La consultora Roland Berger advierte de que la guerra de Irán y un posible cierre del Estrecho de Ormuz podrían desencadenar en el sector agroalimentario europeo una crisis de fertilizantes incluso más severa que la vivida en 2021-2022, tras la pandemia y el estallido del conflicto en Ucrania.
Según su análisis, la interrupción de las exportaciones de fertilizantes a través de este paso estratégico, por el que circula cerca de un tercio de la urea mundial y el 45% del azufre global, provocaría un fuerte aumento de los costes a lo largo de toda la cadena agroalimentaria, desde la producción en el campo hasta los lineales del supermercado.
El informe, elaborado con datos de CRU y Kpler, indica que los envíos diarios de fertilizantes por Ormuz han pasado en cuestión de semanas de 100-200 unidades a prácticamente cero, lo que supone un colapso del flujo habitual.
Esta limitación física de materias primas esenciales se suma a unos precios que aún no habían regresado a los niveles previos al Covid, tras una crisis en la que la urea llegó a triplicarse, el MWh eléctrico se encareció por 12 y el transporte marítimo de contenedores aumentó en torno a un 80%.
En España, el mercado de agroinsumos, estimado en unos 5.600 millones de euros a precios de agricultor, tiene como área más vulnerable la nutrición vegetal (fertilizantes convencionales), que supone aproximadamente la mitad del negocio total.
Roland Berger calcula que, si la interrupción del tránsito por Ormuz fuese breve (entre 1 y 3 meses), el precio de los fertilizantes podría repuntar entre un 30% y un 50%. En cambio, un bloqueo prolongado, superior a seis meses, podría llevar los incrementos a una horquilla del 150% al 200%, superando los máximos de la crisis anterior.
Impacto directo en los precios de los alimentos
El encarecimiento de los fertilizantes se trasladaría al consumidor final con distinta intensidad en función del tipo de cultivo. En los productos de invernadero más intensivos en insumos, como tomate, pimiento o pepino, las subidas podrían situarse entre el 15% y el 25%, mientras que en las hortalizas de hoja el aumento se movería entre el 12% y el 20%.
El estudio también anticipa efectos, aunque algo más moderados, en categorías como el aceite de oliva, las frutas frescas o los cereales. En estos casos, los reducidos márgenes de los agricultores harán que el incremento de costes se traslade casi por completo al precio que paga el consumidor.
La firma remarca que el impacto será “especialmente severo” para los agricultores individuales y las pequeñas explotaciones, que ya operan con márgenes muy ajustados.
Durante la crisis anterior, muchos productores optaron por reducir el uso de insumos para contener gastos, una reacción que la consultora considera probable de repetirse, con el consiguiente riesgo de abandono de explotaciones agrarias.
Consolidación y auge de soluciones biológicas
En paralelo, el mercado español de distribución de agroinsumos, muy atomizado con más de 700 operadores, podría acelerar su proceso de concentración. Este escenario favorecería a los grandes distribuidores con mayor capacidad financiera para acumular inventario, frente a los pequeños actores, más vulnerables a la presión sobre los márgenes y a los impagos.
En este contexto, Roland Berger identifica a las soluciones biológicas -bioestimulantes, fertilizantes orgánicos y productos de biocontrol- como las grandes beneficiadas potenciales.
Su menor dependencia de materias primas importadas, la menor intensidad energética y unos márgenes más elevados las convierten en una opción más resiliente y atractiva para fabricantes y distribuidores. La consultora considera que la crisis podría adelantar entre dos y tres años su adopción, sobre todo en cultivos de alto valor.
El 'senior partner' de Roland Berger en Iberia y responsable del área de Agroindustria, Bienes de Consumo y Retail, Fernando López de los Mozos, destaca que esta coyuntura puede servir de catalizador para una transición hacia modelos agrícolas menos dependientes de los fertilizantes convencionales.
A su entender, cada nueva crisis geopolítica que sacude la cadena de suministro de fertilizantes sintéticos refuerza la apuesta por sistemas más resilientes, con cadenas de suministro más cortas y un mayor peso de la innovación biológica, y la presión de costes puede hacer que esta transformación sea, esta vez, irreversible.