Mujeres marroquíes recolectando fresa y frutos rojos en Huelva; hombres latinoamericanos en invernaderos murcianos y marroquíes en almerienses; subsaharianos que recorren España comenzando con la recogida de albaricoques y cerezas y continuando con las campañas de melocotón, nectarina, paraguayo, pera y manzana, estás últimas, ya solapadas con la vendimia. ¿Qué manos trabajan y recogen los productos frescos que se consumen en casa?
Según el presidente de ASAJA Cataluña y responsable de Campañas Agrarias en la misma organización nacional, Pere Roque, “la campaña de contratación de mano de obra más importante en España es la de Huelva con la fresa y los frutos rojos”, donde se precisa de 80.000 personas durante entre los meses de noviembre a mayo. Posteriormente, para la recolección de la fruta de verano del Valle del Ebro (Aragón y Cataluña) concentran la contratación de alrededor de 40.000 temporeros.
En este sentido, Roque entiende que “de cara a la recogida de la fruta, a partir de junio, sí que será posible contratar a inmigrantes que ya hayan solicitado la regularización” y por ello subraya que los empresarios agrarios podrán respirar más tranquilos respecto a encontrar la mano de obra disponible y en regla.
Desde la organización agraria COAG, el responsable de Relaciones Laborales, Andrés Góngora, considera que el proceso de regularización de inmigrantes “es una oportunidad para resolver los problemas de mano de obra que en ocasiones tiene este sector y que ha llevado incluso a dejar campañas sin poder ser recolectadas. Por eso pedimos a la Administración que agilice al máximo este proceso que va a regularizar a miles de personas”.
Imprescindibles para el campo
Góngora explica que en las últimas décadas, los flujos de inmigrantes en el campo han sido varios y diversos. Hace más de 25 años llegaron marroquíes y argelinos; cuando Europa se abrió a los países del Este, vinieron rumanos, polacos y búlgaros; la mano de obra también llegó de otros países de Latinoamérica, con argentinos, peruanos y ecuatorianos; y en la última década la procedencia más común de inmigrantes es de países subsaharianos, como Mali, Senegal o Mauritania, etc.
Según datos del Sistema Especial Agrario de la Seguridad Social, más del 35% de los asalariados inscritos son extranjeros, por lo que el potente sector agrario español (el cuarto de la Unión Europea), no podría mantenerse sin la mano de obra inmigrante.
El documento "Diagnóstico de la mano de obra agraria con perspectiva de género" realizado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación el año pasado, afirma que el sector agrario es el ámbito productivo que ocupa una mayor proporción de personas extranjeras en España.
En dicho informe se afirma que (sin contar con el subsector de la pesca) la población ocupada en el campo que posee doble nacionalidad o nacionalidad extranjeras supone el 27,5% del total, siendo el 96% asalariados.
¿Y qué pasa con el 4% restante?
Inmigrantes que son agricultores
Algunos de los inmigrantes que hace años comenzaron a trabajar como asalariados en explotaciones agrarias, son los que se ponen al frente de la finca cuando el titular se jubila y no encuentra relevo generacional que le sustituya.
Así lo cuenta Andrés Góngora, quien conoce ejemplos, sobre todo, en explotaciones de frutas y hortalizas, donde se puede encontrar hasta tres tipos de incorporaciones. Por una parte, que el trabajador inmigrante decida arrendar la explotación agraria al titular que se jubila para seguir trabajando; por otra, el inmigrante deja de ser un asalariado y entra a formar parte de una sociedad con el dueño de la explotación, de manera que uno pone la tierra y los insumos y otro la mano de obra en la explotación agraria, “esto se conoce como medianería”, apostilla Góngora. Y en tercer lugar, hay hijos de inmigrantes (que al haber nacido en España, son españoles), cuyos padres han trabajando como asalariados en el campo, que conocen el sector y se incorporan alquilando fincas para trabajarlas.
El relevo generacional es un reto que el campo, tanto español como europeo, no ha conseguido resolver en las últimas décadas. Reto que en los últimos años todavía se ha complicado más, ya que a la falta de mano de obra en el campo, ya hay que sumar la escasez de trabajadores para otros sectores que pueden resultar más atractivos, como el transporte, la hostelería o incluso la sanidad y el cuidado de mayores. Y es en muchos de estos ámbitos laborales donde los trabajadores inmigrantes podrán encontrar un puesto de trabajo.