El Centro Riojano de Madrid ha acogido la presentación oficial de la firma de aceite Práxedes, con sede en Navahermosa (Toledo), que se ha dado a conocer arropada por un embajador de lujo: el chef Martín Berasategui. Tras catar el zumo de sus olivas, el cocinero decidió vincular su nombre al de esta almazara toledana.
Berasategui explicó que descubrió el oro líquido de Navahermosa gracias a Óscar, un toledano que forma parte de su equipo en uno de los restaurantes estrellados que llevan su firma repartidos por España, en concreto en el restaurante Lasarte.
Según detalla a Europa Press, Óscar, que lleva muchos años a su lado, llevaba tiempo insistiendo en las virtudes del aceite de Práxedes.
“Fue hace un año cuando la familia me trajo un oro líquido que me dejó boquiabierto. Trajo su cornicabra, su picual, su arbequina... todo me pareció increíble”, afirma.
En esa primera toma de contacto se produjo el flechazo. “Ellos se enamoraron de lo mío y yo me enamoré de ellos, y me trajeron un proyecto al que no se le puede decir que no”. A juicio del chef, “estos aceites de oliva virgen extra son una maravilla”. “Son una parte importante de los aplausos que me han dado este último año”.
La historia compartida de dos proyectos familiares
El logotipo que luce en las botellas de Práxedes se diseñó a partir de unas letras rescatadas de un antiguo manuscrito del abuelo Alejandro, un guiño familiar que ha contribuido a reforzar la identidad de la marca.
Ese detalle conectó de inmediato con la trayectoria personal de Martín Berasategui, que vivió algo parecido al recuperar la caligrafía de su padre, fallecido en un accidente de moto antes de ver el éxito profesional de su hijo entre fogones.
El cocinero decidió entonces convertir la firma de su padre en su seña de identidad, la que aparece en su chaquetilla y en el rótulo del primer restaurante que abrió, un gesto que mantuvo en secreto hasta hace apenas dos años.
“Me da un garrote terrible, me da energía, me da actitud y una perseverancia que me hace estar donde estoy. Yo y mis equipazos me hacen grande a mí y a mi familia”.
Dos siglos de tradición olivarera
Por su parte, Mar Guerrero repasa el origen de Práxedes, “que no nace ni hace un año, ni hace dos, sino hace doscientos”, como fruto de una larga herencia familiar ligada al olivar.
El proyecto actual de Práxedes echó a andar hace un año tomando la variedad cornicabra como eje principal, con la idea de “hacer hincapié en enseñar al mundo” que el aceite de Navahermosa puede situarse en la élite.
“Práxedes es un sastre que hace el aceite a medida. Es un aceite premium y el mejor paladar del mundo lo ha elegido como su aceite”.
Guerrero reivindica así la excelencia de la comarca de los Montes de Toledo. “La gente no sabe que el mejor aceite del mundo está en nuestra zona, y de la mano de Martín Berasategui ahora podemos darle valor y que la gente entienda que la cornicabra es insuperable”, ha rematado.
El alma de los Montes de Toledo en cada botella
Práxedes nació en Navahermosa, en pleno corazón de los Montes de Toledo, como una marca familiar que basa su filosofía en la autenticidad, la fuerza de la tierra y el respeto absoluto al origen.
“Nuestro aceite es más que un producto: es una historia de tradición, esfuerzo y compromiso con la calidad. Cada gota refleja la pasión con la que cultivamos, recogemos y elaboramos nuestro oro líquido”, asegura la marca.
La empresa trabaja con almazara propia y controla todo el recorrido, desde el olivo hasta el embotellado, priorizando la extracción en frío mediante métodos artesanales y “sin prisas”.
“El alma de nuestro aceite nace en el corazón de los Montes de Toledo. Una tierra con historia, clima extremo y suelos volcánicos. Esta zona es única por su altitud, su mineralidad, y por ese carácter duro que forja productos auténticos”, explica la marca, que destaca cómo han ido aprendiendo “generación tras generación” a mimar el árbol, respetar sus tiempos y recolectar la aceituna en el punto óptimo.