilla para anticipar la formación de cabeceras de cárcavas, y constata un notable poder predictivo.
El grado de acierto del modelo, medido como área bajo la curva, alcanzó un valor de 0,93 al distinguir zonas con cárcavas de aquellas sin presencia de estas formas de erosión. Dado que cuanto más se aproxima a 1 mayor es la precisión, este resultado sitúa al modelo como una herramienta muy prometedora para la gestión y prevención de la erosión en los suelos del olivar andaluz, mejorando claramente al índice utilizado con anterioridad (umbral topográfico), que sólo permitía identificar cárcavas a escala local y con un acierto de 0,64.